El pesimista no es más que un optimista bien informado

Ha empezado el curso y eso se nota. Se vuelven a producir las conversaciones que trascienden al tiempo y nos recuerdan que la vida continúa de la misma manera que la habíamos dejado antes de adentrarnos en el sueño navideño que a más de uno confunde con la realidad.

Leopoldo Bernabeu.- Iniciar el año conlleva el retorno de situaciones habituales más allá de las meras uvas mágicas con las que deseamos lo que de sobra sabemos que sólo son eso, deseos. Datos y más datos, nos abren los ojos a la realidad y a las cotidianas contradicciones, esas que para algunos son buenas noticias y para el resto no. Bien visto, es la sal de la vida, lo que le da sabor y sentido al día a día.

Cada vez le doy menos vueltas al querer entender porque cuando escribo viajando sobre las cuatro ruedas de Autocaravana Vivir, tengo entre diez y veinte veces más lectores que cuando lo hago de las circunstancias que construyen nuestra vida diaria. Es lógico, el común de los mortales sabemos que ver y leer sobre lo desconocido, enfocado además desde el lado positivo, es mucho más relajante para el cuerpo y positivo para el alma, que enfrentarnos a la dura realidad que una caterva de desalmados han sabido entender mejor que la mayoría, hacer de su capa un sayo, y amargarnos un poquito más nuestra existencia a base de malas acciones… con lo fácil que resultaría hacer lo contrario, aunque, también hay que reconocerlo, sería más aburrido. Porque lo malo, ahí tienes los informativos de televisión como claro ejemplo diario, siempre vende mucho más que lo bueno.

La audiencia tampoco es algo que me influya como lo hacía antaño, en los inicios de esta bendita profesión a la que me dedico desde que tengo uso de razón y que sacia con éxito mi necesidad vital de hacer algo por y para los demás. Hace tiempo que, aunque sigo reflexionando en voz alta, lo hago convencido de que en nada influyo y nada cambio, pero lo hago y lo seguiré haciendo como herramienta vital de subsistencia.

Ayer fue un día de intenso de debates en un grupo de amigos empresarios en el que el 98% de los que estamos ahí mostrábamos nuestro convencimiento acerca de lo trufada con que venía la alegría de este Gobierno una vez conocidas las cifras del mercado laboral del año 2.022, que sin ser malas, tienen truco y esconden peligros que, al otro 2% le dan igual, llamándonos agoreros al resto. Dicen que el pesimista no es más que un optimista bien informado. A esos aparentes buenos datos, nuestros bien remunerados voceros del brazo armado de este gobierno aniquilador, les suprimía que este mes de diciembre ha sido el de menor creación de puestos de trabajo de toda la serie y que hay nada menos que 1.100.000 trabajadores que están parados, aunque al ser ahora llamados “fijos discontinuos”, suman ahora como operativos. El que no se consuela es porque no quiere.

Y además fue el debate perfecto para tapar otras “pequeñas anomalías” como la confirmación del atropello de la ministra Rivera que, aun en contra de lo que había pactado con el presidente Puig, también de su partido, nos corta el grifo del agua y deja el trasvase Tajo-Segura tiritando, demostrando que son trileros incluso entre ellos. El disimulo lo culminaron tanto Puig como Soler, mostrando su enfado con su jefe Pedro Sánchez, no vaya a ser que, a menos de cinco meses de elecciones, los electores no vean que les defienden. Menuda obra de teatro que tienen montada…

Aunque ni con esas supongo que podrán tapar tanto el caso de corrupción del caso Azud en la comunidad valenciana, donde cada vez es más evidente la financiación ilegal de las campañas políticas del Psoe de hace unos años, ni los 250 millones adjudicados a dedo también por los socialistas, que acaban de florecer en el reino de Aragón. ¿Puede ser la venganza del propio Sánchez a los excesos verbales del amigo Lambán?, ¡ya me lo creo todo!.

Son tantas las trampas diarias de este gobierno trampantojo, que no resulta difícil sacarlas a la luz, estando el verdadero trauma social en la ingente cantidad de compañeros de otros muchos medios de comunicación que, bajo el yugo del despido y siendo el gobierno el único grifo de oxígeno publicitario al que agarrarse como clavo que arde, se convierten en correveidiles del dispendio monclovita y esclavos de sus clamorosos silencios que tanto daño hacen en una sociedad cada vez más anestesiada y pasota. Quince son los nuevos etarras que están a punto de salir a la calle, toda vez que ya se ha consumado el miserable traspaso de todos ellos a las cárceles que tienen al lado de sus casas para que, antes de que vuelva haber un gobierno decente en España, puedan estar de patitas en la calle riéndose de sus víctimas.

Mientras tanto y a pesar de que todavía quedan casi tres millones de españoles que, en teoría, no tienen trabajo, este mismo gobierno desespera exigiendo a médicos y funcionarios en edad de jubilación que continúen ante la escasez de profesionales. Quizás, y sólo quizás, si se empleara menos tiempo y dispendios en regar a todo dios con subvenciones, paguitas y cheques, y se empleara en formación y creación de expectativas, otro gallo nos cantaría. Pero claro, no sería entonces un gobierno social comunista, sino liberal el que dirigiera nuestro país.

Seguiremos avanzando entre mentiras hasta la victoria final. Y sino que se lo cuenten a los cientos de miles de pequeños tenderos que, desde hace tres días, se vuelven locos para ver como aplican esta barbaridad de bajar el iva de manera tan misera que, aunque permite al señor Sánchez aparentar que hace cosas en defensa de los que el llama más desfavorecidos, vuelve loco a los miles de pequeños empresarios que tienen que modificar todo su género… para que todo siga igual. Lo que nadie nos dice con altavoz es que desde que ellos gobiernan, los impuestos que paga cualquier español se han multiplicado por mucho, creyendo todavía ese casi 25% de los que hoy les seguirían votando, que no es así… resulta increíble tanta estulticia.

Finalizo rindiendo admiración hacia la figura del recién fallecido Nicolás Redondo, secretario general de aquella verdadera UGT que requería heroicidad en defensa de la clase trabajadora, y no la vergüenza que vemos ahora en unos cargos que rinden pleitesía a quien riega sus altavoces de exigencia para que bajen el volumen al mínimo mientras son juzgados por corrupción en varias comunidades. Como ha cambiado el cuento, Nicolás.

Disfruten lo votado.