Entrevista a Pepe Benaloy Tortosa y Jaume Benaloy Marco

Padre e hijo, al alimón

P: Buenos días, amigos. Me gustaría primero que me hablarais de la familia, si sois de Benidorm…

R: Somos todos de Benidorm, menos mi esposa, María Luisa, que vino de Archena a los 13 años. Soy nacido en la calle San Roque, en pleno corazón de El Calvari. Allí teníamos un bar, llamado “El pasaje”, donde nos juntábamos para reivindicar más actividad festera en nuestro barrio. Mis tres hijos, Jaume, Julià y Josep Lluís, también han nacido en Benidorm.

P: ¿Cómo habéis visto la integración de los forasteros-inmigrantes con los naturales de Benidorm?

R: Magnífica, ya que los de aquí, en esta ciudad cosmopolita, somos hospitalarios; los forasteros se han integrado sobre todo en las fiestas y peñas en torno a la Virgen del Sufragio. Muchos inmigrantes seguían apegados a las tradiciones de sus pueblos de origen; cuando sus hijos fueron mayores, se quedaron para siempre en Benidorm. No ha habido problemas para que respetaran nuestra lengua y nuestras costumbres. Y esta ciudad se ha visto enriquecida con el folklore y las tradiciones de otras regiones: de La Mancha, de Andalucía, etc.

P: ¿Cuáles han sido los trabajos de Pepe, en qué negocios ha participado?

R: De pequeño compaginaba la escuela con los trabajos en bares, entre otros El Calpí, de mucha importancia en la época. Hasta que inauguramos el pub “L’Anouer”, una antigua venta con oratorio, habilitada para bar, con elementos campestres y religiosos que los clientes iban aportando y la ambientación de musica clásica. Funcionó desde 1986 hasta 2019, con años de mucho éxito; el verdadero encargado era mi hermano Jaume, junto con Vicente Santamaría, que se inspiró en algo parecido existente en Murcia; yo llevaba el mantenimiento. Siempre he pensado que la llamada “agua de Valencia” era un invento nuestro. Ah, y el San Francisco que actualmente está en la iglesia del mismo nombre, viene del Anouer.

P: La siguiente pregunta va dirigida al hijo, a Jaume. ¿Ha habido otros religiosos en la familia? ¿Cuándo sentiste la vocación por el sacerdocio? Y sobre, todo, ¿qué te hizo dejar España y marcharte como misionero a Perú?

R: A excepción de una clarisa, prima de mi abuela materna, no hay ningún otro cura ni monja en mi familia. Cuando terminé COU en el IES Pere Maria Orts i Bosch, en 1992, se me despertó la vocación; bueno, antes había participado en movimientos juveniles en el colegio de las monjas y era catequista. En 1999 me ordené sacerdote. He estado 4 años en Alicante, 2 en Roma (formándome para el diálogo con el Islam; a tal efecto hice varios viajes a Marruecos) y otros 4 en Almoradí. En 2008, se compaginaron mi deseo de ser misionero con la necesidad de remplazar a un sacerdote misionero que estaba enfermo en Chimbote, al norte de Perú. Y allí llevo, feliz, quince años.

P: Me puedes contar, resumidamente, cuál es tu función como sacerdote en Perú y cuáles son las actividades que llevas a cabo.

R: Actualmente, soy el párroco de Santo Toribio en Chimbote, docente en la Universidad católica Los Ángeles (doctrina social de la iglesia, básicamente), soy el director de la Casa de Retiro (ejercicios espirituales), colaboro en el Colectivo Chimbote de pie, con el objetivo de recuperar la bahía de la ciudad, altamente contaminada, participo en el movimiento Laudato Sí (inspirado en la Encíclica del Papa Francisco) y soy el vicepresidente del Asilo San José de Casma (otra población cercana). La diócesis a la que pertenezco es más grande que la de Orihuela-Alicante, con una gran problemática y social y ambiental. Y el nuevo Chimbote (el anterior fue destruido por un movimiento sísmico en 1970) se acerca a los 900.000 habitantes. También llevo la iniciativa de otro colectivo, ASBECH (Asociación de Solidaridad Benidorm-Chimbote) con quien hiciste hace un año una zarzuela en el salón de actos del ayuntamiento de Benidorm, a beneficio del Asilo San José de Casma. Amén de todo eso, fui el fundador del Seminario en Chimbote y Rector del de Trujillo. Además de haber trabajado en la Comisión de Cultura y Educación de la Conferencia Episcopal Española, entre otros cargos más.

P: Veo que no te aburres. ¿Te queda tiempo para practicar alguna afición?

R: Me apasiona la lectura. Y hago deporte (soy cinturón negro en Taekwondo, por ejemplo). Y siempre saco algún rato para tocar la guitarra y la dolçaina. Tengo algunas canciones registradas, y colaboro con Jesús Rosillo, párroco de Alicante, en los musicales que lleva a cabo con gente joven.

P: ¿Te satisface lo que haces? ¿Piensas vivir toda la vida en ese país?

R: Estoy feliz con lo que hago y sobre todo con quienes lo hago. En Perú son muy “querendones” y me han acogido muy bien. Y no sé el tiempo que estaré en Perú; el que Dios quiera y la Iglesia considere.

P: ¿Estás totalmente integrado en ese país: costumbres, alimentación, folklore, forma de hablar? Me imagino que serás muy apreciado por todos los que te conocen…

R: Totalmente integrado, incluso se me ha pegado la forma de hablar de aquel país: inevitable. Soy bastante camaleónico: me adapto a todas las situaciones. Me siento como en casa; tengo, como en Benidorm, luz, olor a sal y mar. Y sí, creo que todo el mundo me aprecia.

P: ¿La cuestión económica?

R: Yo recibo mis emolumentos como sacerdote de España; vivo en una residencia con otro sacerdote y algunos profesores, pues la casa parroquial está en ruinas y hay que reconstruirla (hay mucho por hacer). Del gobierno peruano no recibimos nada; para las obras pastorales y sociales confiamos en los aportes de los feligreses

P: ¿Sientes nostalgia de España, de Benidorm? ¿La familia te echa de menos?

R: Por supuesto. Benidorm es mi pueblo. Aquí están mi familia y mis amigos de toda la vida. Vengo siempre que puedo. Si coincide con las Fiestas Patronales, salgo de marcha con mi antigua peña, el Paparinell (el erizo). Siempre he sido bastante festero. ¿La familia? Siempre se la extraña; ellos quieren que regrese pronto, pero siempre me han apoyado y acompañado en mi vocación allá donde he estado en estos 25 años de ministerio sacerdotal. Nunca les gustó demasiado que me metiera a cura; hubieran preferido que estudiara ESADE con los jesuitas, en Barcelona (Administración y Finanzas y Derecho). Pero, bueno, se conforman con el camino que he elegido; mis padres me visitan cada tres o cuatro años.

P: Preguntas más bien para el padre: durante tu vida, ¿has estado metido en política? ¿A qué dedicas el tiempo libre? ¿Qué le falta a Benidorm para que sea la ciudad perfecta?

R: En alguna ocasión he rozado la política, siempre con el objetivo de preservar la identidad, la lengua y las costumbres de mi pueblo. En los ratos libres compagino el trabajo en una pequeña huerta con mi afición al deporte (especialmente al Barça) y pasear. En cuanto a la situación de Benidorm, siempre he pensado que habría que limitar el crecimiento desmesurado y evitar la masificación, aunque eso ha procurado puestos de trabajo y nos ha traído divisas. Y siempre se pueden mejorar las cosas, como me apunta mi hijo: la cohesión social, la cultura, por ejemplo, o la infraestructura de algunos colegios (clama al cielo lo que sucede en el IES Pere Maria, donde los alumnos llevan 15 años en barracones y el edificio antiguo se está hundiendo). Y, por supuesto, terminar la Casa de Cultura.

P: Ha sido un verdadero placer charlar con el padre y el hijo. Muchas gracias por vuestras declaraciones.

R: Gracias a ti, Manuel.