Bienvenido 2023

Cerrar página al cabo del año nos da la posibilidad de hacer repaso de los acontecimientos vividos a lo largo de los últimos meses, así como balance de nuestras propias actuaciones.

También nos lleva, inexorablemente, a la conclusión de que la vida es lo que nos pasa mientras nosotros estamos ocupados haciendo otros planes, como decía John Lennon. La vida no se para jamás y nos arrastra en su devenir, pues suceda lo que suceda siempre hay un amanecer al día siguiente y todo continúa. No nos queda otra que seguir dando pedales, en cualquier circunstancia y aunque a veces nos puedan faltar las fuerzas. 2023 se presenta como una magnífica oportunidad para hacer todas aquellas cosas que anhelamos, pero con las que nunca nos comprometemos en realidad y quedan en nuestra mochila de lo eternamente pendiente. Hagámoslo ahora, dado que el hoy es lo que tenemos; mañana no se sabe si vendrá, o si nos sorprenderá la parca con sus irrupciones en muchos casos sorprendentes y casi siempre indeseadas, a enseñarnos la puerta de salida. En nuestra mano está que esa puerta de salida sea grande y por todo lo alto, y no la de emergencia, o, peor aún, la de atrás. Nosotros somos los artífices de lo que nos pasa, por más que echemos constantemente balones fuera, lo que nos atribuye una gran responsabilidad. Ahora solo queda ver si sabremos estar a la altura del reto. 

Termina el año y me quedo con la sensación de que desde las altas instancias han estado tratando de meternos el miedo en el cuerpo durante todo 2022, alertándonos en plan “que viene el lobo”, como en el cuento infantil tradicional. Parecía como si no quisieran que nos recuperáramos del palo de la pandemia. No olvidemos que el miedo es paralizante y que una sociedad asustada es más fácilmente manipulable. Decían que si íbamos a vivir una crisis energética espectacular, lo nunca visto, mientras la energía iba subiéndose por las nubes. Termina el año con unos precios por megavatio hora inferiores a dos euros, sin que nadie nos dé una explicación mínimamente entendible de por qué hace unos meses subió hasta casi los 308 euros. Para mí que los que mandan juegan con nuestros bolsillos y nuestras vidas, y deciden que ahora toca crisis y después período de bonanza. Y nosotros, ingenuos peones de este ajedrez viviente, nos entusiasmamos a la primera de cambio con el bienestar, que es más paralizante que la necesidad. Y así somos permanentes marionetas en este gran teatro del mundo.

Pues bien, ya han visto que el pánico que se anunciaba no se ha consumado, que los restaurantes y los hoteles están de bote en bote y la economía aún no se ha hundido, pese a la guerra en Ucrania. En nuestro país todo el mundo quiere pasar un buen rato y resarcirse así de la época del encierro de la pandemia que, insisto, será vista dentro de unos años como una fase oscura dentro de la Historia de la humanidad, en la que las personas fuimos víctimas del gusano del miedo a lo desconocido y aceptamos la privación de nuestros derechos más elementales a la vida como la conocemos, a salir a la calle, a relacionarnos entre nosotros, entre otras muchas cosas igual de vergonzantes, bajo el pretexto de la salud pública. Una sociedad en la que las personas están aisladas acaba siendo una sociedad enferma. Afortunadamente nos hemos rehecho bastante de todo aquello, pero hay mucha gente que se ha quedado tocada desde el punto de vista psicológico.

Ahora que arranca 2023 tenemos la oportunidad de continuar, pese a las amenazas de todo tipo. Vivir es riesgo y no podemos quedarnos quietos. Ni el virus que de nuevo nos viene avisando desde China, ni los numerosos problemas internos de nuestro país nos van a poder con nosotros, porque nuestra forma de ser diletante, que gusta del disfrute, del encuentro y compartir con otras personas, al final viene en nuestro rescate y nos salva de volvernos unos pobres desgraciados que, además de tener que trabajar para poder ganarse el pan, estén además reducidos a la obediencia de un sistema gobernado por las multinacionales y los ricos más ricos del planeta. Esos poderosos que deciden lo que tenemos que hacer en cada momento y ahora toca consumir, que es Navidad, bajo argumentos lacrimógenos de reencuentros familiares y amigos ausentes a los que añorar.

La Navidad y el cambio de año nos permiten reencontrarnos con las personas queridas y echar de menos a los ausentes, así como reconectar con nuestra verdadera esencia inmarcesible de personas que sienten y padecen. Y empezar 2023 es la oportunidad de ese nuevo mañana con el que siempre soñamos y al que podemos aspirar, desde nuestra individualidad y en conjunto con las personas a las que más queremos, que forman esa red de apoyo imprescindible con la que nadie puede. Seamos los artífices de un futuro mejor, todos juntos.

Fuente: BOM Radio Benidorm