Dama

Citas del autor:

El empeño en transmitir el espíritu de siempre, el de esta tierra.

Pulir un escrito es pulirse a sí mismo.

Polop de la Marina, verano de 1960.

En la mente pura y cándida de un niño…

Por aquellos años yo sentía una especie de fascinación que avanzaba, que crecía encadenando los eslabones de cada descubrimiento que iba haciendo. Y, claro, como la ocasión la pintan calva, aquel era un ambiente propicio para ello. Las madres nos pedían sentarnos con ellas después de una corta siesta, reteniéndonos hasta después de las 6h. de la tarde, mientras ellas, juntas en la calle, hacían sus labores. Se hablaba de todo pero de vez en cuando salían temas mistéricos, brujos, más bien, que atañía a la inmediatez del municipio, lo que nos pillaba de lleno.

En Polop yo veía demasiadas cosas que con el tiempo, con muchos años, fui concretando en mi mente y en mi corazón, aunque para llegar ahí tuviera que aprender a vivir como lo hace la esencia, el niño interior, dejando al margen al adulto que es quien convierte lo eterno en tiempo.

Polop es Ponoig que gracias a la imaginación del novelista Gabriel Miró, nos reveló que se trataba de un imponente león dormido que, desafortunadamente, nunca despierta. El león Ponoig mantiene su sueño gracias al cuidado que pone el vecino del municipio en que así permanezca.

Polop es agua cuya fuerza y salud también se identifica con el león, de cuyas cabezas manaba y que yo conocí sustituyendo a sus anteriores once caños.

Polop es significativo castillo alrededor del cual creció el municipio, para más tarde, ser lugar de bello enterramiento.

Polop es ermita de sant Roc y porrat (feria de útiles para el campo y de dulces).

Polop es nombre. Sin registro, sin sonido al alcanzar el silencio unos breves instantes después de la exhalación serena. El nombre de Polop es abstracción en la que, pueblos anteriores a nuestra estirpe íbera depositaban confianza y seguridad. Y ese fue su legado a nosotros.

Pero, Polop es dádiva de estas cinco gotas de ambrosía, si se atina a abrir el corazón con suavidad y dulzura. Estas gotas llegadas de las estrellas nos ayudan a ver que no fue en vano ni casual la aparición y la presencia, de la Dama, habitando una cueva a los pies del cerro del castillo, frente a las aguas del barranco del Marranyo. Ella fue llamada y apodada, tal vez, María la Pinta.

María la Pinta fue una señora que vivió allí su existencia. Mi abuelo, cuando me llevaba a su huerta, me hablaba de ella, incluso, me mostró la cueva. Y muy próximo a lo que él me contaba, arrojó mi investigación ya en años posteriores. Pero, si realmente fue una mujer de Polop, ¿por qué nos encontramos con ese mismo nombre y ese mismo apodo a lo largo de la comunidad valenciana? A María la Pinta la encontramos en Callosa de Ensarrià, Penáguila, Cocentaina, Planes, Teulada, Quatretonda, Alginet, Alcoi, Xixona, Agost, etc.

Alrededor del nombre de María, acompañado del apodo, la Pinta, se ha desarrollado un enorme imaginario, e incluso, canciones y juegos de niños, puede que, debido a la necesidad de dar respuesta a lo desconocido que jamás consiguieron penetrar.

María, con todo mi respeto y admiración… Madre, matriz o naturaleza que si no se la impide prevalecer, puede que nos hable del antiguo matriarcado como organización social, y la Pinta, peineta que desenreda las energías femeninas y las recoge en un moño que exhibe un inmenso poder.

María la Pinta de Polop pudo llamarse de otro modo, pero como toda mujer sostenedora de la gran tradición, fue rebautizada con el nombre de ésta.