El Virgen del Sufragio: cementerio e historia al borde del mar

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Muchos y muchas caminantes de las playas, paseos, avenidas y calles de Benidorm seguro que desconocen uno de los rincones más bellos de localidad: el cementerio viejo o Virgen del Sufragio, una joya mortuoria decimonónica casi a escasos metros del mar y desde el que se divisa una buena parte de la Playa de Poniente. ¡Ahora no, no es tiempo de visitas! Los horarios establecidos por la ordenanza municipal son muy estrictos para evitar el día 1, Festividad de Todos los Santos, aglomeraciones, pero otros días del año, cuando el Camposanto está en calma, es una gozada dejarse llevar por sus angostas y cuidadas calles que “Kiko” y su equipo miman y cuidan con esmero. ¡Ahí yace buena parte de la historia e ilustres apellidos de Benidorm al menos desde 1887!

UN REPORTAJE DE BELÉN RICHARTE

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Panteones para familias ilustres y tumbas para pobres de solemnidad. Nuevas disposiciones sanitarias. Apellidos borrados por el deterioro del tiempo que se vierten, de nuevo, sobre el presente. Estos son algunos de los elementos que desde hace unos años acoge la Biblioteca Central de Benidorm, en la que está a buen recaudo el reglamento con el que se dotó al viejo cementerio de la Virgen del Sufragio el 1 de abril de 1887, año en el que el camposanto experimentó una ampliación y pasó a ser de propiedad municipal.

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De hecho si paseas por sus angostas calles (máxime si estás acostumbrada a hacerlo por las del cementerio nuevo o de San Jaime) y te vas fijando en pequeños detalles, nombres, apellidos tumbas y panteones constituye una impagable radiografía sobre la sociedad decimonónica de Benidorm. “Desde un punto de vista estructural y arquitectónico el cementerio demuestra que el paso hacia el más allá también tiene sus jerarquías: en las fotografías destacan sin duda la majestuosidad de los dos panteones principales, dedicados a la memoria de dos de las familias más importantes del municipio: los Ortuño y los Orts. Gaspar Ortuño compró por 937 pesetas, en noviembre de 1887, 25 metros cuadrados de terreno sagrado para un panteón familiar con una inscripción en la fachada en latín cuya traducción sería: “Para Dios, el mejor y más grande”. En cambio, el suelo del panteón adquirido en 1898 por Josefa Orts por 1.250 pesetas se encuentra en la actualidad en perfecto estado. Con el tiempo, claro, los precios se dispararon: en 1959, unos terrenos de dimensiones semejantes valían 5.000 pesetas”.

Por supuesto que estamos hablando de lo mejor del camposanto. Tumbas más modestas tenían a finales del siglo XIX precios menos exigentes: “una sepultura de familia de primera clase” valía 180 pesetas, una sepultura de primera clase 65 y una sepultura de segunda, 20. La exposición muestra además una serie de diez sepulturas, algunas incluso anteriores a la fecha iniciática de 1887, cuyos nombres pudieron ser identificados por técnicos municipales, según explicó el responsable del Archivo Municipal, Antonio Couto, a raíz de una exposición que sobre el cementerio Virgen del Sufragio se llevó a cabo hace ya unos ocho años, cuando fue concejala Eva Mayor. Con ese trabajo se pudo recuperar el rastro de familias del pueblo: una forma de asomarse a la memoria a través de la muerte.

Niños sin bautizar

La segunda mirada reproduce de forma textual las disposiciones de aquel reglamento e ilustra cómo se tramitaba con la muerte a finales del siglo XIX, lo que es también una forma de explicar cómo era entonces la vida. El texto recoge “las nuevas tendencias sanitarias” de la época, ya más “propias del siglo XX”, añadió Couto. Por ejemplo, la creación del depósito de cadáveres. Desde una perspectiva científica, Benidorm ingresaba así en la modernidad. El reglamento detalla el personal que oficialmente debía estar adscrito al cementerio, un capellán, un sacristán y un sepulturero (que debía velar porque “no aparezca ningún hueso en el cementerio”), pero se ve que ya también en aquellos tiempos la crisis golpeaba duro: un disposición transitoria matizaba que hasta que no se contara con ingresos suficientes no habría ni capellán ni sacristán y que sus funciones serían realizadas por un conserje. En cuanto a los horarios, el recinto debía estar abierto “de sol a sol”.

El documento constituye además todo un fresco de la moral social y religiosa de esos tiempos: los niños sin bautizar serían enterrados en departamento separado así como los fallecidos “fuera de la religión católica”. Y además se habilitaban “manzanas especiales” para “inhumar gratuitamente” a “los pobres de solemnidad, personas muertas en la vía pública que no puedan ser identificadas y cadáveres cuyo enterramiento se ordene por providencia judicial y que no sean reclamados por sus familias”.

Enterramientos medidos hasta en el último detalle

El reglamento de 1887 que se guarda en la Biblioteca Central de Benidorm insistía en las reglas higiénicas que había que seguir en cada enterramiento. Así, los adultos debían enterrarse a una profundidad de un metro y medio, mientras que las tumbas de los niños debían contar con una profundidad de un metro. Todos los cadáveres debían cubrirse “con una capa de cal viva u otromaterial similar para neutralizar los gases” propios de la descomposición, excepto en el caso de que el difunto fuera embalsamado o enterrado en una caja mortuoria de zinc o cerrada herméticamente.

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Además, se establece que todos los restos de féretros o mortajas tenían que ser quemados tras su exhumación en el lugar más apartado dentro del recinto y que no podían celebrarse ningún enterramiento hasta no transcurrir 24 horas desde el fallecimiento. El reglamento también recoge que las sepulturas de tercera y cuarta clase debían tener un número por fosa, el mismo que debían grabarse en una chapa de plomo o zinc que se colgaba a los cadáveres de la misma “para evitar dudas”.

Por cierto, que aquellos que adquirieron suelo para “panteones” o “sepulturas especiales o de familia” antes de la apertura del ensanche del cementerio recibieron una “bonificación” del 25 por ciento sobre las tarifas recogidas en el reglamento.

Paseo con un sepulturero

Justamente hace unas semanas me encontré con un amigo que no veía desde hace tiempo y que había estado durante unos años de enterrador de uno de los cementerios de los dos que tiene Benidorm: el de la Virgen del Sufragio y el de San Jaime. Le pregunté lo típico: ¿Qué tal te va? ¿Qué tal la familia?, -me respondió- “ todos bien” y nuestro camino nos llevo charlando un buen rato. Le comenté que siempre que llegaban estas fechas me acordaba de él, y este año más que nunca, ya que no es un mal trabajo. “Sí, se cobra bien, trabajas al aire libre y los clientes no te suelen dar mucho la vara. Sí, es verdad que hay que tener una madera especial para soportar algunas cosas o que hay imágenes que se te quedan grabadas de por vida o una vez consigues acostumbrarte tampoco está tan mal”, me explicó. ¿Cuántos de los mitos que envuelven la profesión son ciertos? “Son eso, sólo mitos, a veces te llevas algún pequeño susto, pero como el cualquier profesión, por cuestiones puramente físicas: ¡el viento que tira la escalera o cualquier otro objeto, hace gran estrépito y se te pone el corazón a cien,…cosas de ese tipo. Nada más.”, aclara.

¿Cómo se hace uno enterrador, sepulturero o mozo funerario? O como prefieras que te llamen. “A través de un examen, respecto a cómo llamarme en esos tiempos como ahora lo único que pido es que cuando me llamen o hagan con respeto, -y me subrayó- “por lo general el sepulturero es una persona que sabe apreciar la vida por estar cansado de trabajar por la muerte, y que suele tener un exquisito sentido del humor. ¿Tienes tú un gran sentido del humor? ¿Qué tipo de humor de gusta? Respuesta: “¡Mujer esa pregunta no vale! ¡Tú me conoces de casi toda la vida y antes y después de ser enterrador lo mío con el humor negro viene de muy lejos!”. Reímos. “Los enterradores trabajan con uno de los mayores tabúes de la sociedad, es el humor negro una forma que sin faltarle el respeto a nadie representa una manera de alejarte y protegerte de las cosas que ves a diario”, puntualizó mi amigo.

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Para trabajar en un cementerio se tiene que tener la cabeza en su sitio, porque será difícil llegar a casa con una sonrisa cuando acabas de ver el sufrimiento de quien se ha despedido de un ser querido. ¡Figúrate este año! -es tajante- “¡No me lo quiero ni imaginar!Esto es algo contra lo que te acabas inmunizando pero aún así hay momentos, sensaciones y personas que se te quedan clavadas para siempre!”

“Los primeros días supongo fueron los más duros. Llegas con tu propia idea de lo que es la vida y la muerte pero al final, acabas viéndotelas frente a frente con la realidad y esto al final puede afectar al carácter, pero lo importante es pensar siempre que es un trabajo y los temas del trabajo no hay que llevarlos a casa, pero ni en éste ni en ningún otro de los miles que nos rodean o rodeaban”

¿Se pierde religiosidad ejerciendo esa profesión? “Eso depende de cada uno, en mi caso no. Muchos cometemos el error de pensar que el enterrador se dedica exclusivamente a enterrar. Pero es sólo una parte del trabajo, dependiendo del cementerio de que se trata requerirá de unas tareas u otras”.

Una vez al año se celebra el “Día de Todos los Santos”. Es cuando de repente todos se acuerdan de que tienen familiares en el cementerio y acuden en masa durante toda una semana. ¿Cómo lleva un enterrador estos días? “Son las fechas más tensas del año no sólo por que se multiplica por 10 el trabajo de mantenimiento, sino porque el número de conflictos entre quienes acude al cementerio también se incrementa. Son casos que se dan todo el año, pero que se multiplican durante este día con la invasión de sinvergüenzas, y lo dice la que escribe con todas sus letras, sinvergüenzas, que ni siquiera son capaces de traer sus propias flores y van a robar las de los demás. ¿Te ha pasado algún tipo de caso de estas características? “Ese día se producen casos que, como diría ‘papuchi, rarrooo, rarrooo, rarrooo, son, y sé a ciencia cierta que no son los muertos que son los vivos”, reímos de nuevo.

Por lo tanto ser enterrador es una profesión bastante menos aburrida de lo que parece, y los que trabajan en ello no son ni tan serios ni lúgubres como la leyenda hace pensarse. Pero no le preguntes lo que no quieras saber, no vaya a entrar en detalles, y si ves que van por el cementerio echándose unas risas no pienses que es por falta de respeto. Es su armadura contra la muerte. ¿Esto es así? Silencio

Mi amigo y yo concluimos el trayecto: “son momentos de muchos, muchos cambios, y muy rápidos, y que hay que estar fuertes y cuidarnos mucho” -me dijo-, pero también me pidió una cosa, que respetara su anonimato y que acabara mi columna de esta semana con el siguiente poema, ¡a mi amigo el enterrador lo que haga falta!: “A ver cuando tenemos un minuto y tomando un café volvemos a recitarlo juntos”.*

SENTADO SOBRE LOS MUERTOS

Sentado sobre los muertos

que se han callado en dos

meses,

beso zapatos vacíos y

empuño rabiosamente

la mano del corazón

y del alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes

y baje a la tierra y truene

eso pide mi garganta

desde ahora y desde siempre.

Miguel Hernández, ilustre poeta y oriholano universal.

Apellidos y panteones Ilustres**

La primera referencia sobre el cementerio antiguo o Virgen del Sufragio procede de 1808, con motivo de la donación de la vivienda propiedad de Gaspar Ortuño Orts quien puso como único condicionante que el Ayuntamiento se encargara de su mantenimiento. Hijo de Tomás Ortuño Vives destacó a nivel nacional, como político desempeñó el cargo de Diputado en Cortes para posteriormente ser nombrado Director General de Correos y Telégrafos.

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Familia Orts: Oligarcas durante la Edad Moderna y Contemporánea. La genealogía de los Orts incluye desde los primeros Orts que vinieron en el sigli XVII y fueron coetáneos a Beatriu Fajardo de Mendoza, hasta llegar a la figura de Pedro María Orts Berdín, que es el propietario del panteón de los Orts Salvá, construido tras la ampliación del cementerio en 1887. En él yacen los restos de Pere María Orts i Bosch, su nieto.

Los Orts pertenecen a una estirpe centenaria de grandes terratenientes, juristas, políticos y abogados que desde el s. XVII siempre estuvieron asentados en Benidorm, donde participaban en la actividad agraria, jurídica, política, social, militar y religiosa de la localidad.

Las raíces de Pedro María Orts Berdín las encontramos muy arraigadas a la historia y la devoción de un pueblo como Benidorm ya que fue el juez de Marina que receptó la imagen de la Virgen del Sufragio cuando la tarde del 15 de marzo de 1740 llegó el londo incendiado que la trajo a nuestras costas y que unos niños de la época encontraron en la playa.

Asimismo. José Manuel Francisco Orts García tuvo a nivel municipal una intensa actividad militar y política, ya que el 8 de septiembre de 1767 además de ejercer de abogado, desempeñó el cargo de las “milicias urbanas”, junto a su primo Francisco Orts Orts. Diez años después, en 1776, ejerció como alcalde de Benidorm, cargo que ostentó un año. De 1782 a 1790 colaboró activamente con el gobierno del rey Carlos III, y por tanto con José Moñino, conde de Floridablanca que le recompensó por los servicios patrióticos prestados con la cesión de un título nobiliario que rechazó.

Igualmente, parte de la prosperidad económica de Jaime Orts procedían de la almadraba de Benidorm, ya que ocupó el cargo de arrendatario de la misma en 1781 y también fue interceptor en en 1805.

También parte de la prosperidad económica de Jaime Orts Orts, hijo de José Orts García, casado con María Ruzafa Aracil, desempeñó el cargo de arrendatario de la almadraba de Benidorm, tras la muerte de éste la encargada del arriendo fue su esposa.

De igual modo a Jaime Francisco Orts Linares, hijo de Jaime Orts y Ángela Linares, por elección en 1732 fue nombrado tomador de reparto, equivalente a un impuesto que se cobraba en Benidorm a los terratenientes. Ese mismo año se propuso junto a Juan Such para que ejerciesen de alcalde “por turnos”.

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Por su parte, Francisco Orts Linares contribuyó económicamente para la adquisición de lo que sería la nueva casa consistorial en 1732, puesto que hasta la fecha los plenos se realizaban en el Castillo de Benidorm.

También Jayme Joseph Orts Linares fue alcalde de Benidorm en 1718, 1732, 1736, 1739 y1749.

Manuel Orts i Linares también fue hijo de Jaime Orts y Ángela Linares y al igual que su hermano Jayme Joseph participó en la actividad política de Benidorm y fue alcalde en 1769, a una edad ya muy avanzada, lo fue unos años antes que su hijo José Orts García, que lo fue en 1776.

Por su parte, José Orts Orts, alcalde de Benidorm de 1812 a 1813, compaginó su profesión de labrador-propietario, similar a lo que viene siendo un terrateniente, con la de político.. Fue además teniente de Milicias Honradas durante la Guerra de la Independencia contra los franceses y, posteriormente, Capitán del Ejército del Bando Realista.

José Jorro i Barber ejerció profesionalmente como notario de Benidorm en junio de 1762, aunque era oriundo de Altea. Tuvo una hija llamada Ana María Jorro Ripoll, que contrajo matrimonio con José Orts i Orts, por tanto fue suegro del alcalde de Benidorm y abuelo paterno del jurista e historiador Pedro María Orts Berdín.

José Orts Jorro fue ante todo un activista político municipal. Políticos “Hihienistas” en la lucha contra las epidemias del cólera del s. XIX. Abuelo y nieto formaron parte de los escasos seguidores del “Higienismo Sanitario” y colaboraron económicamente en la lucha y erradicación de las epidemias del cólera morbo de 1854 que afectó a Benidorm en aquel siglo.

Las mejoras en el cementerio se realizaron durante la participación en el gobierno de José Orts Jorro y su hijo José María Orts Berdín, así como también gracias a las aportaciones de Francisco de Paula Orts, Maximiniano Orts y Pedro Berdín.

Pedro María Orts Berdín, juez e historiador de Benidorm, abuelo paterno de Pere María Orts i Bosch, estuvo también influenciado por el “Higienismo Sanitario”, que se traduce en su obra “Apuntes históricos de Benidorm”, un compendio de medidas que debían llevarse a cabo en la localidad para erradicar las enfermedades.

Pocos años antes de morir, Pedro María Orts Berdín dejó voluntariamente su carrera profesional en la judicatura para retirarse a su casa de campo: “La Media Legua”, donde se dedicó a escribir sobre la Historia de Benidorm y de las comarcas de las dos Marinas. Su labor histórica fue reconocida institucionalmente por el Ayuntamiento en 1954, tras ordenar una investigación histórica exhaustiva al primer cronista oficial del Consistorio, Vicente Martínez Morellá, sobre el escudo de Benidorm que ya había sido estudiado en su momento por Orts Berdín.

Pedro María Orts Berdín tuvo un hijo llamado Ignacio Orts Salvá que no cursó estudios superiores para permanecer al lado de su madre. Se dedicó como terrateniente a la agricultura del arroz en Sueca y del almendro, olivo y algarrobo en Benidorm, localidad en la que también se centró en el comercio como empresario de transporte marítimo.

El primero de sus hijos fue un varón llamado Pere María Orts i Bosch, la segunda fue una niña (ya conocida por los lectores de esta columna semanal) Josefina Orts i Bosch y el tercero en llegar al mundo fue Ignacio Orts i Bosch.

Pere María Orts i Bosch nació y murió en Valencia. Estudió durante su infancia y adolescencia en Benidorm y marchó a la capital del Turia para cursar estudios superiores de Derecho, carrera que nunca ejerció.

El primer “cronista del Ayuntamiento de Benidorm” fue Vicente Martínez Morellá, quien desempeñaba tal cargo honorífico ya en 1952, y lo mantuvo hasta 1985, año en que fue nombrado Pere María Orts i Bosch, como agradecimiento hacia su persona por las donaciones de terreno que efectuó en 1963 al Consistorio. La corporación municipal le reconoció públicamente su trayectoria profesional como historiador y también aprobó en 1985 una moción, presentada por José Manuel Beneyto Maestre, en la que se solicitaba la designación del instituto de bachillerato de la localidad con el nombre de Instituto Pere María Orts i Bosch. Además, el 9 de octubre de 2008, Día de la Comunidad Valenciana, la corporación en pleno le concedió la “Distinción Cultural Ciudad de Benidorm”.

Tras su fallecimiento en Valencia, a los 93 años de edad, el jueves 26 de febrero de 2015, el Ayuntamiento de Benidorm en pleno extraordinario, realizado la mañana del 27 de febrero, , le concedió la Medalla de la Ciudad, creada en 1954. El cadáver de Pere María Orts i Bosch fue incinerado en un tanatorio valenciano desde el que se ofició la misa de entierro y sus cenizas fueron sepultadas en el Panteón de los Orts Salvá, en Benidorm. Ésta fue su última voluntad

Conclusiones

A pesar de que la historia del primitivo cementerio de la “Foia del Bol” o “Viejo” comenzó, según fuentes documentadas en 1804, su desarrollo se llevó a cabo a partir de la ampliación realizada en 1887. Por lo tanto fue a partir de su inauguración, el 12 de noviembre de 1887, cuando verdaderamente se produjo la construcción de los panteones y sepulturas de los personajes ilustres de Benidorm.

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La dinastía de los Berdín apareció procedente del sur de Francia a finales del s. XVIII y se extinguió a principios del XX. Fue una familia establecida en las poblaciones de Polop y Benidorm, que matrimonió con varias ramas de la familia de oligarcas Orts y Fuster. Sólo se conoce con certeza que los últimos descendientes apellidados Berdín Fuster tuvieron sepultura en el cementerio Virgen del Sufragio, en un enterramiento de familia, de “tercera clase”, adquirido en 1898 y que fue abonándose hasta 1913.

La sepultura de Berdín Fuster fue adquirida cinco meses después de la inauguración de la ampliación del camposanto y allí consta que fueron enterrados Pedro María Berdín Fuster (27 diciembre 1903) y Cosme Berdín Fuster (31 agosto 1968). Los anteriores miembros de la dinastía Berdín tuvieron que ser enterrados en otro lugar del viejo cementerio.

El caso de otro de los personajes ilustres de Benidorm es Leonor Canalejas Morayta, de la cual se tiene constancia que vivió los últimos años de su vida en su vivienda que todavía se conserva en el nº2 de la antigua calle del Horno, actual carrer Metge Cosme Bayona. En la documentación aportada se informa de que en dicha vivienda fue redactado su testamento ante la presencia del notario público de Benidorm, Lamberdo Castells, que fue quien se puso en contacto con el Ayuntamiento para hacer realidad el legado de Leonor Canalejas. Y la donación del inmueble se hizo efectiva el 18 de mayo de 1925. Por lo tanto, legalmente el testamento de Leonor Canalejas Morayta tuvo que llegar en enero de 1925 y ser enterrada en el Virgen del Sufragio puesto que vivía en Benidorm…; pues bien, no hay ninguna referencia a la sepultura de Leonor Canalejas en camposanto ni en 1924 ni en 1925. Por tanto se plantean tres hipótesis: en primer lugar, que falleció en Benidorm pero no fue enterrada en este camposanto; o bien pudo morir, ser sepultada en este cementerio pero las posteriores de éste hicieron desaparecer la lápida mortuoria; y, por último, que murió aquí, fue enterrada en el viejo cementerio pero en una sepultura de familia perteneciente a otra identidad que no era la suya.

Por su parte, el linaje los Ortuño fue poco prolífico. Se tiene constancia en el s. XIX de Gaspar Ortuño Vives, descendiente de los Ortuño Orts. Cuatro hermanos relacionados que profesionalmente se dedicaron a profesiones muy diferentes.

De la familia de Pedro Ortuño Orts, su hijo apellidado igual pero de nombre Napoleón Gaspar se sabe que vivieron en Benidorm pero no hay constancia que asegure que fueron enterrados en el panteón propiedad de Gaspar Ortuño Orts. Lo mismo ocurre con el propio Gaspar Ortuño Orts, del que sólo se sabe que era propietario del panteón y que pidió al Ayuntamiento que se encargase de su mantenimiento. Pero Gaspar Ortuño Orts vivió a principios del s. XX en San José de Costa Rica; de modo que pudo ocurrir que falleciese en aquel país y sus restos no fuesen trasladados al panteón familiar.

De la familia Tomás Ortuño Orts y sus dos hijos varones conocidos tampoco se tiene constancia documentada de que fuesen enterrados en el panteón de Gaspar Ortuño Orts, a pesar de que vivían en Madrid y sus restos podían haber sido trasladados a Benidorm.

Y sin embargo del único que se tiene certeza sobre la sepultura en el panteón de los Ortuño es de Emilio Ortuño Orts, hermano de Gaspar, que permaneció en Benidorm y que fue nombrado “Hijo Adoptivo” de la localidad.

La familia Orts, antepasados de Pedro María Orts Berdín, tuvo derecho de enterramiento en la Iglesia Parroquial de San Jaime y Santa Ana durante los siglos XVIII y XIX. Una vez fue realizada la ampliación del cementerio en 1887, érl mismo dio orden de construir el panteón familiar, donde reposan sus restos desde enero de 1878. Posteriormente, fueron sepultados los cuerpos de su viuda, Josefa Orts Salvá, su hijo, Ignacio Orts Salvá, y la esposa de éste, Amalia Bosch Lliberos, y su nieto, Pere María Orts i Bosch.

También se tiene constancia, por el libro del cementerio, que en noviembre de 1887, un mes y medio antes de fallecer, Pere María Orts Berdín abonó el dinero correspondiente por los doce metros de suelo cementerial adquirido para la construcción del panteón familiar.

Las dos hermanas de Pedro María Orts Berdín (Vicenta y Ángela) sí se encuentran sepultadas en sendas sepulturas de la familia ubicadas en la calle San Pablo del camposanto. Allí sus lápidas testimonian la ubicación de sus enterramientos el 12 de enero de 1887, en el caso de Vicenta, y el 21 de julio de 1925, en el de Ángela.

Los hermanos Miguel y Tomás Orts Cheli, antecesores de la genealogía de Miguel Orts García (hijo de Tomás Orts Llorca) y Francisco de Paula Orts Llorca (también hijo de Miguel Orts García) destacaron en los campos de la pesca de la Almadraba por ser arrendatarios de la de Benidorm; la intendencia de Marina; la Empresa Nacional de Guardacostas para las provincias marítimas de Valencia y Murcia; los negocios; la política municipal, provincial y nacional; y la Marina Real. No se tiene constancia de sus sepulturas en el cementerio Virgen del Sufragio. Tan sólo aparece una noticia relacionada con la muerte y entierro de Miguel Orts García. Sobre su misa de entierro que fue realizada en la Iglesia Parroquial de San Jaime y Santa Ana, en la que estuvieron presentes figuras de la política nacional y el disparo de honores, desde un buque de la Marina anclado en la bahía de Benidorm.

Sobre la familia noble formada por Francisco de Paula Bernuy y Valda y su esposa la condesa de Montealegre, marquesa de Valparaíso. Señora de Benidorm y Polop, Ana Agapita Texeiro Bernuy y Valda, tampoco existe ninguna referencia relacionada con la sepultura de sus cuerpos en este caposanto. Podría haber ocurrido que, aunque en el s. XIX,, ya construido el cementerio viejo, la marquesa fuera sepultada en la sepultura eclesiástica de su propiedad, ubicada en la Iglesia de San Jaime, a pesar de la orden del rey Carlos III emitida a finales del s. XVIII de enterrar los cadáveres extramuros de la población para evitar las epidemias y por extensión los contagios a través de las miasmas.

En el caso de José Saval Fuster, que comenzó desempeñando la función de auxiliar de Secretario del Ayuntamiento y llegó a ser Secretario Municipal interino en las tres primeras décadas del s. XX para, posteriormente, ser concejal en 1935 y primer teniente de alcalde en 1936, sí que está documentada su sepultura en el Virgen del Sufragio, para él y para una hija llamada Josefa Saval Giner, desde el año 1930 en que comenzó a abonar la sepultura familiar,

La trayectoria genealógica de la familia Thous ha estado afincada en Benidorm desde siglos, perdiéndose en la nebulosa del tiempo en la segunda mitad del s. XX. El primer Thous conocido fue Vicente Thous, alcayde del Castillo de Altea en 1704. No se ha podido documentar todavía quienes fueron sus descendientes directos. El segundo de los Thous y primero avecindado en Benidorm fue Joseph Thous, yerno de Tomás Sanz, hombre de confianza de los marqueses de Montealegre. Posteriormente, existe un vacío documental al faltar el “eslabón perdido” entre la rama de los Thous Sanz y los Thous Pérez, instaurada en el s. XIX. De ella surgieron los Thous ya conocidos en Benidorm, como fueron: Juan Thous Pérez, José Thous Pérez, Luis Thous Pérez, Vicenta Thous Pérez y Manuel Francisco Thous Pérez. Luis Thous Orts, Gaspar Thous Orts, José Thous Orts y Joaquín Thous Orts. Joaquín y Juan Bautista Thous y Carrera, fue éste último el que se encargó de solicitar el permiso para la construcción del primer panteón familiar en 1870, antes del ensanche de 1887. Su panteón fue levantado en la actual calle Virgen del Sufragio del viejo camposanto con una estructura rectangular adosada al muro perimetral. Con el paso de los años, el antiguo panteón pasó hereditariamente a Francisca Valor Thous, nieta de Juan Bautista Thous y Carrera, casada con Enrique de León Orts. Por ello, el actual panteón de los Thous, ubicado en la parte alta del cementerio, lleva el apellido León en el frontispicio.

Por su parte, la saga de los Vaello, iniciada por la familia de Jacinto Vaello Pérez y su esposa Rosa Bayona Valera, se dedicó a la pesca de la Almadraba de Benidorm y a la mar, en general. Fueron unos de los mayores contribuyentes de la localidad y, por tanto el matrimonio primigenio, como sus descendientes (hasta la tercera generación) todos fueron sepultados en el cementerio Virgen del Sufragio, en la calle de San Juan. Vivieron en vida las tres familias formadas por padres e hijos en la calle Marqués de Comillas y, durmieron para siempre en la muerte, también todos juntos mediante la construcción de tres panteones de familia antiguos.

La familia Vaello es la más completa que existe de las analizadas. En cuestión de referencias cementeriales, ya que no sólo consta en el libro del Registro del Cementerio, la línea directa y colateral de los Vaello Pérez, Vaello Bayona y Vaello Llorca, sino también los procedentes de los antepasados Ventura Llorca Bayona, esposa de Jacinto Vaello Bayona, cuya cronología se extiende desde 1891, 1892 y 1898, primeros años tras el ensanche del cementerio.

*(De jóvenes nos gustaban y en la actualidad también visitar cementerios porque hay auténticas joyas arquitectónicas en muchos de ellos).

** Esta parte de mi columna ha sido posible gracias al trabajo realizado por Lola Carbonell Beviá: “Los más ricos del cementerio. Personajes Ilustres de Benidorm”, en el que hay mucho extraído de la obra del cronista local César Evangelio Luz.