«Svalbard, el territorio donde no se puede nacer ni morir», llena la Casa del Fester de Benidorm

La periodista Raquel López desvela en una conferencia de El Faro de Alejandría los secretos del remoto archipiélago ártico, desde cómo es la vida allí, así como expediciones fallidas al Polo y su importancia estratégica mundial

La Casa del Fester se quedó pequeña ayer para acoger la conferencia «Svalbard, donde no se puede nacer o morir y el fin del mundo está preparado», organizada por El Faro de Alejandría y protagonizada por la periodista Raquel López. El público pudo conocer de cerca uno de los territorios más extremos y singulares del planeta, un archipiélago noruego situado en pleno Ártico en el que viven poco más de 2.000 personas en su principal localidad, Longyearbyen.

Durante su intervención, López desgranó las peculiaridades de una sociedad marcada por el frío extremo, el aislamiento y un entorno natural que obliga a sus habitantes a convivir con unas normas muy particulares. Una de las más conocidas es la prohibición de los enterramientos convencionales, relacionada con el permafrost, que mantiene los cuerpos congelados durante décadas. La periodista explicó cómo esta circunstancia está detrás de la popular expresión de que en Svalbard «no se puede morir».

Pero tampoco resulta sencillo quedarse a vivir allí. La falta de vivienda y de un sistema convencional de ayudas sociales obliga a quienes residen en el archipiélago a ser autosuficientes económicamente. La naturaleza también impone sus condiciones: fuera de las zonas habitadas existe riesgo de encontrarse con osos polares y es necesario contar con equipamiento específico como armas para garantizar la propia seguridad.

La conferencia permitió además viajar por la historia de un territorio que ha atraído durante siglos a exploradores, aventureros y buscadores de riquezas. López recuperó algunos de los intentos más insólitos de alcanzar el Polo Norte desde Svalbard, entre ellos las expediciones en globo y dirigible y una peculiar aventura española que pretendió llegar al Polo utilizando motocicletas.

Otro de los capítulos destacados fue el de Pyramiden, el antiguo asentamiento minero soviético abandonado tras la caída de la Unión Soviética. Sus edificios, instalaciones deportivas, escuela y objetos cotidianos permanecen prácticamente intactos y han convertido el lugar en una singular cápsula del tiempo en medio del Ártico. La presencia rusa se mantiene actualmente en Barentsburg, donde continúa viviendo una importante comunidad.

Svalbard es también un territorio de enorme interés científico. En Longyearbyen se encuentra el Centro Universitario de Svalbard, dedicado a la investigación de las ciencias árticas, mientras que en el interior de una montaña próxima a la localidad se encuentra la conocida Bóveda Global de Semillas, que conserva más de un millón de muestras destinadas a preservar la biodiversidad agrícola del planeta.

La periodista puso también el foco en la cara menos conocida del archipiélago: su importancia estratégica. Svalbard alberga SvalSat, una de las principales estaciones terrestres para la recepción de datos de satélites en órbita polar, y se encuentra en un escenario cada vez más relevante por la creciente pugna geopolítica en el Ártico entre Rusia, Estados Unidos, China y los países europeos.

Así, lo que comenzó como un viaje a un remoto territorio helado terminó mostrando al público que Svalbard es mucho más que un lugar situado «en el fin del mundo»: es un enclave donde confluyen historia, exploración, ciencia, cambio climático, tecnología y geopolítica.

La elevada asistencia registrada en la Casa del Fester puso de manifiesto el interés por una conferencia que acercó a los vecinos de Benidorm, de la mano de Raquel López y El Faro de Alejandría, a uno de los rincones más fascinantes y desconocidos del planeta.

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