Benidorm, un pasado de 700 años y su futuro

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La imagen reproduce un cuadro del pintor Ribes Sogorb mostrando un combate entre naves musulmanas del norte de África y naves españolas. Acaeció frente al castillo de Benidorm desde donde todo el pueblo siguió su desenlace. Los ataques norteafricanos supusieron para Benidorm una crisis de más de dos siglos, la peor de todas las padecidas por esta localidad.

Paco Amillo.- El 17 de julio del presente año 2021 se cumplirán 700 años exactos de la primera mención del nombre de Benidorm. Se encuentra en una relación de las posesiones de Bernat de Sarriá que en ese mes y día del año 1321 aludía al castillo y pueblo de Benidorm: “et de castro et populam de Benidorm […] cum omnibus terminis, iuribus et pertinenciis” (ACA, reg. 222, f. 108r-110r). Está claro que se cita en ese momento porque había sido fundado unos años antes, no sabemos cuántos.

Que una ciudad tenga algo más de 700 años de historia no está nada mal, sobre todo si es tan asombrosa como la de Benidorm. Es una cifra redonda que nos invita a preguntarnos ¿durará otros 700 años? No podemos responder a esa pregunta, sería una elucubración inútil. Pero sí podemos preguntarnos por su futuro más inmediato, sobre todo en estos tiempos de COVID-19 que están suponiendo una dura prueba para la ciudad turística.Si analizamos en su conjunto esos 700 años podremos encontrar las claves de su supervivencia y hacer extrapolaciones para el futuro. Benidorm ha recorrido épocas y situaciones muy diversas y su estudio ayuda a entender su presente y a planificar su futuro. El factor clave para entender su pasado han sido los habitantes de Benidorm que se han visto condicionados a actuar por factores llegados desde el exterior. Su capacidad de iniciativa y trabajo les ha llevado a aprovechar los elementos favorables y a minimizar los desfavorables. Esa dinámica ha condicionado el devenir de este pueblo, llevándolo a veces a situaciones extremas. Así por ejemplo los ataques de corsarios norteafricanos que capturaron a todos sus habitantes y provocaron la despoblación de Benidorm durante siglo y medio. Otro ejemplo es el turismo en la primera mitad del siglo XX cuando los industriales alcoyanos empezaron a construir chalets en la playa de Levante y posteriormente el alcalde Vicente Llorca Alós adaptó Benidorm a esta nueva actividad adecuando espacios como el Castell, la Plaça del Torrejó y el Parc d’Elx. Los alcaldes que le sucedieron continuaron cuidando el turismo y surgieron los primeros hoteles. En 1936, con el alcalde José Miñana, Benidorm ya tenía un sector turístico apreciable que paliaba las insuficiencias de la economía tradicional y auguraba un futuro prometedor. Pero de repente llegaron la crisis económica de 1929 y luego la Guerra Civil y el proceso se cortó en seco. Tardó casi una década en recuperarse. Fue a partir de 1950, bajo el impulso de Pedro Zaragoza Orts. Benidorm aprovechó una coyuntura nacional e internacional favorable y consiguió atraer gran número de turistas, construyó una gran planta hotelera, rompió la estacionalidad y resolvió el secular problema de la escasez de agua con una planificación integral de los recursos hídricos que es modélica.

Estamos a principios del siglo XXI y Benidorm es ya un destino turístico consolidado y un modelo eficiente y sostenible de ciudad, un destino turístico inteligente que potencia sus playas y también su entorno natural. La Cuarta Revolución Industrial, con las telecomunicaciones y la Informática, ha beneficiado en gran manera a la actividad turística y ha permitido al Benidorm del siglo XXI encarar su futuro muy bien preparado y con grandes expectativas.

La crisis económica del 2008, consecuencia de factores externos como la quiebra de la norteamericana Lehman Brothers, le afectó en un primer momento pero después se recuperó y el turismo ayudó a aliviar a España de la “crisis del ladrillo” que tanto daño causó en otras localidades.

En los últimos años ha sido decisiva la decisión de construir un Benidorm más humano con la peatonalización de muchas calles del centro, el acondicionamiento de espacios como el paseo de Poniente, el Castell o la avenida del Mediterráneo y la potenciación del patrimonio cultural (Castellum del Tossal, torre de les Caletes, etc.). Se ha buscado también una potenciación de los espacios urbanos verdes con la creación de los parques de la Séquia Mare y Foietes, con el plan EDUSI para las zonas naturales existentes al norte del casco urbano, incluyendo los barrancos como corredores verdes, además de actuaciones sobre el entorno de Serra Gelada.

Cuando Benidorm estaba en óptimas condiciones para cumplir su misión de ciudad turística sostenible y eficiente nos llegó de fuera la crisis de la COVID-19, un ejemplo claro de que la globalización, que tanto le había beneficiado hasta entonces, tiene también su lado oscuro.

Acostumbrados a los bulliciosos veranos de otros años, el de 2020 nos ha parecido desolador, con muchos hoteles y restaurantes cerrados. Las calles y las playas se nos antojaban vacías, no se parecían a las de antes… Una crisis económica tremenda, incomparablemente peor que la originada por la sequía de 1978. Y una esperanza, la vacuna, que también nos viene de fuera.

¿Cómo será el Benidorm post-COVID-19?

Hemos aprendido, a un precio muy alto, que una pandemia puede hundir una economía turística. Los expertos nos dicen que esta no será la última, que vendrán otras nuevas y más mortíferas. Es ingenuo pensar que tras vencer al SARCOV-2, que lo venceremos, nuestra vida será como antes. Tendremos que cambiar muchos de nuestros hábitos en previsión del futuro que nos pronostican los expertos y será imprescindible seguir sus indicaciones.

Si actuamos sabiamente, y en eso tenemos una experiencia de siglos, Benidorm seguirá teniendo futuro. Su historia nos enseña que ha sabido superar situaciones muy graves, renaciendo de sus cenizas literalmente hablando. Si por el contrario no actuamos de forma adecuada podríamos entrar en algunos de los largos períodos de postración que también ha padecido…

Es fundamental valorar la ciencia y la investigación que tanto nos están ayudando y para ello hace falta un buen sistema educativo. También un buen sistema sanitario porque sin salud no hay turismo. Los pasados recortes en estos conceptos, impuestos desde Bruselas, nos están pasando factura ahora y el mensaje es muy claro: el dinero público dedicado a ellos no es un gasto sino una inversión. El dinero privado invertido en las empresas turísticas para prevenir futuras pandemias, será garantía de su futuro.