Ana Lúpez: una leyenda entre las vedetes

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Así veíamos el pasado domingo a Ana Lúpez Chaparro a su salida de la parroquia de San Jaime y Santa Ana de Benidorm el pasado Domingo de Ramos, con su ramita de olivo en la manos y satisfecha de haber cumplido con la tradición católica, de la que se dice creyente. Ahora jubilada, a sus 79 años (que ya los quisiera para mí), esta artista. que se ha subido a los escenarios de medio mundo dice sentirse tranquila, serena, en paz. en su Benidorm querido donde lleva residiendo, como miles de jubilados, desde hace cuatro años. Pero, ¿quién ha sido Ana Lúpez a parte de la primera persona operada de cambio de sexo en España? Y una empresaria de poderío en los años noventa en Barcelona y una vedete internacional que se ha subido a los escenarios de medio mundo. Su historia no tiene desperdicio y yo, como vecina y periodista, estoy aquí para contársela a ustedes. 

UN REPORTAJE DE BELÉN RICHARTE

La historia de Ana comienza en Guaymallén (Argentina) donde nació en 1949. Tuvo una niñez traumática. Cuando empezó a hacerse adulta la vedete retirada afirma que “podría decirse que todo transcurrió de una forma muy sufrida”, -y añade- “era hija única, después mi madre se enamoró y tuvo con otro hombre siete hijos más, mis hermanos, a lo que  amo; sin embargo yo creía que era una nena, ¡hacía pis sentada!” 

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Y continúa: “Antes de que mi madre se volviera a casar yo era la más mimada, vivíamos en la Galería San Martín. Mi madre creía que en realidad yo estaba enferma, me llevaba al médico, ¡Imagínense…! ¡Estamos hablando de la época de Cristóbal Colón! ¡Soy jurásica, como digo…! 

Época difícil 

Entre la pubertad y la adolescencia “me daban ataques, pero de mariquita loca, porque yo estaba celosa de todo lo que estaba pasando. Gritaba, peleaba, me llevaban al hospital y allá aprovechaba: me disfrazaba con las sábanas para cantarles a los niños. ¡Me encantaba cantar, sí, y a veces me invitaban a hacerlo en fiestas y cumpleaños, pero para burlarse de mí, yo no me daba cuenta, qué ignorante que era! Me llamaban “María Félix”, y mi madre se enojaba muchísimo. Yo era bastante rebelde, pero después empecé a crecer y nos mudamos a Las Heras”, cuenta.

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Con tan sólo 13 años se fué de casa. “Me motivaron los celos, al ver que mi madre estaba con otro hombre, ver que él era muy machista. Me asumí como gay a esa edad y entonces descubrí quién era. Fue duro”, relata 

En esos días la futura vedete internacional dormía en las vías del tren, “cerca de los cañaverales de Las Heras”, -y subraya-, “un gran amigo, Cacho Ormeño, que también tenía 14 o 15 años, me llevaba comida. cuando su madre se iba a trabajar, me llamaba para ir a dormir con él, me siguió, me cuidó… Ese es el buen recuerdo que me llevo de toda esa época: amigos, lo hermosamente mimada que fui”. 

Con tan sólo 15 años marcha a Buenos Aires, donde estuve presa en la penitenciaria de Devoto en varias ocasiones. “Allá pasé momentos muy duros, que sería difícil decontar aquí; pero allí di también mis primeros pasos como bailarín de cabaret, hasta que a los 20 años viajé escondida en una balsa hasta Montevideo (Uruguay)”, recuerda. 

Relata que “esa época fue crucial para mí porque participé en el programa cómico “Telecataplúm”. Ahí vi a unos travestis brasileños que me encantaron, y empecé con el transformismo. Una amiga me prestaba las pelucas y el vestido, aunque no me prendía atrás porque ella era más flaca, pero no me importaba”. 
Fue también en Montevideo donde descubrieron a Ana Lúpez y la contrataron para el Maipo y el Nacional. “Trabajé con Nélida Lobato y Zulma Faiad.  Dice ser una autodidacta pero en Uruguay recibió clases de Ballet, la disciplina de la Danza y del Ballet Clásico Moderno, y folklore argentino, tenía 18 años. 

“También recorrí varios teatros de Buenos Aires (¡tengo hasta fotos con Mirtha Legrand, que iba a vernos!), y después Sudamérica: Perú, Bolivia, Colombia, Uruguay, Paraguay con Moria, que cuando volví a Buenos Aires me contrató para “Mundialmente Moria”, recuerda que aquello fue a principios de los años ochenta. 

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“En esos años ya era muy conocida, cualquiera que mire las revistas de la época puede comprobarlo, aunque, si me paraban en la puerta del teatro, me seguía presa”, -lamenta-, “por eso quería irme. Un día el marido de Moria, Carlos Sextón, me prestó un abrigo, me corté el pelo con una tijera y me fui a sacar el pasaporte. Ya tenía pechitos, porque había empezado mi transformación, pero tuve que apretármelos: iba, por decirlo de alguna forma, disfrazada de hombre, -y continúa con el relato de su vida-, “le dije al jefe de policía que quería irme, que necesitaba el pasaporte, aunque pensaba que no iban a querer dármelo porque tenía antecedentes. Ese hombre, muy hache de pe, me dijo: ‘Sí te lo vamos a dar, porque gente como vos no queremos aquí'”. 

Ana marchó a Brasil donde la contrataron como vedete para luego trasladarse a Portugal. “¡Y bueno… mi historia allá es tan larga que no podría resumirla en esta página!”. Y lamenta 

Ana admite que “hoy puedo decir que fui gay, transformista, travesti, transexual. Y ahora soy “reasignada”, porque me reasignaron un sexo”. 

Regresó a Argentina cuando murió su padrastro, de quien terminó siendo la hija predilecta, “con mi pareja, un italiano que fue lo más hermoso que me ha pasado en la vida. Mi familia me aceptó, mis hermanos me aman y mi madre también. Ella, de hecho, fue la primera persona que me animó a que me operara”, resalta orgullosa. 

Ana Lúpez aterriza en España 

Bailaba, cantaba, hacía acrobacias y fue vedete por toda Sudamérica y España, donde aterrizó en diciembre de 1979 y comenzó como bailarín. 

Asegura que en esa época en España y en muchos otros países “nadie hablaba de transexualidad eras simplemente un mariquita”. Hace 34 años que se operó, convirtiéndose, de este modo, en la primera transexual operada legalmente en España. “¡Por eso digo que fui precursora en este país…!” 

A finales de 1979 un empresario de Portugal contrató a la vedete en Lisboa e hize cuatro meses. Después viajó a Madrid, donde Dino Diana, actual dueño de la Sala de Fiestas Molino Benidorm tenía un local en la Plaza de España. Dino contrató a la vedete que trabajó con el coreógrafo del gay club Jorge Aguer que buscaba artistas; “a mí no me quería dar trabajo porque dije que era vedette y ellos tenían una muy buena, Elián, bien -les dije- ponerme en el grupo y así demuestro lo que sé, aunque cobraba menos y así fue”. De este modo empezó a trabajar a principios de los años ochenta Ana Lúpez en España. 

Ana fue la primera mujer “reasignada” operada en España. Fue una reconocida vedete en la revista porteña y ya aquí trabajó incansablemente con varias “chicas Almodóvar”. 

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“Soy muy amiga de Moria, viví con ella dos años, trabajé con Carmen Barbieri, Pepito Marrone… Participé en la película “Las edades de Lulú” de Bigas Luna, actué con varias “chicas Almodóvar”, -comenta orgullosa- “Pedro Almodóvar me llamó, de hecho, cuando estaba en Buenos Aires, para audicionar el papel de la ‘Agrado’ en “Todo sobre mi madre”, aunque al final no pude ir porque justo mi mamá acababa de morir”. A día de hoy Ana subraya que esta decisión no le fue difícil tomar “porque no me di cuenta de lo grande que era la proposición, creo que fue el destino”. 

En Benidorm de la mano de Dino Diana 

Ana Lúpez descubrió Benidorm porque vino a la inauguración de la  Sala de Fiestas Molino, -y explica- “ya era empresaria en las Islas Canarias, donde tenía una sala llamada Paradise en Maspalomas y como empresaria estuve 32 años y ahora vivo aquí desde hace cuatro años,  jubilada como todos los abuelos y me encanta. 

Aunque, cuenta, que después de los 60 años perdió la cuenta. ¡“Puedo decir una cosa bien clara: estoy viviendo la juventud de mi vejez. En mi casa guardo todos mis recuerdos: en las paredes hay fotos de toda mi carrera, pinturas que me han dedicado, guardo las notas recortadas que me hicieron en muchos diarios y las tengo plastificadas para que no se arruinen y, también, fotos con muchos artistas con los que coincidí en algún momento: Verónica Forqué, Rossy de Palma, etcétera”! 

Hoy me asegura sentirse muy feliz. “Porque me cambió el chip: decidí que la vida hay que vivirla al día-a-día y que las cosas salen solas, como la posibilidad de contar mi historia ahora. ¡Y no me siento sola, para nada, soy feliz, aunque nadie es feliz totalmente. Estoy operada y no tengo ningún trauma. Estoy bien con mi familia y mis pocos amigos, soy muy ermitaña (eso mi familia me lo reprocha). Soy muy católica también, creo en San Expedito, que me cumple todo. Ah, y además estoy sana, y eso ya, es tanto! ¡Vivir tranquila con mi perrito, poder ver a mi familia por última vez y que me quiten lo bailado”. 

Ana se reconoce como una persona: ¡Muy católica, aunque no voy todos los días a la iglesia, pero tengo mucha fe y agradecida a Dios por estar bien y viva!, -y apunta-, “¡te agradezco mucho tu entrevista, tan sólo quiero pedirle a Dios que esto pase y vuelvan los artistas a trabajar, empresarios a contratar y darle mil gracias y bendiciones a todo el mundo de la Cultura”! 

“La única desilusión que tengo es que en Benidorm muchos no me conocen”, -lamente-, “aunque mi historia es algo que hay que conocer no por nada digo que soy una leyenda: estoy haciendo mi libro, pero también se está produciendo un documental y una película sobre mi vida, que como ya te he comentado es difícil de resumir en una página”. 

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 La que suscribe estas líneas ha tenido la suerte de ver a Ana Lúpez actuar encima de un escenario a hace un par de años y he envidiado la fuerza de esta artista sobre el escenario, su manera de moverse, su caracterización, sus piernas, su poderío, en una breve imitación de Tina Turner que realizó en una gala benéfica organizada para sacar fondos para   “Mujeres con Voz”, asociación comarcal que se encarga del asesoramiento, ayuda y acogimiento de mujeres maltratadas. Plasmó, como nunca antes había visto la fuerza, el genio, la singularidad y el vigor de la Turner que esa noche se paseó por el escenario de la Sala de Fiestas Molino de Benidorm de la mano de Ana Lúpez ¡Te lo digo de corazón! Y de paso te agradezco aquella actuación ante todo. “Sí, Tina es un personaje longevo como yo, la imito hace 25 años y siempre hacia galas benéficas en el Molino, donde en 2019 me despedí de los escenarios, en la casa del hombre que me dio mi primer trabajo en España Dino Diana”. 

Lo que sí quiere Ana Lúpez es dejar unos mensajes de esperanza a nuestros lectores y lectoras: ¡“Qué nunca se den por vencidos. Que si quieren luchar por algo,(no solo respecto al cambio de sexo) que lo hagan, que nunca tengan miedo. Hay que seguir para adelante, aún con palos en las ruedas y luchando por la paz, que es lo que falta en el mundo!”. 

Barcelona de Noche* 

Fue el lugar más emblemático de transformismo de la Ciudad Condal, toda una institución por la que pasaron numerosos artistas y admirados showmans

La Sala abre sus puertas en 1936, destinada principalmente a espectáculos de flamenco. No es hasta principios de los años setenta cuando cambia de tercio y se decanta por los números de travestismo, en manos de unos nuevos dueños que ya habían probado la fórmula en ek cabaret Cambrinus. Es entones cuando empiezan a representarse espectáculos como “Noches de Otoño”, “Delirio de estrellas”, “Happy 73”, “Loco, loco, cabaret”, “Azulísimo”; “Gay story”, “Corbatas y ligas” y “Nosotras”. La mayoría de ellos estuvieron encabezados por Dolly Van Doll, Madame Arthur, Pierrot y Pavlosvky, que permanecieron durante largas temporadas en aquellos primeros años de reconversión. También pasaron por allí, como vedetes, Christa Leem, Bibiana Fernández, Yeda Brown y Coccinelle, todas de manera puntual. Hay que señalar que en “Barcelona de Noche” cogieron tablas artistas que triunfarían posteriormente fuera de allí, como: Paco España y Elianne, que cosechaban sus éxitos mayormente en Madrid, o Violeta la Burra que tras ocho años en la sala barcelonesa alcanzaría notoriedad en el cabaret “Whisky Twist”.

Alfredo Kier y Pirondello fueron dos de los presentadores destacados y Cristine ascendió hasta convertirse en primera vedete. Sylvan’s, Bianca Fox, Nicol, Samantha y Mimí Pompón también se encuentran entre los nombres propios que formaron parte de los existosos espectáculos de la etapa de la Transición. 

Durante los años ochenta , el local cambió de propietarios en diversas ocasiones y acogió espectáculos que llevaban por título “Tapias Street, “Local de Amor, “Señoras y caballeros”, “Recuerdos”, “Las tretas de Ana”, “Un desplume diferente” y “E.L.L.A.S”, entre otros. Ana Lúpez, además de ejercer de empresaria, se alzó  como la vedete principal de dicha década, acompañada en el elenco por Yani Forner, Patrick, Manel Dalgó, Jáiza, África y otros y otras artistas. Pirondello y Pierrot regresaron durante aquellos años para hacer las veces de maestros de ceremonías, al igual que Madame Arthur y Christa Leem, quienes volvieron a subierse al escenario de manera más puntual. Alberto Aurenti destacó como showman en los últimos años. La sala ofrecía dos espectáculos distintos a lo largo de la noche y fue el decorado de multitud de películas y series rodadas en Cataluña. 

Un plan de reforma en el barrio del Raval, en vistas a modernizar la ciudad para albergar los Juegos Olímpicos de 1992, llevó a la mítica sala a su fin, coincidiendo con el declive de un género que tantas alegrías había dado a un público entregado años atrás. El 16 de septiembre de 1990, “Barcelona de Noche” cerró sus puertas, dejando para siempre el testimonio de quienes pisaron con garbo sus tablas. 

* Extracto del libro de Valeria Vegas, Barcelona de Noche.