Quico el Fotógrafo refleja una etapa de la Historia de Benidorm

Puede ser una imagen en blanco y negro de una o varias personas

Paco Amillo.- Quico El Fotógrafo empezó su actividad como fotógrafo profesional en 1956, el año en que se aprobó el primer PGOU de Benidorm y el pueblo de 3000 habitantes empezó a transformarse en ciudad. No lo hizo de repente y por eso Quico pudo retratar los dos mundos: el rural y marinero que empezaba a desaparecer y el turístico que emergía cada vez con más fuerza.

El primer aspecto, el tradicional, es el que reflejan estas dos fotografías.
La fotografía 1 es el retrato del “ti Quico el Moreno”, año 1959, publicada en su primer catálogo. Esta persona presentaba un crecimiento exagerado de la nariz y el labio superior a causa de una enfermedad llamada neurofibromatosis. Quico que nos lo presentó con su pobre vestimenta y su físico deforme pero destacando también un aspecto en el que coincidían todos los que lo conocieron: era una persona bondadosa y afable. Hace el retrato de un ser humano enfermo que suscita nuestra compasión. Vivía en la calle Tomás Ortuño. Me comentaban que a los niños les hacía gracia ver cómo se levantaba el gran labio para ponerse el cigarrillo en la boca.

Puede ser una imagen de 10 personas, personas de pie y texto que dice "美 Un albat o mort d'un angelet. Capdamunt del carrer Major. 1959"


La fotografía 2 nos muestra el entierro de un “albat”, o niño muy pequeño. El féretro blanco es símbolo de su inocencia. Es portado hacia la iglesia por niñas con traje de comunión con un ambiente en el que, a pesar del dolor, se quiere mostrar alegría porque su alma ha ido directamente al Cielo.

La mortalidad infantil era antaño muy alta y en su mayoría por enfermedades infecciosas que hoy apenas nos afectan. A principios del siglo XX de cada 1.000 niños nacidos había unos 173 que fallecían antes de cumplir el año. La cifra fue bajando poco a poco y en 1934 era de 118 por cada mil.

En 1959, fecha de la fotografía, había bajado hasta el 50 por 1.000 en el quinquenio 1955-1959. El descenso era mayor en las ciudades que en los núcleos rurales. En Benidorm aún seguía la tradición de un entierro especial para estos “angelets”.