Primero fue mi abuela.
Luego fue mi madre.
Y yo ya he tomado mi decisión.
Buenos días, me llamo Esther, y te escribo porque el Alzheimer ha marcado profundamente la historia de mi familia… y la mía. Pero hoy soy yo quien ha decidido plantarle cara a la enfermedad. Y te quiero contar por qué.
Verás, mi abuela vivió durante muchos años con Alzheimer. Fue devastador ver cómo, poco a poco, los recuerdos se desvanecían… y cómo aquella mujer fuerte y cariñosa se iba transformando ante mis ojos.
Sin embargo, entre tanta tristeza, descubrí algo que no se borra nunca: el amor. Lo vi en cada gesto, en cada mirada, en la entrega incondicional de quienes la cuidaron hasta el final —sus hijas, mis tías y mi madre.
Mi abuela finalmente falleció, Manuel. Pero poco después, la vida volvió a golpearnos.
Mi madre, que soñaba con disfrutar de su jubilación, recibió el mismo diagnóstico. El mismo nombre que ya había desgarrado a nuestra familia una vez.
Y entonces aprendí otra gran lección: la vida, la felicidad y los planes no pueden esperar. El presente es lo único verdaderamente nuestro.
Yo soy farmacéutica de profesión, y llevo toda mi vida creyendo en la ciencia. Y si algo me han enseñado mi trabajo y mi experiencia personal es que el futuro se construye con las decisiones que tomamos hoy.
Manuel, pienso que lo que hagamos HOY puede cambiar el futuro de millones de personas. Por eso, yo he tomado una decisión.
Me he hecho socia de la Fundación Pasqual Maragall para apoyar día a día la investigación científica. Porque quiero que la historia de mi familia deje de ser una historia de pérdidas…Y se convierta en una historia de esperanza, de avances y de vida.
Y quiero que sepas algo más, Manuel: cada gota cuenta. Cada aportación, por pequeña que parezca, suma en este gran propósito común, que es acabar el Alzheimer.
Esa es mi elección. Y me haría muy feliz que también fuese la tuya. Te dejo el link donde yo me uní:
Gracias, de corazón.