Olores

Por qué no somos capaces de percibir nuestro olor corporal

Fernando Fer.- Esta mañana no hay nube que resista el sol de invierno ya primaveral que desde bien temprano se deja ver por el ajimez polvoriento de la tormenta de días pasados.  Con la llegada de la primavera,  los cardos en flor y el manso flujo de  la escarcha de noche clara y fría , con gota incesante derrite y hace sonar al caer los quebradizos yerbajos secos como premonizando el ritmo que hemos hoy de bailar, o mañana, lo más parecido a un tango si me permite Gardel. 

En esta época de entretiempo  su  cromatismo y alegría nos va haciendo ver las cosas diferentes , terapia universal la luz, el cambio de hora nos da el empujón definitivo hacia un mejor estado anímico y por tanto físico.

Y con todo este florecimiento tan cíclico como inevitable nos llegan nuevos olores, y mirando la actualidad a vista de pájaro nos llegan aromas variopintos. 

Huele el show político de este país al más puro estilo americano.  Los partidos políticos nos han acostumbrado ya a su particular repertorio de fichajes al más puro estilo de los equipos más punteros del panorama futbolístico y se refuerzan con astronautas, actores y un edén de caras atractivas para ilusionar a sus  seguidores. Activan y desactivan, con su ya habitual resorte de mentiras la desilusión del ciudadano que ya en poco cree y con poco se conforma. 

Huelen las 29 millones de vacunas frescas y radiantes encontradas escondidas en una nave industrial en Italia, quizás preparadas para enviar a la Gran Bretaña, pasando por delante de las narices de una babeante Unión Europea a la que hoy por hoy  no llega ni una quinta parte de estas ni juntando a todas las empresas proveedoras, imagínese las que llegan a nuestro país.  A pesar de todo ello confiados estamos en que la Humanidad se haya puesto en marcha para dar solución a esta inmensa herida abierta y sangrante , la cual primero debe dejar de sangrar , luego cicatrizar, lo de olvidar ya debe ocuparse usted y su vecino padre de tres criaturas ansioso ya por volver a trabajar y dejar atrás este mal sueño.

Huelen , conforme pasan las fechas , los números de fallecidos a nivel mundial de esta pandemia, desde los datos españoles y chinos hasta los italianos pasando por casi todos los países sudamericanos, temiendo estaría yo de vivir por vivir en áfrica u oriente medio y no pertenecer a ninguna noble estirpe. 

Huele a oportunista aprovechándose de la gran recesión actual y su repercusión en los medios para trincar por detrás.  Y ahí entran varias profesiones que ahora mismo no recuerdo.

Huelo ( y por hoy ya está bien que  lo de oler lo llevamos menos bien) al pasado  día del padre y huelo su figura, la de mi padre, y la de todos los padres,  importantísima en una sociedad que escasea de valores y gana en inseguridades. 

Huelo a sus recortes de un viejo dossier taurino llamado Aplausos que estremecen mis manos y dejan caer al suelo otros tantos, entre las páginas de otro libro, este con más alma y menos gastado, todo a ritmo de pasodoble imaginado y real. 

Allá donde estés. No dejes de contarme cómo se huele todo desde ahí arriba.  

Fotografía de La Vanguardia