Don Juan Carlos, bienvenido a España

Justo cuando enfrento el último de mis tres programas semanales, y aunque la actualidad informativa sigue estancada en el mismo punto que el martes pasado, o incluso más crecida y envalentonada todavía, hoy me apetece, siguiendo el mismo cariz de las dos horas que ahora afronto, hablar de algo que no sea la estúpida y tercermundista guerra de Ucrania y la cínica forma que el PP ha utilizado para resolver su verdadero problema interno. El resumen es fácil, todos hablan del dictador Putin aunque nadie le para los pies, y había que echar al torpe de Casado y se han inventado un caso de espionaje.

Leopoldo Bernabeu.- Desde que ayer conocí la noticia de que la vergonzosa fiscalía del estado, esa que según Sánchez depende de él, decidió archivar de manera definitiva la persecución contra Don Juan Carlos I, el cuerpo me pedía esto, que diera mi opinión. Lo he pensado en varias ocasiones, no porque haya dudado un solo momento en llevarla a cabo, sino por algo mucho más trascendente y que escapa a la sinrazón de todos estos niñatos que ahora mal gobiernan nuestro país. Por la vergüenza que me ocasiona ponerme a escribir de una figura tan relevante como la de Don Juan Carlos, consciente de mis innumerables carencias como escribano. Escribir y opinar acerca de esta figura histórica para España, es a priori tener claro que no vas hacer demasiado el ridículo.

Partiendo de ese principio, he decidido no entrar en demasiados tecnicismos para no pillarme las manos. Ni esos por los cuales Don Juan Carlos tuvo el pasado 3 de agosto de 2.020 que exiliarse de su país durante más de año y medio, ni aquellos por los cuales la vergonzosa, lenta y traumática justicia española ha decidido ahora, ¡que casualidad¡, que nada hay que achacarle al Rey y que por tanto puede volver cuando quiera a la nación que ha reinado durante casi cuarenta años y tanto le adeuda. Cito lo de casualidad, porque nadie ha de aunar dudas de que estos imberbes, soberbios y malcriados políticos que a nuestra generación está tocando vivir, han pensado que esta fecha, en la que no se habla de otro tema más allá de la guerra o del fiasco del PP, resultaba el momento ideal para que, sin demasiado ruido, se archivara esta cacicada y se olvidara en cuestión de horas. Algo que por desgracia, sucederá.

A pesar de mi edad, joven todavía pero escolarizado ya cuando Don Juan Carlos accedió al trono, no me creo en la necesidad de defender a nadie, mucho menos a una persona de esta talla. Es más, antes de que nadie piense de más, añado que soy un convencido de que nadie es perfecto, algo de lo que deberíamos alegrarnos todos, y Don Juan Carlos tampoco… De la misma manera que estoy plenamente convencido que aquellos que han tenido el atrevimiento de acusar a este señor de todo cuanto les ha apetecido, infamias varias incluidas, son los primeros que deberían mirarse en un espejo y después pensar si ellos están libres de culpa. Empezando esta criba por la Fiscal General del estado, Dolores Delgado, este infame personaje que sigue manchando cada día que pasa, el cargo y la toga que ostenta por su vergonzoso currículum, salpicado de lamentables decisiones y cavernícolas conversaciones, tales como las que anoche mismo volvimos a conocer en sus tejemanejes con su querida pareja el ex juez Baltasar Garzón, otro personaje que también pasará a la historia de este país por la refinada selección de sátrapas a los que decide defender, y el impoluto y pulcro ex comisario Villarejo, en la cárcel desde hace cuatro años por extorsionar a todo ser viviente de la política y la empresa que ande suelto por esta nación.

Este grupúsculo de subalternos del decoro, unos elegidos para gobernarnos y otros elegidos por los ya gobernantes, son los que decidieron que a Don Juan Carlos, imperfecto en su vida personal, pero clave en los momentos más complicados de la Transición Española, tuviera que tomar la más dolorosa decisión de su vida, marcharse de su país superados los ochenta años. Un Rey al que debemos gran parte del éxito político obtenido en aquellos años de plomo que hoy disfrutamos todos en avances sociales y estabilidad global, un modelo con tal nivel de éxito que ha sido copiado por gran cantidad de las actuales democracias y que se sigue poniendo de ejemplo de transición de dictadura a democracia en muchos otros que para sí la quisieran.

¿Quiere esto decir por tanto que Don Juan Carlos podría haber hecho lo que le viniera en gana?. En absoluto. La larga historia de la humanidad nos ha demostrado que está llena de reyes locos y sanguinarios. Pero no es el caso. Aquí hablamos de otra situación muy distinta y todos los sabemos. He crecido siendo consciente de la importancia y trascendencia de la figura de Don Juan Carlos, y leer libros como “El Jefe de los Espías”, todavía me ha hecho elevar más mi altura de miras para con personas como él. Un libro en el que, todo hay que decirlo, también se descubren sus debilidades, cosa que agradecí.

Pero me quedo con sus éxitos, esos que redundaron en que mi generación superara con éxito la dictadura que vivieron y sufrieron mis padres y abuelos, esa que permitió la superación de los odios que enfrentaron a dos Españas muy distintas, y que los últimos gobernantes socialistas de este país se han ufanado en recuperar a través de la caprichosa memoria histórica. Esa que sirve para recordarnos los dantescos capítulos de la guerra civil y sacar al dictador de su tumba, pero no para criminalizar a los terroristas etarras que han sembrado el dolor en la España de los últimos y cercanos 50 años, con más de 800 españoles asesinados.

No es de extrañar por tanto que a estos malcriados, hijos de papá que todavía nos gobiernan, iluminados que sueñan con un país de las maravillas sin esfuerzo alguno, les moleste todo esto que huele a Monarquía. Esta es la única y verdadera realidad de la situación que ha tenido que soportar y padecer Don Juan Carlos, el ansia por derrocar a Felipe VI, su hijo, y recuperar aquella República que regó de desgracias y sangre la España de finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. Y aunque no es aquí donde toca, no me resisto a añadir que, en mi opinión, la actuación del propio Felipe VI, dejó de mucho que desear, pareciendo más una claudicación que otra cosa.

Me alegro por tanto de poder escribir esto hoy. Asumo todas y cada una de mis palabras. Ojalá vuelva tan pronto Don Juan Carlos al país del que nuca debió salir, y a esa llegada se una al fin de este ciclo político convertido desde hace demasiado tiempo en pesadilla. España le debe una disculpa a este señor. Estoy seguro que este Gobierno no será quien se la ofrezca, ni estos tiempos que corren, llenos de incultura y analfabetismo, los adecuados para entender todo esto. Pero no me cabe ninguna duda de que la historia Sí le reconocerá la labor que ha hecho por España.

Ojalá todo lo que estamos viviendo desde hace tiempo en este país sirva para que nunca más volvamos a creer que da lo mismo a quien votemos, que todos son iguales. La clase política de hoy deja bastante que desear, sobre todo si se la compara con la que pudimos disfrutar los españoles en los primeros años de la Transición, pero algunos son mucho peores que otros. Y sobre todo más malvados y perversos. Recuérdalo. Quizás no tengamos más oportunidades para reconducir esta nación. Nadie pensaba que Chávez llevaría a Venezuela, el país más rico de Sudamérica a donde está, ni que Putin, cuando se le eligió hace 20 años, terminaría por provocar una guerra que se puede convertir en mundial y definitiva. Son capítulos que ya habíamos vivido y hemos vuelto a repetir. Por favor, aprendamos de una vez la lección.

Mientras tanto, disfruten lo votado¡¡