La siguiente crisis llama a la puerta

Leopoldo Bernabeu

Ese mismo sentimiento inexplicable de felicidad que siento cuando alguno de mis hijos me pide dinero para alguna de sus cosas, sin pedirles explicaciones y sin recabar en lo mucho que me costaría soltarlo si fuese para cualquier otro gasto, se traduce en presión, en esta caso llamada responsabilidad, cuando detecto entre mis obligaciones travestirme del economista que no soy, aunque la experiencia de 36 años dirigiendo empresas alguna pose dejan, y me pongo a filosofar sobre lo que considero es la inminente crisis económica que se avecina

No es que ninguno de mis dos hijos sean en estos momentos empresarios que se jueguen un importante patrimonio, o sus decisiones vayan a repercutir en el futuro de trabajadores y familias, tal y como a mí me sucedió en la poderosa bofetada que nos sobrevino en el año 2008, que incluso estando avisados algunos no quisimos ver, prefiriendo seguir viviendo en nuestros mundos de yupie.

Después de hablar con ellos me siento más relajado y realizado, como el que cumple con su deber. Desarrollo mi punto de vista sobre lo que está por venir, empezando por decirles que ojalá me equivoque, momento en el que estaré dispuesto a pedir disculpas, pero cuya duda no impide que les avise como a mí me previnieron en 2007, con el nefasto resultado de cerrar ojos y oídos, dejándome los acreedores más de 2 millones de euros sin abonar y padecer desde entonces la persecución social y los aldabonazos de una ley de segunda oportunidad que el bueno de Pedro Sánchez también ha ido variando, con el partido ya empezando, para terminar de jodernos la vida a una serie de empresarios cuyo fin no fue otro que el de generar actividad económica y puestos de trabajo.

En esto de la economía, la pelota de tenis, eso objeto que se lanza a raquetazo limpio de un lado a otro como algo que molesta y estorba, pero que a la misma vez se hace imprescindible para que tenga sentido el espectáculo, somos nosotros.

Sí, usted y yo. Personitas a las que nos cuentan lo que en cada momento más interese, pero nunca todo, porque nadie que se gane la vida vendiendo casas o prestando dinero, por citar dos prácticos ejemplos, nos va a decir en nuestra cara, que ya hay muchos síntomas pronosticando la nueva edición del crítico episodio económico que hace 17 años asoló España, dejando a cientos de miles de familias sin casa y con el préstamos a medio pagar, cerrando dos millones de empresas y metiéndonos de cabeza en una espiral de terror, que se llevó por delante muchas vidas, un parámetro que, por cierto, nunca se llegó a desvelar de manera oficial. Me prometí entonces que a mí no me volvían a coger, y como mínimo es a mis hijos a quienes intento explicárselo. Ahora también a usted. El que me haga caso o no, me importa poco, no se moleste. Yo he cumplido.

El empleo ha registrado la peor quincena de agosto en los últimos seis años al destruirse casi 200.000 puestos de trabajo. ¡Qué casualidad! justo el tiempo que ha pasado desde que se inventaron la fiesta del Covid, ese as en la manga necesario para acortar plazos porque la siguiente crisis tardaba demasiado tiempo en llegar, incumpliendo esa leyenda establecida hace siglos por los egipcios sobre los 7 años de subida y los 7 de bajada. Se acabó la fiesta, que diría alguno por ahí. El gran invento de la pandemia no da para más, y sus consecuencias tampoco. ¿Se ha detenido a reflexionar sobre como es posible que el precio de una vivienda se haya multiplicado por 3 en 5 años?, ¿y el de los alquileres?, que encima somos tan bobos que nos venden la moto de que el culpable es el turismo y nos manifestamos contra la gallina de los huevos de oro. Al final va a ser cierto eso de que la sociedad española es la más fácilmente manipulable de todo occidente.

¿Realmente hay alguien con sentido común que crea que esto se puede sostener mucho más tiempo?. Reflexiono con frecuencia sobre algo tan sencillo como recordar que en mi casa éramos 7, sólo trabajaba mi padre, vivíamos bien, con un coche, una casa, comida y educación, y hoy ni trabajando los dos y sin hijos es posible ahorrar para la entrada de una vivienda. Es de “cum laude” el cerebro del maquiavelista que programó el tremendo miedo social a quedarnos sin un techo bajo el que vivir, conduciendo a la masa en tropel a comprar una vivienda al precio que sea, endeudando a la clase media de tal manera que va a dar vértigo visualizar lo que está por suceder en los próximos años.

La banca ha concedido 41.200 millones en hipotecas, máximo desde 2008, 8.000 millones más que el año pasado, todo gracias a los altísimos precios del mercado inmobiliario. La cantidad de dinero circulando en préstamos al consumo no se veía desde antes de la anterior crisis. Estamos volviendo a vivir a crédito, somos Pedritos Sánchez con patitas. Igual que este sujeto ha endeudado a España hasta parámetros que sólo cuando se frene la descomunal y desconocida recaudación fiscal, padeceremos, cada uno de estos cientos de miles de ciudadanos que han vuelto a morder el anzuelo, lo padecerán en cuanto la economía se frene y no puedan hacer frente a la hipoteca y/o la devolución del préstamo al consumo.

El enfriamiento del mercado laboral no es más que otra señal, importante y destacable, pero otra más. La demanda de alquileres se modera y los contratos ‘exprés’ caen del 14% al 8% del mercado en el segundo trimestre. ¿Estamos ante la primera alerta de la vivienda en España? El dato real es que bajan las ventas por primera vez en 14 meses con precios al alza, algo que cada uno es libre de interpretar como quiera. Pero ese refrán español tan manido de que “cuando veas las barbas de tu vecino mesar, pon las tuyas a remojar”, es algo que no deberíamos aparcar en el baúl de los recuerdos. Y paralela a esta reflexión hay quien también va dejando caer, y nada es casual, que sólo un cambio radical puede propiciar una verdadera solución para el problema de la vivienda, porque este y no otro, por mucho incendio o inmigración que nos quieran hacer consumir, es el más grave que sufre España. Lo dicen ahora que ya han vendido todo lo vendible a precios de usura.

Necesitamos sobre 2’5 millones de viviendas nuevas en los próximos cinco años. Es la única manera de equilibrar la problemática falta de oferta ante la abundante demanda. Hazte a la idea del desafío: basta con calcular la cantidad de casas que deben salir al mercado cada año hasta final de esta década, nada menos que 450.000. ¿Crees que esto es posible?, ni lo dudes, pero ojo, sólo en cuanto vean que el desmadre de la subida de precios ya no se sostiene y han exprimido la vaca hasta la extenuación. Será entonces cuando todo vuelva a su equilibrio, se construya como siempre, sin poner freno alguno porque ya no habrá especulación, y que se apañen esos cientos de miles de españoles que, asustados, creyeron quedarse sin techo comprando lo que no podían pagar ni en sus mejores sueños. Quien tenía que ganar la pasta ya lo habrá hecho, y si el banco quiebra porque usted no devuelve el dinero, ya está papá estado para salvarle las castañas con la esquilmación de nuestros impuestos. ¿Le suena?, ¿verdad que ya hemos vivido esta película?. Bienvenidos a la cruda realidad, somos la pelota de tenis. Eso sí, mientras eso llega, disfruten lo votado.