
La estabilidad institucional de España está bajo una constante prueba de resistencia ante los ataques autoritarios de Sánchez y su falta de sentido democrático. Una de las estrategias más alarmantes, y que menos se analiza, es el uso político de la figura del Rey Felipe VI. Se le pone deliberadamente por parte del Gobierno en encrucijadas institucionales para desgastar su imagen pública y, por extensión, el propio sistema democrático.
La trampa constitucional: el ejemplo de Ceuta
El mecanismo de esta estrategia es tan sutil como perverso. Un ejemplo claro se observa en decisiones de alta carga simbólica y geopolítica, como una visita real a Ceuta o Melilla. El funcionamiento de este engranaje político es milimétrico:
La limitación constitucional: La Constitución Española establece que los actos del Rey deben estar refrendados por el Gobierno. El monarca no puede decidir por cuenta propia viajar a Ceuta si el Ejecutivo no lo agenda. El Rey, en su impecable respeto a la legalidad, jamás se saltará la Constitución.
El silencio expuesto: Al no promoverse el viaje desde el Gobierno, el Rey queda atrapado «entre la espada y la pared». No puede actuar por libre, ni tan siquiera promover un viaje privado por las consecuencias del mismo y la utilización que haría el gobierno de ello, y tampoco puede salir públicamente a explicar que la responsabilidad es del diseño de la agenda gubernamental.
La manipulación del malestar: Ante la ausencia de la visita, una parte del pueblo —comprensiblemente frustrada por la situación— empieza a reclamar al Rey una acción que legalmente no puede realizar y que sería la excusa perfecta del Gobierno para atacar aún más a la Corona y, por ende, a la democracia.
El resultado es inmediato: se desvía la presión política del Gobierno, que ha impulso esta crisis por su inacción y que la está utilizando para generar violencia, y se traslada el desgaste directamente a la Jefatura del Estado. Se empuja a la ciudadanía a juzgar al Rey por lo que no hace, ocultando que no le permiten hacerlo. El pueblo, cabreado, no se detiene a analizar esta manipulación.
Atacar a la Corona es atacar a la Democracia
Es fundamental que analicemos el trasfondo con la cabeza fría. La figura del Rey no es solo un símbolo; es el árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones españolas.
Enfrentar al pueblo con el Rey mediante estas encerronas institucionales por parte de Sánchez, busca debilitar el último dique de contención constitucional que garantiza la unidad y la propia existencia de España y su democracia.
En el marco de nuestra Constitución, la Monarquía Parlamentaria es el pilar del sistema. Ir contra el Rey es, de forma directa, ir contra la democracia que él mismo juró y defiende cada día.
No caigamos en la trampa del enfado superficial. Cuando veas al Rey en una situación donde parece no moverse, pregúntate primero: ¿quién sostiene los hilos que le impiden dar el paso?
Defender la Corona hoy es defender nuestra propia libertad y el Estado de Derecho.
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Fuente: Monarquía Española