¿Y ahora qué?

¿Y AHORA QUÉ?

Leopoldo Bernabeu.- “¿Quién le devuelve ahora a Juan Cano la alcaldía de Polop que tuvo que abandonar, el puesto de trabajo que tuvo que dejar, los muchos meses de cárcel que tuvo que vivir y los años de vida que le han quitado a su familia?”

Las distintas sociedades humanas necesitan aplicar la ley para que exista orden y justicia. Pero, ¿cómo pueden nuestros sistemas de justicia ser perfectos, si los seres humanos no lo somos?.Hay incontables casos en los que personas inocentes van a parar a la cárcel, acusados y sentenciados por crímenes que no cometieron. En algunos países, existe incluso la pena de muerte. ¿Te imaginas ser ejecutado, y que años después se descubra que en realidad eras inocente?.

Por si sirve de ejemplo entre las decenas de casos tristemente conocidos, quiero resalta dos. El de Derek Bentley, un muchacho que sufría de cierto retraso mental debido al bombardeo que sufrió su casa durante la Segunda Guerra Mundial.A los 15 años tenía el desarrollo mental de un niño de 10. Cuando tenía 19 años intentó robar un almacén, junto con Cristopher Craig, de 16 años. Al ser pillados por un policía, Cristopher le disparó al oficial, matándolo al instante. Como era menor de edad, la justicia le impuso una pena de 10 años de prisión. Pero a Derek Bentley lo acusaron por la muerte del oficial, y lo sentenciaron a muerte, a pesar de que no fue él quien disparó. Lo colgaron al año siguiente. Pagó con su vida por un delito que no había cometido.

El otro caso, mucho más cercano en distancia y tiempo, es el de Sandro Rosell, ex presidente del Barcelona, que fue detenido acusado de unos delitos que ya no vienen a cuento y pasó 643 días en prisión preventiva, para finalmente ser puesto en libertad sin cargos, eso sí, con su vida social, profesional y personal totalmente arruinada.

“¿Qué penas deberían ser impuestas a esos jueces que hierran de una forma tan brutal en casos como estos amargando la existencia de estos inocentes de por vida?”

He querido dejar pasar unos días para poder escribir con calma sobre la Absolución de Juan Cano en el famoso caso del asesinato del alcalde de Polop, Alejandro Ponsoda. 12 años después de aquel fatídico episodio y 10 desde su detención y entrada en la cárcel, Juan Cano, tal y como defendí desde el primer minuto, fue absuelto de semejante barbaridad. Cerrado ese capítulo judicial, me apetece ahora reflexionar sobre el presente. Alegrándome de que el avance social nos permita no volver a capítulos como el Derek Bentley, si necesito preguntarme ¿y ahora qué?. ¿Quién le devuelve a Sandro Rosell su vida anterior, el tiempo robado a él y a su familia además de su reputación?, ¿quién le devuelve ahora a Juan Cano la alcaldía de Polop que tuvo que abandonar, el puesto de trabajo que tuvo que dejar, los muchos meses de cárcel que tuvo que vivir y los años de vida que le han quitado a su familia?.

Sintiendo por la justicia, la ley y el orden, el mismo respeto que siento por los médicos que enfrentan cada día situaciones de vida o muerte, y a los que se aparta de su cargo cuando cometen graves fallos, me hago dos preguntas a las que no encuentro respuesta: ¿qué penas deberían ser impuestas a esos jueces que hierran de una forma tan brutal en casos como estos amargando la existencia de estos inocentes de por vida?, ¿qué mecanismos contempla este devorador estado para resarcir de estos garrafales errores a esos inocentes que ya han sido sentenciados de por vida socialmente?.

Mientras estas dos cuestiones no se resuelvan, seguiremos viviendo en una injusticia continuada. Una sociedad que es capaz de hundir en la más absoluta miseria a cualquiera al que se acuse en un telediario sin prueba alguna y sin respeto alguno a la presunción de inocencia, no es una sociedad madura. Sandro Rosell y Juan Cano son dos claros ejemplos, pero ni mucho menos son los únicos. En marzo del año pasado eran 9.218 presos preventivos los que habían en nuestras cárceles, y un estudio confirmó hace tiempo que el 35% de ellos terminará saliendo porque son inocentes, aunque su vida esté ya arruinada. Esto quiere decir que hace un añohabían3.226 inocentes dentro de alguna cárcel española. Y lo peor es que cuando se les resarcedel error, se les dice que no les corresponde indemnización alguna porque el sistema consiente estas barbaridades, además de que tampoco se castiga al que, desde un despacho y con toda la pasividad del mundo, decide que estas situaciones sigan sucediendo.

El largo brazo de la ley suele traer justicia sobre la mayoría de los casos criminales, pero ha habido muchas instancias en la historia que llevaron a la persona equivocada a la cárcel. Para algunos pocos desafortunados, el trayecto ha sido irreversible puesto que han sido ejecutados antes de que algún juez revierta su orden. Pero también existen aquellos que lograron salir en antes de que fuese tarde, y han valorado más la libertad que la venganza. Sandro Rosell y Juan Cano son dos de ellos.