Dichos y diretes: «Piensa mal y acertarás»

Pués hoy abrimos una sección nueva, demandada desde hace tiempo por muchos de ustedes, que hacen con su seguimiento y audiencia en convertirlo en lo que actualmente somos, los periódicos líderes en cada segmento de población

Cada vez son más los lectores que se unen a las letras de este medio digital, popular y con el objetivo último de acercar la información de lo que ocurre en su ciudad, principalmente en está, la ciudad turística de sol y playa, como es Benidorm.

Seguidores, lectores, amigos y colaboradores que se unen, que llaman a la puerta del que suscribe para sumarse a este gran proyecto informativo, que nació, dentro de poco, va a hacer 8 años y que nadie imaginaría en su día a la proyección internacional a la que llega. Son más de 185 países, lectores de todo el mundo los que nos siguen, y gracias a todos ustedes ha convertido a este medio, que empezó como un simple periódico popular de barrio para sus amigos, lectores que querían estar informados de lo que ocurre a su alrededor.

Gracias de nuevo por estar ahí, y por ustedes uno sigue informando y trabajando. Y hoy, un día especial, siempre es especial cuando se abre una sección nueva, como es «Dichos y Diretes». Una sección que va a servir para conocer esos dichos de pueblos o diretes que se dicen y que están ahí y muchos conocen.

Y lo hacemos con esté concretamente y popular, como es: «Piensa mal y acertarás». Podíamos haber empezado por otro, pero como cuando se empezó muchos ya preveían algo malo, dentro de lo malo, nosotros lo convertimos en bueno e intentamos hacerlo mejor.

Piensa mal y acertaras es un dicho que propone pensar con astucia y desconfiar de las cosas que lucen perfectas.

Sin embargo, esta creencia contribuye al aislamiento, a la suspicacia, al recelo, a la desconfianza, y a la angustiaTambién se convierte en una profecía autocumplida que refuerza la idea de que nosotros estamos en la razón y los demás se encuentran equivocados.

Pensar mal supone un ejercicio gratuito de autodefensa, una pérdida de energías, y una actitud cautelosa y preventiva.

Este refrán refleja uno de los sesgos cognitivos más peligrosos que tenemos: ese que nos hace desconfiar automáticamente de las (verdaderas) razones de los demás.