De nuevo huérfano el centro político español. Los cambios se aproximan y nos negamos a verlo

“El PSOE español tiene que dar las gracias de haberse encontrado en su desesperado camino en búsqueda de su propia personalidad, a estos dos políticos torpes”

Leopoldo Bernabeu

“Y la clave de que ambos, Podemos y Ciudadanos, sigan cayendo en todo tipo de mediciones, es su persistencia en el error de llamar a VOX partido de ultraderecha, faltando con ello el respeto no sólo a 2,5 millones de españoles, sino a los propios que confiaron en ellos y que a día de hoy ya sólo les ven como personajes enfurecidos en la búsqueda desesperada de su oportunidad perdida”

No queda demasiado tiempo para que la historia se escriba de otra manera. Sería muy atrevido advertir de un cambio de la magnitud de la revolución industrial o de acontecimientos como los sucedidos hace 230 años con la revolución francesa. Pero es precisamente en nuestro país vecino donde ya se están dando algunos datos que a todos nos deberían hacer reflexionar. Aunque en una época como en la que vivimos, pedir reflexión es quizás pedir mucho.

La extrema derecha es ya el primer partido de los obreros en Francia. Le han votado el 47% y el 32% de los empleados. Ha sido, sin que ningún Tezanos lo hubiera pronosticado y junto a Los Verdes alemanes, la gran sorpresa en las pasadas elecciones europeas, esas a las que en España casi nadie presta atención porque nos quedan muy lejos y pensamos que en nada nos afectan, cuando es justo lo contrario.

“por el gran fracaso personal, que no del proyecto político, de Pablo Iglesias y Albert Rivera. Dos líderes venidos a menos que en su momento lanzaron ideas que convencieron y mucho, pero de cuyos valores se fueron apartando, para mejor suerte de un bipartidismo herido de muerte”

El hundimiento de la derecha y la izquierda tradicional en Francia es un hecho contrastado, de lo contrario Macron, el presidente sin partido, no estaría gobernando. Pero lo es también en países de larga tradición democrática como Grecia, Portugal o la propia Alemania, a los que se han unido Italia y la cuna de la democracia europea, Inglaterra. Y si en España esto no es ya una realidad, es única y exclusivamente por el gran fracaso personal, que no del proyecto político, de Pablo Iglesias y Albert Rivera. Dos líderes venidos a menos que en su momento lanzaron ideas que convencieron y mucho, pero de cuyos valores se fueron apartando, para mejor suerte de un bipartidismo herido de muerte, recuperado ahora por obra y gracia de estos dos imberbes vividores de una política de altura, a la que no han sabido estar.

Si en Grecia, Francia y Alemania, la histórica izquierda ha pasado a tener un papel testimonial y en España no, cuando el Psoe iba por el mismo desfiladero no hace todavía un lustro, repito que es por el fracaso personal del idolatrado héroe de la mentira, Pablo Iglesias. Cuesta creer como un personaje de perfil político tan bajo como Pedro Sánchez, es hoy la gran referencia del socialismo español y europeo. Cuesta creer que la política haya llegado a este nivel. Todo se lo ha de agradecer a ese falso salvador de los sin techo que acampaba el 15 M en la plaza del sol, pero que a la mínima que pudo decidió que en Galapagar se amanecía mucho mejor, abandonando en las trincheras a sus votantes, compañeros y hasta la propia ideología. Ha quedado para mendigar algún ministerio.

Lo de Podemos y Ciudadanos es para hacérselo mirar con mucha calma

Y si la derecha española, a diferencia de la desaparecida francesa, la muy tocada conservadora británica, o la difuminada portuguesa, se ha empezado a recuperar milagrosamente, justo cuando Pablo Casado hacía ya las maletas, es por el gran fracaso, también muy personal, del niño mimado del espejito mágico, Albert Rivera. Otro que fue capaz de desnudarse para defender el español en medio de la plaza de Cataluña, pero que ahora vive a las mil maravillas siendo el veleta de España que a todos confunde. No se pueden cometer más errores en menos tiempo. Para pretender ser un partido de centro ha descentrado a todos. Manuel Valls, Inés Arrimadas, Toni Roldán, Cataluña, Vox. A diferencia de Podemos, partido herido de muerte que arrastrará en su defunción a todo un histórico como Izquierda Unida, a Ciudadanos sólo lo podría salvar un soplo de viento fresco que alguien lance y con él se lleve a Cenicienta. Aunque me temo que nadie lo hará, porque si a alguien beneficia este lento e inexorable descenso a los abismos, es al propio Partido Popular.

Y la clave de que ambos, Podemos y Ciudadanos, sigan cayendo en todo tipo de mediciones, es su persistencia en el error de llamar a VOX partido de ultraderecha, faltando con ello el respeto no sólo a los 2,5 millones de españoles, tan democráticos como cualquier otro, sino a los propios que confiaron en ellos dos y que a día de hoy ya no les ven con ojos de liderazgo alguno, sino como personajes enfurecidos en búsqueda desesperada de su caramelito perdido.

El Psoe español tiene que dar las gracias de haberse encontrado en su desesperado camino en búsqueda de su propia personalidad, a estos dos políticos torpes. Ya hubieran querido para sí que algo similar hubiera sucedido en alguno de los países antes citados, pero no fue así. En Grecia triunfó Tsyriza, en Francia Macron, en Italia Salvini y en Alemania va camino de hacerlo el ecologismo de Los verdes. Aunque a muchos nos pueda parecer increíble viniendo de alguien como Pedro Sánchez, este ha sabido corregirse y moderarse, entiendo que gracias a los mejores asesores políticos que jamás se han conocido, para dejar de entrar en batallas estériles. De lo contrario estaría en una situación similar al socialismo alemán, metido en una crisis de tal nivel que el sorpasso se lo han dado los propios Verdes. Una historia similar a la que estuvo a punto de suceder hace un lustro en España con Podemos.

Cuanto más tiempo se les siga tildando de extrema derecha, más alto ascenderán en el escalafón social

Lo dicho, en Francia es ya la primera fuerza política lo que muchos llaman por error, extrema derecha. La segunda vuelta de las presidenciales de hace un par de años que dieron la victoria a un Macron que nadie quería, y al que votaron simplemente para que no gobernara Le Pen, fue el principio de su final. Está este buen hombre como para ir dando lecciones a Ciudadanos de con quién debe pactar y con quién no. Otra muestra de debilidad de ambos, de Macron y de Albert Rivera. Dos líderes con fecha de caducidad. Una Marine Le Pen que consigue su primera gran victoria después de 24 años de consecutivos intentos. Un claro mensaje para aquellos que intentan acabar con Vox a partir del insulto, el menosprecio y el ninguneo. Por lo que de seguir por ese camino, tendremos Vox para muchos años en la política española. No hay más que recordar que los españoles somos así, basta que se ataque a alguien para que todos nos pongamos a defenderle. Pasó con Podemos cuando en su nacimiento defendía a los sin techo, a los desahuciados y a los más desfavorecidos y se repitió con el joven Rivera cuando defendía la españolidad, a capa y espada, en medio de una asediada Cataluña infestada de separatistas.

“Segunda Transición fallida. Camino libre para un nuevo intento, esperando que esta vez sea mucho más sólido”

Ambos dos se han alejado de esos loables principios y ambos caen por el precipicio de nunca jamás. El resto de españoles, ilusionados con el añorado cambio de ciclo político, tenemos que agradecerles, discúlpenme la ironía, que hayan blanqueado a PP y Psoe, partidos políticos infectados de corrupción hasta el tuétano. Tan sólo se han tenido que sentar a ver pasar el cadáver de su enemigo. Segunda Transición fallida. Camino libre para un nuevo intento, esperando que esta vez sea mucho más sólido.

A modo de comparativa con el desastroso panorama político español, quiero añadir que hoy es Presidenta de Dinamarca, una socialista que en los últimos 4 años apoyó con sus votos todas las restricciones de la derecha en materia de inmigración. Cuestión que obliga a muchos a tomar nota y cambiar el discurso. Porque si hay que resaltar un dato, por añadir más azúcar, que le ha costado a Ángela Merkel su hegemonía, ha sido su errónea política en materia de inmigración, abriendo las puertas de Alemania de par en par a todo el que quiso entrar. La población en general no es tonta y ya no se deja embaucar por esa política de buenismo desmesurado que también queda de cara a la galería, pero cuyas consecuencias termina pagando siempre el pueblo llano, tanto en subida de impuestos, como en desigualdades sociales que generan mucho malestar. No hay más que echar un vistazo a las redes sociales para comprobar lo que digo.

En conclusión, la socialdemocracia se recupera en los países del norte de Europa, pero es así porque después de varios años, han decidido abandonar las políticas de Aquarius con las que ya no se engaña a nadie y por las cuales, los ciudadanos, últimos eslabones de una cadena de decisiones erróneas, han estado dispuestos a confiar en lo que algunos torpes siguen llamando con desprecio, ultraderecha o populistas. Su ceguera política es la que ha conducido a la actual situación política de cada vez más países del entorno europeo.

Es hora de que los partidos dejen a un lado tanta ideología de pacotilla y se centren en responder a los verdaderos desafíos de una sociedad cambiante que tiene importantes problemas por resolver y que nada tienen que ver con aquellos que algunos utilizaron como existenciales para fundar partidos de izquierda y derecha, rojos y azules. La inmensa mayoría piensan que quienes nos gobiernan están desnortados, viven en sus mundos de yupi. Hace años que no les escuchamos hablar de proyectos importantes.

Y al parecer, nadie con poder, al menos el suficiente como para darle vida a un gran proyecto político nuevo, quiere ver que nos sigue faltando, hoy más que nunca, un partido de Centro, pero de centro de verdad, centrado únicamente en los problemas de las personas. O quizás sí que exista, pero sea más interesante y productivo para ellos ver cómo sigue el espectáculo de esta política de circo que a ningún lado positivo nos conduce.