Escrito por Reyes Caballero.- ¡Bonita anécdota! Conocí a Lone Fleming de una forma muy especial. Fue durante la grabación del programa First Dates Café, emitido por Cuatro. En aquel espacio, presentado por Jesús Vázquez, la actriz Lone Fleming y yo compartimos una emotiva cita de amistad. Aquella conversación fue el comienzo de una relación muy especial entre nosotras.

Con el paso del tiempo, y tras el fallecimiento de su marido, el director Eugenio Martín, Lone decidió trasladarse a vivir a Alicante, la ciudad donde yo resido. La cercanía hizo que aquella amistad nacida ante las cámaras creciera de manera natural. Desde entonces hemos compartido innumerables conversaciones, proyectos, confidencias y una profunda complicidad, hasta convertirnos en amigas.
“Lo que comenzó como un encuentro televisivo terminó convirtiéndose en una amistad sincera, de esas que la vida regala cuando menos lo esperas.”
Lone Fleming pertenece a esa generación de actrices que ayudaron a construir el imaginario del cine fantástico europeo cuando el género comenzaba a abrirse paso con identidad propia. Su presencia en algunas de las películas más emblemáticas del fantaterror español la convirtió en un rostro inolvidable para varias generaciones de espectadores.
Lejos del estereotipo de la “reina del grito”, su trayectoria demuestra una actriz capaz de dotar de sensibilidad, elegancia y fuerza a personajes que han sobrevivido al paso del tiempo y que hoy continúan siendo objeto de estudio, restauraciones y retrospectivas internacionales.
Conversamos con ella sobre sus raíces, amigos y una carrera marcada por el trabajo junto a directores fundamentales, el recuerdo de aquellos rodajes, la evolución del cine de terror y la huella que deja una vida dedicada al arte de interpretar.
«El terror nunca ha sido oscuridad; ha sido una forma de contar la condición humana»
A lo largo de su trayectoria cinematográfica, Lone Fleming trabajó con algunos de los directores más representativos del cine español y europeo de los años setenta. Inició su carrera bajo la dirección de Javier Aguirre en Pierna creciente, falda menguante (1970), y poco después participó en ¡Vente a Alemania, Pepe! de Pedro Lazaga. En La última señora Anderson (1971), dirigida por Eugenio Martín, conoció al cineasta con quien años más tarde contraería matrimonio. Su consagración llegó de la mano de Amando de Ossorio, quien la convirtió en uno de los rostros más emblemáticos del fantaterror con La noche del terror ciego (1972) y El ataque de los muertos sin ojos (1973). con José Luis Merino en La rebelión de las muertas (1973), con Juan Bosch en Una libélula para cada muerto (1975) la Venus Negra (1976) de Ediardo Fajardo, años más tarde, volvió a la gran pantalla de la mano de Víctor Matellano, participando en Wax (2014) y en el documental Zarpazos! Un viaje por el Spanish Horror, consolidando su reconocimiento como una de las grandes figuras del cine fantástico español.

En los últimos años, lejos de retirarse, ha mantenido una intensa actividad colaborando con una nueva generación de realizadores, entre ellos Víctor Matellano, Víctor Olid, Ángel Gómez Hernández, Miguel Ángel Font Bisier, Néstor Taboada, Frank Ariza, participando en largometrajes, cortometrajes y proyectos experimentales que demuestran su firme compromiso con el cine independiente y con el apoyo a las nuevas generaciones de cineastas.
Conversaciones con Lone Fleming
Tu padre era militar, cuenta cosas de tu Famila.
Nací justo después de la guerra, en una familia muy particular. Mi padre era capitán y uno de los mejores jinetes de Dinamarca. Había competido en Londres en 1948, y mi hermana y yo crecimos entre caballos. Con apenas cuatro años ya montábamos a pelo.
Mi padre era un hombre muy estricto, poco dado al cariño. No recuerdo un abrazo suyo. Quizá eso me hizo más fuerte, o más dura. En cambio, mi madre era todo lo contrario. Era maravillosa, divertida, un poco loca, como yo. Éramos amigas. Nos lo contábamos todo y disfrutábamos muchísimo juntas.
Cuando yo tenía nueve años, mis padres se divorciaron. Nos quedamos con mi madre, las tres hermanas, y lo que más me dolió fue perder los caballos. Sentí que una parte de mi vida desaparecía.
Con el tiempo llegué a hablar danés, inglés, francés y alemán. Y desde que llegué a España, con diecisiete años, también hice del español mi lengua. Montaba a caballo con una soltura increíble: hacía acrobacias, me subía al caballo al galope y mi hermana y yo incluso ofrecíamos pequeños espectáculos ecuestres en Dinamarca.
Y, sin embargo, hay algo que nunca he entendido. Participé en cuatro o cinco wésterns, y jamás me dieron la oportunidad de montar a caballo delante de la cámara. Es una espina que todavía llevo dentro. Porque era una habilidad real, una parte de mí, y nunca pude mostrarla
Lone, después de tantos años de amistad, siempre me ha intrigado una cosa. ¿Quién era aquella joven que soñaba antes de que el cine llamara a su puerta?
“De pequeña tenía dos sueños muy claros. Quería ser enfermera y quería ser actriz. El cine me enamoró con apenas seis años; entré en una sala y sentí que aquel era un mundo al que, de una forma u otra, pertenecía.
No pude estudiar Enfermería porque las matemáticas fueron un obstáculo. Hoy sé que era consecuencia de mi dislexia, pero entonces nadie hablaba de eso. En aquel momento pensé que ese sueño se había terminado.
Pero la vida siempre abre otras puertas. Descubrí que tenía una memoria extraordinaria y entendí algo que me ha acompañado siempre: todo lo que eres capaz de aprender de memoria acaba siendo un patrimonio que nadie puede quitarte. Esa memoria me ayudó a superar muchas dificultades y, con el tiempo, me condujo al lugar donde realmente tenía que estar: el cine.”

Hay una pregunta que me he hecho toda la vida, y creo que muy poca gente se la hace de verdad: ¿para qué estoy aquí? Le he dado muchas vueltas, pero siempre llego al mismo lugar. Estoy aquí para hacer felices a los demás, si puedo.
Por eso, de pequeña, quería ser enfermera. Pensaba que podía aliviar el dolor y hacer un poco más felices a los pacientes. Y también quería ser actriz, porque intuía que una película podía emocionar, hacer reír, acompañar a alguien en un momento difícil.
Con los años entendí que, en el fondo, aquellos dos sueños nacían del mismo sitio. Los dos consistían en lo mismo: intentar mejorar, aunque fuera un poquito, la vida de los demás.
Cuando miras hacia atrás, ¿qué recuerdos te arrancan una sonrisa de aquellos primeros años delante de una cámara?
Yo era muy dada a buscar soluciones. Recuerdo una anécdota de “La noche del terror ciego” que todavía me hace sonreír. Había una escena de una violacion en un cementerio, en la que el personaje de Pepe tenía que arrancarme las bragas. Amando de Ossorio el director, me dijo: ‘Lone, hay que verlo, si no, la escena pierde fuerza’. Y yo le respondí: ‘No, eso no lo voy a hacer’.
Entonces me dijo: ‘Vete a tomar un vino, fuma un cigarrillo y piensa cómo podemos resolverlo’. Me fui, le di unas vueltas y regresé con la solución. Le dije: ‘Manda a alguien al pueblo a comprar dos pares de bragas: unas blancas y otras color carne. Pepe me quitará las blancas y debajo llevaré las de color carne. El efecto será el mismo y yo me sentiré cómoda’.
A Amando le encantó la idea. Nos echamos todo el equipo a reír y así rodamos la escena.
En esa misma película había otra secuencia en la que tenía que caer por un terraplén bastante alto. Amando me ofreció un doble, pero le dije: ‘No hace falta, lo hago yo’. Había aprendido a caer montando a caballo desde niña y sabía cómo hacerlo sin hacerme daño. Solo le pedí una cosa: ‘Una única toma. Lo voy a hacer bien. Y, aunque parezca que me he hecho daño, no cortes la cámara’.
Hice la caída, llegué al suelo y, cortaron creyendo me había lastimado, todo el equipo salió corriendo pensando que me había lesionado gravemente. Miré a Amando y le dije riéndome: ‘¿Ves? Te dije que con una sola toma bastaba’. Él se echó a reír, me pidió disculpas… y, al cabo de un momento, me preguntó: ‘¿Puedes repetirla?’. Y yo le contesté: ‘Vale’.
Hay películas que pasan y otras que se convierten en eternas. ¿Cómo se vive sabiendo que formas parte de la historia del cine fantástico?
Es curioso, porque nunca me ha gustado ver películas de terror. No disfruto como espectadora. Sin embargo, cuando rodé La noche del terror ciego, descubrí lo apasionante que era hacerlas.
En una película de terror pasan muchas cosas: hay tensión, miedo, sangre, efectos especiales… Como actriz tienes que recorrer un abanico enorme de emociones. Eso me fascinó. Así que, aunque no me gusta ver cine de terror, me encanta interpretarlo.”
“Cuando hice aquella película jamás imaginé que, tantos años después, seguiría formando parte de la historia del cine fantástico. Nunca pensé que llegaría el reconocimiento que tengo hoy, y eso me llena de orgullo y de gratitud.”

“Creo que una de las razones por las que sigo recibiendo tanto cariño es porque intento cuidar a mis seguidores. Para mí no son un número. Hay cientos que me escriben y, aunque tarde, procuro contestarles a todos. Con algunos, incluso, la relación ha ido mucho más allá: han terminado siendo amigos. Vienen a visitarme, comemos juntos y saben que mi casa siempre tiene la puerta abierta para ellos. Ese vínculo es uno de los regalos más bonitos que me ha dado el cine.
Siempre has transmitido una enorme elegancia y serenidad. ¿De dónde nace esa forma tan tuya de afrontar la vida?
Creo que gran parte de mi carácter viene de mi padre. Como he dicho antes, era un hombre muy poco cariñoso. No recuerdo un abrazo suyo. Aquella falta de afecto me marcó, pero, en mi caso, también me hizo más fuerte. Aprendí muy pronto a sostenerme por mí misma y a seguir adelante.
Con los años comprendí que cada dificultad me enseñaba algo. Fui creciendo paso a paso, escalón a escalón, y creo que de ahí nace también la paz que siento hoy.
Siempre me ha gustado estudiar, escuchar y, sobre todo, observar. Observo muchísimo. A veces miro a la gente y pienso que vivimos demasiado pendientes del teléfono y nos perdemos lo que ocurre a nuestro alrededor. Yo sigo mirando. Miro a las personas, sus gestos, sus silencios… porque ahí se aprende mucho.
Esa capacidad de observación me ha ayudado a comprender mejor a los demás. Y, junto a ella, hay otra cosa que siempre ha guiado mi vida: la intuición. Tengo una intuición muy fuerte y, muchas veces, tomo decisiones escuchándola. Rara vez me ha fallado.
No solo observo a las personas. Observo los árboles, las flores, las estaciones, el cielo… y la naturaleza en general. Nunca me canso de mirarla, porque siempre está cambiando y siempre tiene algo que enseñarte.
El mar también forma parte de mí, aunque curiosamente hoy tenga menos presencia en mi vida. Quizá porque nací en Dinamarca y crecí rodeada de él. Para mí era algo cotidiano. Incluso de bebés, mi madre nos metía en agua helada. Era una tradición; decía que nos haría más fuertes.

Ahora vivo en Alicante, con el castillo de Santa Bárbara frente a mi terraza. Cada mañana, sobre las siete, me preparo un café, salgo todavía de noche y me siento en silencio. Es mi momento de meditación. Contemplo el castillo, veo cómo cambia la luz y, por la noche, la luna.
Los cielos de Alicante me siguen fascinando. En invierno tienen una fuerza extraordinaria, con colores que parecen fuego. En verano son distintos, más suaves. Supongo que tanta luz y tanto sol hacen que el contraste cambie. Y eso también me gusta observar.
¿Por qué después te enamoraste de un director?
Conocí a Eugenio Martín durante el rodaje de La última señora Anderson. Yo tenía un pequeño papel y, además, hice de doble de Carroll Baker en una escena de la piscina, porque ella no podía lanzarse de cabeza.
Fue allí donde nos conocimos. Al terminar el rodaje me invitó a tomar un café y acepté encantada. Creo que fue un flechazo. Me impresionaban sus enormes ojos marrones, pero, sobre todo, la forma en que dirigía. Observaba cómo hablaba con los actores, cómo preparaba cada escena, la calma con la que trabajaba… y sentí una enorme admiración por él.
Después yo regresé a Dinamarca, pero seguimos en contacto. Al volver a España me ofreció trabajar como su secretaria. Vivía muy cerca de su despacho y aquello nos permitió compartir mucho tiempo. Más adelante empecé a colaborar con él también comentando guiones y aportando ideas, aunque eso llegó ya cuando estábamos casados.
Nuestra historia no fue un camino recto. Hubo idas y venidas durante muchos años, hasta que finalmente nos casamos en 1988. Yo lo había conocido con veinticuatro años y habían pasado casi dos décadas desde aquel primer encuentro.
Y hay una anécdota muy divertida. Durante todo ese tiempo yo creía que Eugenio tenía diez años menos de los que realmente tenía. Él manejaba dos documentos distintos y nunca me di cuenta. Fue un amigo quien me lo contó… ¡el mismo día de nuestra boda! Recuerdo pensar: ‘Bueno… pues ya da igual’. Y nos echamos a reír.
Si pudieras volver a un solo rodaje de toda tu carrera, aunque solo fuera por un día, ¿cuál elegirías y por qué?
Sin duda, el rodaje más especial de mi carrera fue La noche del terror ciego. No solo por la película, sino por todo lo que viví allí. Éramos un equipo pequeño, muy unido. Nos alojábamos en un pequeño hotel de Setúbal (Portugal) y cada día subíamos a rodar a unas ruinas impresionantes. Había un compañerismo extraordinario entre los actores y todo el equipo técnico. Eso no se olvida.
Y allí ocurrió algo que marcó mi vida. Debajo de una mesa, junto al hotel, encontré un perro abandonado, casi muerto. Lo llamé Rua. Lo cuidé, lo subí a mi habitación y, cuando terminó el rodaje, me lo llevé conmigo a Dinamarca.

Aquella historia me conmovió tanto que años después escribí una pequeña novela inspirada en Rua y en su aventura hasta encontrarnos. Es un relato que reúne muchas de las historias de perros que he conocido a lo largo de mi vida, pero Rua es el corazón de todas ellas.
Una gran admiradora portuguesa, Sofía Mcl, se enamoró de esa historia y está creando una versión animada. Mi ilusión es que muy pronto pueda verse en YouTube y que la historia de Rua siga emocionando a otras personas, igual que me emocionó a mí.
Fuera de los focos, ¿cómo es Lone Fleming? ¿Qué cosas sencillas son las que realmente te hacen feliz?
Hay muchas cosas que me hacen feliz. Durante muchos años fue la pintura. También la escultura, que me apasionaba. Modelar el barro era una forma de expresarme. Llegué a hacer obras de las que me sentía muy orgullosa. Incluso le propuse a Eugenio comprar un horno para cocer las piezas en la terraza, porque cabía perfectamente, pero no quiso. Ahí se quedó un sueño que nunca pude desarrollar como me hubiera gustado.
Después descubrí otra pasión: el masaje y el quiromasaje. Siempre había querido ser enfermera y, de alguna manera, aquello me permitía cuidar de las personas con mis propias manos. Como Eugenio no quería pagarme el curso, una amiga me prestó el dinero. Yo era la alumna de más edad, pero también la que más ganas tenía de aprender. Mi profesor, Mirín, me enseñó técnicas extraordinarias que todavía hoy recuerdo con gratitud.
Cuando terminé la formación, convertí una habitación libre de casa en un pequeño gabinete. Lo preparé con muchísimo cariño y empecé a atender a mujeres. Al principio Eugenio no lo veía con buenos ojos, pero yo tenía muy claro que quería hacerlo. Aquello me hacía profundamente feliz. Disfrutaba ayudando a aliviar el dolor de las personas. Era, en cierto modo, cumplir aquel sueño de niña de ser enfermera. Lo hice durante varios años, hasta que mi espalda me obligó a dejarlo.
Más tarde llegó la escritura. Empecé escribiendo cortometrajes y después di el paso de dirigirlos. Ahí descubrí algo muy importante sobre mí: había nacido para dirigir. Me apasiona contar historias desde detrás de la cámara.
Mirando atrás, creo que hay proyectos que podría haber emprendido mucho antes. En algunos momentos sentí que ciertas circunstancias limitaron mis posibilidades. Pero también es verdad que, durante esos años, aprendí muchísimo. Y ese aprendizaje forma parte de la directora y de la mujer que soy hoy.
El público te identifica con el cine de terror, pero yo sé que detrás de esa imagen hay una mujer llena de sensibilidad. ¿Crees que el público conoce realmente a Lone?
Es una pregunta difícil de responder. Quien solo me conoce por las películas de terror probablemente vea una parte de mí, la actriz. Pero quienes me conocen de verdad, o quienes han tenido la oportunidad de tratar conmigo, descubren a otra Lone.
Siempre he procurado ser cercana con las personas que siguen mi trabajo. Me gusta hablar con ellas, escucharles y dedicarles tiempo. Creo que, de alguna manera, perciben cómo soy realmente: una persona abierta, cariñosa y muy sensible.
Quizá esa sea la mayor diferencia entre el personaje y la mujer. En la pantalla puedes transmitir miedo o tensión; fuera de ella, lo que intento transmitir es afecto y respeto hacia los demás.

Muchas personas me hablan de mi mirada. Unos dicen que mis ojos son verdes, otros los ven azules, incluso hay quien dice que cambian con la luz. A mí eso me hace sonreír. Si en esa mirada la gente descubre ternura, entonces creo que están viendo una parte muy verdadera de mí.
¿Qué momento de tu vida consideras que te cambió para siempre, tanto personal como profesionalmente?
Si miro hacia atrás, creo que ha habido tres grandes momentos que cambiaron mi vida. El primero fue el cine. Cuando empecé a trabajar como actriz sentí que, por fin, estaba viviendo el sueño que había tenido desde niña. A partir de ahí comenzó una etapa de mucho trabajo y de una lucha constante por abrirme camino.
El segundo fue mi matrimonio con Eugenio. Compartimos muchos años de vida. Hubo momentos muy valiosos y también otros más difíciles. Fue una etapa en la que aprendí muchísimo, tanto personal como profesionalmente.
Y el tercer gran cambio llegó cuando me quedé viuda. A partir de ese momento sentí que podía volver a ser plenamente yo. Decidí empezar de nuevo, cambiar de ciudad y construir una vida más acorde con la persona que siempre había querido ser.
Nunca he tenido miedo a empezar de cero. He viajado mucho, he vivido en distintos lugares y siempre he pensado que, allí donde vaya, acabaré encontrando buenos amigos. Y, hasta ahora, la vida siempre me ha dado la razón.
Cuando los aficionados se acercan emocionados para decirte que crecieron viendo tus películas, ¿qué sientes en esos instantes?
Es una sensación muy difícil de explicar. Pensar que alguien vio una de mis películas cuando era niño y que, muchos años después, todavía la recuerda y viene a contármelo… es profundamente emocionante.
Lo más bonito es que ese cariño ha ido mucho más allá del cine. Con el paso de los años, muchos de esos seguidores se han convertido en amigos de verdad. Hemos compartido conversaciones, comidas, momentos de la vida… y eso es un regalo que jamás imaginé recibir cuando empecé a hacer películas.
Al final, lo que más me emociona no es que recuerden a un personaje, sino que recuerden a la persona que hay detrás. Ese es, para mí, el mayor premio que puede recibir una actriz.
Si pudieras compartir una larga conversación con la Lone de veinte años, ¿qué consejo le darías?
Si pudiera darle un consejo a la Lone de veinte años, le diría: ‘Ten más cuidado. Escucha más a tu intuición y no te dejes llevar solo por la ilusión’.
Era una chica muy ingenua, muy enamoradiza. Confiaba con facilidad y siempre veía lo mejor de las personas.
Recuerdo una experiencia que me marcó profundamente. Trabajaba en el Hotel King Frederick, en Copenhague, un lugar por el que pasaban grandes estrellas del cine. Allí tuve la oportunidad de conocer a Judy Garland, un recuerdo que todavía conservo con muchísimo cariño. Pero también fue allí donde conocí a un americano del que me enamoré. Me fui con él a Estados Unidos convencida de que comenzaba una nueva vida.
Muy pronto descubrí que la realidad era muy distinta. Era una persona con graves problemas de alcohol y comprendí que tenía que marcharme. Aquella experiencia fue muy dura, pero también me enseñó una lección que nunca he olvidado.
Por eso, si pudiera hablar con aquella joven Lone, le diría: ‘Confía más en tu intuición. Observa antes de decidir. No tengas prisa’. Porque la intuición, cuando aprendes a escucharla, casi nunca se equivoca.
Conocí a Judy Garland cuando trabajaba en la recepción del Hotel King Frederick, en Copenhague. Era un hotel pequeño, pero muy elegante, por el que pasaban grandes artistas. Judy estaba allí porque iba a ofrecer su última actuación en la ciudad.
Un día bajó a recepción a preguntar una cosa y empezamos a hablar. De repente me dijo: ‘¿Te gustaría venir conmigo a hacer unas compras?’. Le respondí que tenía que pedir permiso al director del hotel. Ella misma fue a hablar con él y, como aceptó, nos fuimos juntas de compras.
Cuando regresamos al hotel, subí con ella a su habitación para ayudarle con las bolsas. Me invitó a quedarme un rato, abrió una botella de whisky y me ofreció una copa. Le di las gracias, pero le dije que estaba trabajando. Nos quedamos charlando un buen rato.
Entonces me hizo una propuesta que nunca olvidaré. Me preguntó si me gustaría irme con ella a Estados Unidos para trabajar como su secretaria. Para cualquier chica joven aquello habría sido una oportunidad increíble.

Pero hubo algo dentro de mí que me dijo que no. Yo percibía que Judy estaba pasando por un momento muy difícil y mi intuición me aconsejó no aceptar. Le agradecí muchísimo la confianza, pero rechacé la propuesta.
Hoy recuerdo aquel encuentro con muchísimo cariño. Haber conocido a una leyenda como Judy Garland fue un privilegio, y también una de las primeras veces en que comprendí el valor de escuchar mi intuición.
¿Hay algún sueño que todavía conserves y que te gustaría cumplir?
La verdad es que he tenido la inmensa suerte de cumplir muchos de los sueños que tenía desde niña. Por eso, hoy ya no vivo obsesionada con alcanzar nuevas metas. He aprendido a confiar en la vida.
Si todavía queda algún sueño por cumplir, el universo ya lo conoce. Y si tiene que llegar, llegará. Y si no llega, también estará bien. Lo importante es haber vivido con ilusión, con curiosidad y con el corazón abierto.
Hoy disfruto mucho más del camino que de la meta. Cada día, cada persona que conozco, cada historia que puedo contar… eso ya es, para mí, un regalo.
Después de toda una vida dedicada al cine, ¿qué te ha enseñado esta profesión sobre las personas?
La profesión me ha enseñado, sobre todo, a conocer mejor a las personas. He tenido la suerte de encontrar gente extraordinaria, generosa y muy buena, con la que he compartido momentos maravillosos.
Pero también he conocido a personas muy convincentes, capaces de decir exactamente lo que quieres oír. Con el tiempo aprendí que no siempre hay que dejarse llevar por las palabras. Lo importante son los hechos.
Mi intuición muchas veces me avisaba, pero cuando eres joven no siempre la escuchas. Con los años aprendes a hacerlo.
Si esta profesión me ha enseñado algo, es precisamente eso: a confiar más en mi intuición, a observar mejor a las personas y a entender que el talento es importante, pero la calidad humana lo es mucho más.
¿Qué lugar ocupa hoy el amor, la amistad y la familia en tu vida?
Mi familia está en Dinamarca. Tengo una hermana melliza a la que quiero mucho, aunque somos completamente diferentes. Hablamos con frecuencia y existe un vínculo muy fuerte entre nosotras, pero también hemos aprendido que somos dos personas muy distintas. A veces querer a alguien también significa aceptar esas diferencias.
Con el paso de los años, mis amigos se han convertido en mi verdadera familia. Son las personas con las que comparto el día a día, las alegrías y los momentos difíciles. Para mí, la amistad tiene un valor inmenso.
En cuanto al amor… nunca he dejado de creer en él. Si tiene que llegar, llegará. No lo busco, porque creo que las cosas importantes aparecen cuando tienen que aparecer.
Es verdad que hay una persona que ocupa un lugar especial en mi corazón. La conocí hace ya once años y, aunque la distancia nos separa, ese cariño sigue ahí. No sé qué traerá el futuro. Tal vez volvamos a encontrarnos el año que viene. La vida siempre guarda alguna sorpresa, y eso también forma parte de su belleza.
Siempre digo que las personas dejan huella mucho más allá de su trabajo. ¿Cómo te gustaría que te recordaran quienes algún día hablen de Lone Fleming?
Me gustaría que me recordaran, sobre todo, como una buena persona. Más allá de las películas, de los premios o del trabajo, eso es lo que realmente tiene valor para mí.
A lo largo de mi vida he intentado ayudar a muchas personas, siempre que he podido, sin esperar nada a cambio. Y es curioso, porque ahora soy yo quien está recibiendo mucho cariño y mucha ayuda.
No sé si eso es el karma, la vida o simplemente el cariño que uno ha ido sembrando. Lo único que sé es que me siento profundamente agradecida.
Si algún día alguien piensa en mí y dice: ‘Era una buena persona’, sentiré que he dejado el mejor legado posible. Porque, al final, eso es lo que somos. No lo que tuvimos, ni lo que conseguimos, sino la huella que dejamos en el corazón de los demás.
Una pregunta muy personal. Cuando dentro de muchos años alguien vuelva a descubrir una de tus películas, ¿qué te gustaría que sintiera al verte aparecer en la pantalla?

Lo que más me gustaría provocar en el público es emoción. Da igual si es miedo, tensión o inquietud; lo importante es que sientan algo de verdad.
Muchas personas me han dicho que mis personajes les daban muchísimo miedo. Y creo que, en parte, era por la mirada. Siempre he pensado que los ojos pueden expresar mucho más que las palabras.
Como actriz, una mirada puede transmitir ternura, tristeza… o puede helarte la sangre. Esa capacidad de comunicar sin hablar es una de las cosas que más me fascinaban de la interpretación. Si conseguía que el espectador sintiera esa emoción solo con una mirada, entonces sabía que había hecho bien mi trabajo.
Lone, sé que has escrito un nuevo guion de un wéstern. ¿Qué fue lo que despertó en ti el deseo de adentrarte en un género tan mítico del cine.
Siempre dije que no quería morir sin haber hecho un western. Ese ha sido, probablemente, el sueño que me ha acompañado toda la vida.
Me enamoré del género cuando era una niña. Con apenas seis años ya soñaba con aquellos personajes y aquellos paisajes. Además, desde los cuatro años montaba a caballo, hacía acrobacias y me sentía completamente libre. En el fondo, siempre fui un poco amazona.
Cuando me casé dejé de ver westerns durante muchos años, porque a mi marido no le gustaban. Pero ese sueño nunca desapareció. Permanecía ahí, esperando su momento.
Cuando llegué a Alicante decidí recuperarlo. Empecé escribiendo un cortometraje, pero cada persona que lo leía me decía lo mismo: ‘Lone, esto no es un corto; aquí hay una película’. Al principio me parecía una locura escribir un largometraje, pero un día me dije a mí misma: ‘¿Por qué no? Hazlo’.
Tenía muy claro el final de la historia y, a partir de ahí, todo empezó a encajar. Estuve más de un año escribiendo, corrigiendo y puliendo el guion hasta darle la forma que quería.
Hoy sigo viendo westerns una y otra vez. No importa cuántas veces los haya visto. Siempre descubro un detalle nuevo: una mirada, un plano, un silencio, una forma de contar la historia. Para mí siguen siendo una escuela de cine.
Sin desvelar demasiado, ¿qué nos puedes contar de esta historia y qué crees que va a sorprender al público?
Sí, por supuesto. Me encanta escribir y, sobre todo, encontrar historias. A veces una idea nace de una conversación que escucho por la calle, de una imagen, de un recuerdo o de algo que alguien me cuenta. De repente pienso: ‘Aquí hay un corto’. Y entonces me siento a escribir.

Aunque el género con el que más disfruto es el terror, cualquier historia puede convertirse en una buena película si consigue emocionar. Lo importante no es el género, sino lo que quieres contar.
Si hay algo que siento es que, de haber tenido la oportunidad, habría empezado a dirigir mucho antes. Es una espina que siempre he llevado dentro.
Aun así, estoy muy feliz de haber dado ese paso. He dirigido mis propios cortometrajes y cada vez que me pongo detrás de la cámara siento que ese es mi lugar. Ahí es donde realmente soy yo.
Después de una trayectoria tan importante como actriz, ¿sientes que escribir este guion es el comienzo de una nueva etapa creativa en tu vida?
Sí, por supuesto. Me encanta escribir y, sobre todo, encontrar historias. A veces una idea nace de una conversación que escucho por la calle, de una imagen, de un recuerdo o de algo que alguien me cuenta. De repente pienso: ‘Aquí hay un corto’. Y entonces me siento a escribir.
Aunque el género con el que más disfruto es el terror, cualquier historia puede convertirse en una buena película si consigue emocionar. Lo importante no es el género, sino lo que quieres contar.

Si hay algo que siento es que, de haber tenido la oportunidad, habría empezado a dirigir mucho antes. Es una espina que siempre he llevado dentro.
Aun así, estoy muy feliz de haber dado ese paso. He dirigido mis propios cortometrajes y cada vez que me pongo detrás de la cámara siento que ese es mi lugar. Ahí es donde realmente soy yo.
Lone, sé que continúas participando en los proyectos de compañeros y amigos. ¿Cómo te sientes cuando vuelves a colocarte delante de una cámara? ¿Sigue siendo la misma emoción que al principio o ha cambiado con los años?
No. Cuando interpretas un personaje no puedes cambiar esa manera de sentir. Tienes que centrarte por completo en él y entregarte de verdad. Eso nunca cambia.
La emoción tiene que ser siempre la misma, como si fuera la primera vez. Si tú no la sientes, el público tampoco la va a sentir. Y entonces la interpretación deja de funcionar.
Después de una carrera tan extraordinaria, ¿qué tiene que tener hoy un personaje o un proyecto para que digas: “Sí, quiero formar parte de esta historia”?
Para que yo diga sí a un proyecto, lo primero que necesito es un buen personaje. No tiene que ser el protagonista, pero sí un personaje con verdad, con profundidad, con algo que contar. Necesito sentir que puedo entrar en él y hacerlo mío.
También es muy importante el guion. Si la historia me emociona, ya tengo una razón para querer formar parte de ella.
Y, por supuesto, el equipo humano. La relación con el director, con los compañeros, con todo el equipo. Para mí, un buen rodaje también se construye desde el respeto y la confianza.
Cuando trabajo soy una persona muy concentrada. No soy de estar hablando entre toma y toma. Suelo apartarme, sentarme en un rincón y permanecer dentro del personaje. Prefiero guardar esa emoción hasta que el director dice: ‘Acción’. Solo así siento que puedo entregarme de verdad a la escena.

Lone, cuando miras hacia atrás y piensas en tu vida, ¿qué momento recuerdas como el más feliz y por qué?
Es muy difícil elegir un solo día, porque he tenido muchos momentos felices. Pero, si pienso en la felicidad más pura, me viene a la cabeza mi infancia, cuando montaba a caballo.
Aquellos eran días de absoluta libertad. Me sentía feliz, sin preocupaciones, en plena conexión con la naturaleza y con los caballos. Creo que esa niña que galopaba sin miedo sigue viviendo dentro de mí.
Si tengo que elegir un momento de felicidad verdadera, me quedo con esos días. Porque ahí fui completamente libre.
Después de todo lo que has vivido, ¿crees que has conseguido perdonar a las personas que te hicieron daño?
Sí. He conseguido perdonar a todas las personas que me hicieron daño.
Con los años he comprendido que vivir con rencor solo te hace daño a ti. Perdonar no significa olvidar lo que pasó, sino liberarte de ese peso para poder seguir viviendo en paz.
Cada persona que pasó por mi vida, incluso las que me hicieron sufrir, me enseñó algo. Gracias a esas experiencias soy la mujer que soy hoy. Y por eso prefiero quedarme con lo aprendido, no con el dolor.

Se que tienes otro proyecto con una creativa portuguesa Sofía M C L y está en funcionamiento una Novela tuya de esa parte literata que también practicas sobre un pero, cuéntanos?
Hay un proyecto muy especial del que todavía no había hablado. Es una novela que escribí en memoria de Rua, un perro al que encontré durante el rodaje de La noche del terror ciego. Estaba abandonado, en muy mal estado, y decidí llevármelo conmigo. Desde entonces formó parte de mi vida y me acompañó durante muchos años.
Quise imaginar cómo había sido su vida antes de encontrarnos. En la novela cuento su aventura desde que nace, la pérdida de su madre y todo el camino que recorre hasta llegar a mí. Dentro de la historia yo aparezco como actriz, y Rua va conociendo a muchos de los perros que yo misma encontré a lo largo de los rodajes y de mis viajes. Es una historia llena de ternura, pero también de superación y esperanza.
Ahora esa novela está viviendo una nueva etapa gracias a Sofía M. C. L., una creativa portuguesa y una gran admiradora de mi trabajo. Está transformando la historia en una obra audiovisual utilizando inteligencia artificial, con imágenes en movimiento y el texto original de la novela.
Me hace muchísima ilusión porque creo que Rua merece seguir viviendo a través de esta nueva forma de contar historias. Espero que muy pronto pueda verse en YouTube y que emocione a otras personas tanto como me emocionó a mí escribirla.
Lone, después de haber vivido tantas vidas en una sola, ¿quién crees que eres realmente?
Pues mira, creo que eso ya lo dije al principio de esta conversación. De niña soñaba con ser enfermera o actriz. Y, aunque parezcan profesiones muy distintas, en el fondo las dos nacían del mismo deseo: hacer felices a los demás, ayudar de alguna manera.
Hoy sigo sintiendo exactamente lo mismo. La verdad es que no pienso demasiado en mí. Siempre pienso en si puedo hacer feliz a alguien, aunque sea por un momento. Si una película, una conversación, una sonrisa o un gesto consiguen alegrarle el día a una persona, entonces siento que todo ha merecido la pena.
La mujer detrás de la mirada
Hoy no termina una entrevista. Hoy termina un viaje por la vida de una mujer que nunca dejó de soñar. Una niña danesa que encontró en los caballos la libertad, en el cine su destino y en el arte una forma de entender el mundo.
Lone Fleming no ha sido únicamente una actriz. Ha sido escritora, escultora, pintora, directora, guionista, amante de la naturaleza y una observadora incansable del ser humano. Una mujer que ha sabido transformar las alegrías y las heridas en creatividad, y que ha hecho de la bondad una manera de vivir.
Su legado no está solo en las películas que la convirtieron en un icono del cine fantástico. Está también en cada persona a la que ha tendido la mano, en el cariño con el que trata a sus seguidores, en los jóvenes cineastas a los que ha apoyado y en la pasión con la que sigue creando, soñando y compartiendo historias.
Gracias, Lone, por abrirnos las puertas de tu memoria y de tu corazón. Gracias por recordarnos que el verdadero éxito no consiste en la fama, sino en vivir con autenticidad, con curiosidad y con generosidad.
Porque algunas personas interpretan personajes. Tú, además, has sabido interpretar la vida. Y esa, quizá, ha sido tu obra más hermosa.
FILMOGRAFÍA COMPLETA:
1970: Pierna creciente, falda (secundario)
1971: Vente a Alemania, Pepe (secundario)
1971: Blanca por fuera y Rosa por dentro (acreditada como Lone Ferck)
1971: El hombre de Río Malo
1971: Nada menos que todo un hombre
1972: La noche del terror ciego (protagonista)
1972: El desafío de Pancho Villa
1972: El vikingo
1973: Una vela para el diablo
1973: Sexy Cat
1973: El ataque de los muertos sin ojos
1973: Lo verde empieza en los Pirineos
1974: El amor empieza a medianoche
1974: El sol sale por el este (miniserie TV)
1974: Los nuevos españoles
1975: Los cuatro del apocalipsis
1975: Mal de ojo
1975: La endemoniada
1975: Una abuelita de antes de la guerra
1975: No quiero perder la honra
1975: El valle de las viudas
1975: El paranoico
1975: Vida íntima de un seductor cínico
1976: Mayra, la venus negra
1976: Ligeramente viudas
1976: Call Girl (Vida privada de una señorita bien)
1977: Viaje al centro de la Tierra
1977: Tengamos la guerra en paz
1977: Juventud drogada
1978: El último guateque
1978: La ciudad maldita
1978: El juglar y la reina (serie TV)
1983: La venus negra
1984: El último kamikaze
1984: Guerra sucia
2012: Contra el tiempo
2013: ¡Zarpazos! Un viaje por el spanish horror
2014: La cañada de los ingleses (corto)
2014: Wax
2014: La mujer que hablaba con los muertos
2015: Harvest (corto)
2015: Vampyres
2015: Los límites del cielo
2015: Radial (corto)
2015: Nasciturus: El que va a nacer
2016: Nada grave (corto)
2016: Behind (corto)
2016: El último guión (corto)
2017: Escaping the Dead
2017: Los resucitados (doblaje)
2017: Aurora bonreal
2018: Todo es para bien (corto)
2019: Sesión Salvaje
2020 Pan: La nada (videoclip)
2020: Faces of fear (corte «Harvest»)
2020: Vampus Horror Tales
2020: Malditas (corto)
2021: El último baile de Marilyn
2021: The nanny’s night
2021: Mi adorado Monster
2022: Viejos
2022: Dark girls
2022: Reflejos del más allá (corto)
2023: Os reviento
2023: Eres una hija de p*ta (corto) también dirección y guion
2023: Zheimer (corto) 2024: Un dulce deseo (corto) también dirección y guion
Fuente: Revista Digital Neü