
Fernando Fer.- Al plácido sol que Enero nos brindó y Febrero alarga y que violento nos quita cuando oscurece, noches tan frías como claras nos deja como queriendo excusar su gélida sacudida con ofrenda en forma de nitidez celeste, todo ello evidencia un bipolar y enrarecido comienzo de año. Rítmica composición de estrellas nos regala esta época, como las que la mano de Vincent Van Gogh recorrió hace casi dos siglos para dejar constancia, sin saberlo él, de su genialidad sin precedentes.
Nacido en el seno de una familia acomodada del sur de Holanda, Vincet fue dando tumbos entre la teología y profesor de clases de francés entre otras ocupaciones, pero fue la de aprendiz de comerciante de arte junto a su tío y más tarde su hermano la que marcó el resto de su inquietante vida.
Fue su hermano Theo quien soportó sus etapas de delirio incontenible , su protector incondicional, sabedor de sus miedos relegados por el terror que siempre amenaza y nunca se ve, el peor de todos, pernoctando cuando enloquecía, fantaseando en los campos claros de árboles raramente inmóviles ante la mirada de nuestro pelirrojo universal.
Retratandose a sí mismo en cientos de ocasiones por no acabar de encontrar al Vincent que le permitiera ser como los demás, imperantemente necesitado de definir su personalidad con continuos autorretratos, signos evidentes de falta de autoestima y dolor por esa incierta ausencia de autoconfianza, ávido de dar con su yo real.
Esclavo de su genio, esclavo de las líneas maestras de los pintores y artistas de aquella época, esclavo de su gran amigo Paul Gauguin, quien provocó que se cortara la oreja, insolito y esperado alarde de impotencia enajenado quizás por las encorsetadas y definidas pautas de sus compañeros de profesión.
En sus pinturas encierra la música de sus solitarios pinceles y sin quererlo él, quizás las notas del piano de sus contemporáneos Erik Satie y Claude Debussy. ¡¡ Lástima Vincent, no haberte inspirado en Les Gnossiennes o el Arabesque !! ¡¡Qué unidas sus composiciones a tus dibujos!! Ellos también dejaron lo convencional y, como nuestro Vincent, dieron paso al Impresionismo. Sus trazos tan perezosos como perseguidores de algo intangible pendían del hilo de su locura, el mismo cielo le fue dictando en el idioma de los genios cada gesto , cada haz de luz arremolinado y sutil , extraño y elegante. Vivos y atenazados colores desprendían las estrellas que Vincent veía. Así como su cordura aclamaba claros y coloridos bosques de flores, imágenes de personas pelando patatas y prostitutas, la espera incansable y quieta de aquel tren, los girasoles de la campiña a la que acudía tan a menudo, su extravagante delirio llenaba de oscuras pinceladas las noches de sanatorio y tenebrosa tristeza.
Quizás si Vincent nos escucha o incluso nos ve y es sabedor de que algunas de sus pinturas son las más valiosas del mundo, como su Noche Estrellada y dejara atrás su mugrienta reputación de loco solo por ser diferente, pudiera ser que lanzara al mundo un autorretrato sonriendo, La Sonrisa de Van Gogh…. Puede ser que si escuchase la canción «Starry Night» , compuesta en honor a su Noche Estrellada por Don McLean e interpretada entre otros por Julio Iglesias… Quizás si Vincent hubiera sido consciente de que era el precursor de una ruptura no pactada con lo convencional de aquella época, de que había personas, como él, con más inquietudes de lo normal en aquel entonces, como Eric Satie o Debussy, a los que no conoció pese a haber coincidido en el tiempo, sólo quizás, nos habría dibujado otra vida y otra muerte.

Dedicado a mi amigo Manolo Mora que, cuando éramos solo unos adolescentes tuvo el solemne detalle de regalarme una preciosa reproducción de La Noche Estrellada, la cual guardo con especial celo.
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