
Carmen de la Peña.- Locke y Latham, a través de sus investigaciones, establecieron que hay ciertos criterios que hacen que los objetivos sean más eficaces. Estos principios se pueden resumir en cinco componentes esenciales:
1. Claridad
Un objetivo claro es específico y no deja lugar a ambigüedades. Cuanto más preciso sea un objetivo, más fácil será para nosotros orientarnos y centrarnos en él.
Por ejemplo, en lugar de «quiero estar más en forma», un objetivo claro sería: «quiero correr 5 kilómetros sin parar en 8 semanas». Este objetivo específico te da una meta tangible por la que trabajar y puedes planificar cómo alcanzarla.
2. Desafío
Un buen objetivo debe ser desafiante para capturar nuestro interés y fomentar la motivación. Sin embargo, también debe ser realista para evitar la frustración.
Por ejemplo, si eres un vendedor, en lugar de proponerte «aumentar un poco las ventas», puedes establecer como objetivo «aumentar las ventas en un 20% durante el próximo trimestre». Este objetivo es más desafiante y te motivará a encontrar nuevas formas de alcanzar tus metas.
3. Compromiso
El compromiso personal se fortalece cuando sentimos que los objetivos son importantes y están alineados con nuestros valores. Tu compromiso podría fortalecerse si participas en el proceso de planificación y sientes que tus aportaciones son valoradas.
Si tu jefe te involucra en las decisiones respecto a metas de ventas para ese producto, te sentirás más comprometido con el objetivo de «lograr vender mil unidades en los primeros tres meses».
4. Retroalimentación
Nos permite saber si estamos progresando hacia nuestro objetivo o si necesitamos cambiar de estrategia.
Tomemos como ejemplo una situación en la que estás aprendiendo un nuevo idioma. Un feedback efectivo puede provenir de un tutor que revise tus avances cada semana, ayudándote a ajustar tu enfoque o reforzar tu método de estudio para alcanzar tu meta de «mantener una conversación completa en ese idioma después de seis meses de práctica constante».
5. Complejidad de la Tarea
Es importante reconocer la complejidad de la tarea al establecer un objetivo. Si la tarea es particularmente compleja, es necesario construir un plan de acción que descomponga el objetivo principal en pasos más manejables.
Por ejemplo, si estás trabajando en un proyecto de investigación para tu tesis, en lugar de fijar simplemente el objetivo de «terminar la tesis», puedes dividirlo en objetivos más pequeños: «investigar los antecedentes del tema durante el primer mes», «desarrollar el marco teórico en el segundo mes», y así sucesivamente.
Estos principios potencian nuestro enfoque y determinación, nos ayudan a mantenernos motivados y comprometidos con el proceso. Recuerda revisar y ajustar tus metas conforme avanzas.🚀
¿Conocías esta metodología? ¿La has aplicado? ¡Me encanta leerte!
Imagen: Entrepreneur
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