El librero de “lance” de la calle Santa Faz


Cuántas noches te esperé para apaciguar mi corazón, y no siempre me complacías. Unas veces venías sola, otras, de él perseguida, pero venías. Y lo hacías engalanada con el esplendor de la luz de tu faz, u oscurecida, dándome la espalda. Hasta que dejó de importarme, porque al fin, era tu amor el que me amaba, y yo con el mío te correspondía. Ha pasado mucho tiempo. Hoy, adulto y sagaz, veo que él no te entendía, por eso jamás te alcanzó, mientras que a mí, en tu sensualidad, dabas giros para que te contemplara toda, luna mía por el lucero perseguida.
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