¿Autoestima o Narcisismo?

Jacobo Barberá Payá.- Hace más de dos mil años Ovidio lo relató en ‘LAS METAMORFOSIS’, pero el mito de Narciso sigue teniendo actualidad.

Lo cuento, se trata de aquel varón fascinado al contemplar su bellísima imagen reflejada en el agua, imagen que provocaba pasiones en mortales y dioses pero era incapaz de reconocer y amar a otros. Tras despreciar a la enamorada Ninfa Eco, la diosa de la venganza Némesis condenó su orgullo y le hizo quedar tan absorto de su propia belleza que dejaría de atender las necesidades básicas de su cuerpo consumiéndose hasta convertirse en la flor que lleva su nombre.

Siempre existieron los narcisos, pero a día de hoy han crecido como la espuma ya que en nuestra sociedad la presión por conseguir el éxito es enorme.

Las televisiones por su parte encontraron un filón de divertir al respetable aireando intimidades de buscadores de fama (tan escasos de méritos como faltos de valores), rescatados del más puro anonimato gracias al “share”.

Es cierto que la autoestima es una de las fortalezas más necesarias para progresar en la vida y ser eficaz en la búsqueda de la felicidad, pero no hay que confundirla con el NARCISISMO, pero ¿dónde termina la sana autoestima y comienza el tóxico narcisismo que puede llegar a constituir un grave trastorno de la personalidad?.

  1. Padecen de una acusada carencia de empatía. Es uno de los rasgos más característicos, detestan hablar de sentimientos, incluso de los propios, son personas frías, capaces de tomar las más duras decisiones sin importarle las consecuencias personales. Su dedicación a las personas es para utilizarlas a su conveniencia.
  2. Trasmiten una imagen de superioridad. Necesitan demostrar que son mejores, que están por encima, incluso cercanos a la perfección, asumen mal las críticas, no reconocen sus errores, sino que los endosan a otros, la grandiosidad los lleva a querer parecer importantes en lo que hacen y con quien se relacionan, les encanta dirigir y controlar a los demás, dominar la situación y aceptan muy mal el hecho de depender de otros.
  3. Hablan mucho más de lo que escuchan. Tienden a hablar bastante de si mismos y de sus logros, apoyados en gestos ostensibles, escuchan muy poco y muestran cierto desdén hacia las opiniones de otros que consideran menos cualificadas o relevantes.
  4. Creen que el mundo gira en torno a ellos. Preocupados de sí mismos aficionados al autobombo, necesitan ser el centro de atención y estar bajo la luz de los focos para satisfacer un ego
  5. Buscan desesperadamente la admiración ajena. Suelen causar buena impresión hasta que se les conoce, pues entonces la cosa cambia, por eso necesitan demostrar continuamente sus capacidades y logros ante personas nuevas o desconocidas en busca del aplauso.

                        Estoy más que seguro que han venido a su cabeza unos cuantos casos descritos en estos cinco puntos, pueden ser personas normales y corrientes, también pueden ser personajes públicos, políticos, deportistas de élite, artistas, empresarios relevantes o altos directivos, que viven expuestos continuamente al escrutinio social que implica la fama. A menudo son adulados como divos por su entorno y exaltados por la sociedad, de ahí a exhibir algunos tics narcisistas puede haber tan solo un paso, hasta cierto punto comprensible, sobre todo por parte de sus seguidores que les juzgan con indulgencia.

                     Lo peor viene cuando estos comportamientos se agravan y convierten en un considerable problema para quienes verdaderamente lo padecen, o sea, quienes están cerca, en el trabajo nadie soporta más tiempo del estrictamente necesario a un jefe que se cree un superhéroe, te endose las culpas, te robe las medallas y le importa un pimiento lo que digas o sientas siempre y cuando él saque rendimiento y provecho de tus logros.

                   Los perversos narcisistas se rodean de víctimas a las que menosprecian al tiempo que ellos mismos se ensalzan por contraposición, la mejor manera de afrontar esto es SALIR CORRIENDO A LOS PRIMEROS SÍNTOMAS, tan lejos como sea posible pues la posibilidad de cura es remota o nula.

Hay quienes sostienen que el liderazgo requiere algo de narcisismo, pues la fortaleza, el protagonismo y la osadía son atributos que facilitan llegar arriba en la pirámide del poder, pero ignoran, por ejemplo, que la empatía es absolutamente clave para ejercer el liderazgo tal y como hoy lo entendemos, es decir, como inspirador de los equipos, generador de compromisos y movilizador de voluntades.

En resumen, narcisistas y equipos son términos incompatibles en sí mismos, un argumento más que justificado para intentar mantener a los primeros alejados de los segundos.

Antes de decidirme a publicar este artículo se lo envié para su visto bueno y revisión a quien es para mi un gran ejemplo de trabajo, constancia y saber hacer, mi hermano  Dr. Nps. Salvador Barberá Payá.

Este escrito no va dirigido expresamente a jefes y líderes, en cualquier equipo hay narcisistas aunque estén en la sombra.