La Azotea del Voramar

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De familia de almadraberos y pioneros en la hospedería, Llinares Zaragoza ha sabido, como muy pocas reinventarse, en los 55 años de historia de uno de los cinco primeros hoteles que se construyeron en Benidorm: el Voramar. Duros fueron los inicios para los patriarcas de esta saga de hoteleros, María Zaragoza y Juan Llinares, que allá por los años 50 del pasado siglo se propusieron levantar, en medio de bancales de olivos y almendros, pero con unas vistas privilegiadas sobre la bahía de Poniente, uno de los hoteles con más solera de la ciudad de los rascacielos. Muchas épocas de bonanza vividas y muchas crisis superadas pero ninguna como la pandemia que hemos padecido estos últimos meses, que ha obligado al cierre de todos los hoteles de España. Desde entonces la Avenida de los Almendros no recuperó la alegría hasta que el pasado 24 de junio, festividad de San Juan, el Voramar abrió de nuevo sus puertas y como si de una puesta en escena se tratara iluminó con las luces exteriores de sus balcones la negrura que la noche había cubierto con su manto de llanto este rincón de Benidorm desde el pasado 12 de marzo. Y desde este mismo jueves, 2 de julio, ya podemos disfrutar de su Voramar Roof Terrace, la terraza de moda del momento en el centro de Benidorm. ¡Ya la echábamos de menos!

Un reportaje de Belén Richarte

Lejos de lo que es el hoy la capital del turismo de la Comunidad Valenciana, Benidorm atesora una historia de pioneros y pioneras, que antaño eran famosos capitanes de almadraba o almadraberos simplemente, de robustas y trabajadoras mujeres que, mientras los hombres se buscaban el pan en la siempre temida mar durante meses, quedaban al cuidado de la casa, la familia y las tierras ricas: en olivos, almendros, naranjos, limoneros y todo aquello que el campo puede ofrecer, porque nuestro pueblo, tenía un gran y extensa huerta; al igual que una pequeña flotilla de amarre que surtía con los frutos del mar la nutrida dieta mediterránea de la que gozaba la población de entonces. Hablamos de 1965, tras aprobarse el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de D. Pedro Zaragoza. Hablamos de los primeros hoteleros, los visionarios de su tiempo, que apostaron por un sector “deconocido” hasta el momento: el turismo. ¡Y ahí siguen!

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Los Orígenes

A pesar de aquellos duros inicios el matrimonio formado por María Zaragona y Juan Llinares se propusieron levantar en medio de uno de sus bancales de olivos y almendros un hotel al que llamaron “Voramar” (en castellano cerca del mar). La familia de María sí que contaba con la experiencia de sus padres, dueños del antiguo Hotel Atún.

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Juan, hijo de pescadores, cambió su rumbo y abandonó la almadraba para, junto a su mujer, su hermano Francisco y su cuñada, dedicarse en cuerpo y alma al primer hotel en los alrededores de la por entonces calle de Los Almendros, con unas vistas privilegiadas al mar de Poniente. Tras levantar tres plantas, el Hotel Voramar abrió sus puertas un 9 de abril de 1965.

Los primeros huéspedes del Voramar fueron dos señoras inglesas de 70 años de edad y que venían a disfrutar unos días de nuestro sol. La devoción del servicio por sus clientes al recibirlos, con continuas botellas de bejamín y tartas para que estuvieran contentos, fueron las claves para que en pocos días, inmersos en plena temporada de Semana Santa, el hotel se llenara y ocupara sus 48 habitaciones.

La Revolución sueca

En principio, los principales clientes del hotel eran madrileños e ingleses, a los que les seguían vascos y cántabros. La revolución llegó con los turistas suecos: tras el acuerdo alcanzado por la gerencia del Voramar con la agencia danesa “Spies”, que garantizaba durante cinco años la ocupación del establecimiento. La familia Llinares Zaragoza no se lo pensó y adquirió el bancal contiguo al edificio, en el que se construyeron 60 habitaciones más para este “maná” de turistas.

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El Voramar fue creciendo y a los dos años de su inauguración se construyeron dos plantas más y se instaló la piscina en la azotea (más tarde hablaremos de la terraza).

Todavía en vida Francisco Llinares decidió ceder la dirección del hotel a sus hijos Francisco y Dolores Llinares Zaragoza, que dirigen el Voramar con el mismo mimo y esmero que sus progenitores porque además entorno al negocio anidó una gran familia al tener trabajadores no sólo de Benidorm, sino familias que venían de otras ciudades lejana, que vivían en el hotel y que comían en el comedor, de lo que llamaban, “de la gran familia”. Algunos empleados trabajan en el hotel más de 30 años prestando sus servicios.

La Gran Reforma

El 9 de abril de 2015 se cumplía el 50 aniversario de la inauguración, del Hotel Voramar, que abrió sus puertas por primera vez en 1965, acto en el que por aquel entonces estuvo de invitado el alcalde de Benidorm, D. Pedro Zaragoza. En tan emotivo acontecimiento, como no podía ser menos por parte de la familia Llinares Zaragoza, se mimó y cuidó hasta el más mínimo detalle para que a los invitados no les faltara de detalle. ¡Y es que era un día grande! El Voramar lucía sus mejores galas tras más de cuatro años de reformas por fases. En 2015 se culminó parte de un sueño: la gerencia del hotel había renovado el 60% de sus habitaciones y añadido servicios, al año siguiente el establecimiento se renovó al 100%. Un cuatro estrellas de lujo, con 136 habitaciones en dos zonas diferenciadas.

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En el artículo de Begoña Aríja, “Hotel Voramar: María Zaragoza y Juan Llinares”, en el que me he basado para escribir esta parte de mi columna de hoy, Juan Llinares padre concluía el relato de su historia diciendo que “nunca había vivido una crisis económica como la actual (se refería a la de 2007)”, aunque éste hombre, forjado en el mar, hijo de almadraberos, no se desanimaba ante el desaliento por ello “su principal arma para luchar contra la crisis”, decía entonces, “es trabajar y ser constante” semilla que bien supo transmitir en vida a sus vástagos quienes, tras la peor pandemia de la historia reciente de España y posterior crisis económic,a sólo equiparable a la sufrida tras la Guerra Civil, decidieron a abrir de nuevo las puertas de su hotel, el 24 de junio de 2020, Festividad de San Juan. El Voramar, de nuevo, se convertía en Benidorm en uno de los primeros hoteles en hospedar turistas en sus habitaciones ansiosos de sol y de playa y la parte baja de Almendros se iluminaba para dar vida a un barrio que había permanecido demasiado tiempo entre tinieblas.

Voramar Roof Terrace

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Pero si en algo ha sido pionera la familia Llinares Zaragoza, o Paco, Dolo y María, es de convertir la azotea de su hotel, a la que me refería líneas arriba, en un trocito de cielo con el que tocar el Mediterráneo. Otro de los locales de moda del momento. No es difícil escuchar por la calle a la gente de Benidorm exclamar: “¡Estamos en la azotea del Voramar!”. Un lugar idílico, una terraza de estilo cool, en pleno centro de la ciudad, con espectaculares vistas al mar den la que se puede disfrutar de la mejor coctelería, dj’s y música en directo. Un lugar excepcional en el que se fusionan coctelería de vanguardia, la música y el diseño y del que ya podemos disfrutar, ¡por fin!, desde el pasado jueves, 2 de julio, de 20:00 h….a cierre. “Este año para disfrutar de las noches de @voramar-roof-terrace “las circunstancias nos obligan a vivirlas tranquilamente, aunque si quieres celebrar alguna fiesta llámanos y te lo organizamos con toda la seguridad que se requiere, pensemos que todo volverá a la normalidad…ahora toca ser responsables”, explica Dolores Llinares Zaragoza. Ya les decía yo, también líneas arriba, que de raza le viene al galgo. ¡El caso es no parar! De ahí, todos mis respetos.