La campaña de investigación en el pecio Bou Ferrer delimita con gran precisión la manga de la nave y su fecha de hundimiento

El único pecio en excavación de España se hundió entre el 66 y el 68 d.C

Los trabajos de última campaña de excavación en el pecio Bou Ferrer han permitido delimitar con gran precisión la manga de la nave y su fecha de hundimiento. Esta nueva campaña en el pecio Bou Ferrer, situado a veintiséis metros de profundidad y a solo 1 kilómetro de distancia de la costa de la Vila Joiosa en Alicante, se desarrolló durante el pasado mes de septiembre.

La intervención ha sido promovida y financiada por la Dirección General de Cultura y Patrimonio de la Generalitat Valenciana, dentro del Programa Anual de Actuaciones Arqueológicas, coordinada por la Universidad de Alicante y ha contado también con financiación del Ayuntamiento de la Vila  Joiosa, así como con el mecenazgo de tres residentes noruegos, Ole Jørgen Wirum, Jesper Holte y Morten Jacobsen (éste también voluntario de Vilamuseu, e impulsor del mecenazgo noruego), y de la voluntaria y mecenas británica de Vilamuseu, Elaine Evans, además de las aportaciones económicas de los buceadores que han participado en las visitas guiadas.

Los estudios de la epigrafía de los lingotes de plomo han permitido establecer una fecha anterior al 68 d. C. para el naufragio, es decir, antes del final del reinado de Nerón, quien se suicidó el 9 de junio de ese año. Por otra parte, el estudio de unas monedas aparecidas en 2017, realizado por Tomás Hurtado, acaba de revelar que el naufragio tuvo que acontecer tras su acuñación en el año 66 d. C. Entre estas dos fechas, y teniendo en cuenta que la navegación se realizaba preferentemente en los meses del llamado mare apertum (“mar abierto”, de abril a octubre), conocemos la fecha del hundimiento de la nave con una exactitud extraordinaria, con un margen de solo dos años: los posteriores a abril del año 66. Este dato es de gran relevancia porque, como una cápsula del tiempo, el Bou Ferrer permitirá fechar con precisión todos los materiales arqueológicos del fin de la dinastía Julio Claudia análogos, lo cual ayudará globalmente a las dataciones de muchos otros yacimientos del Imperio romano.

Los trabajos han logrado trazar una hipótesis inicial de la sección transversal del barco que refleja sus formas de fondo plano y pantoques redondeados. Es una hipótesis basada en el estudio y combinación de los dibujos arqueológicos de planta y sección de la arquitectura naval aparecida en la trinchera de excavación que atraviesa transversalmente el pecio. Es las secciones se han corregido por ordenador las deformaciones propias de los casi 2000 años que yace la madera en el fondo del mar y se han ido combinando varias de ellas, usando como eje de simetría la quilla.

Por otra parte, se han abandonado en las mediciones nuestro sistema métrico, para trabajar con el romano. Ello ha permitido restituir la manga (anchura) máxima del buque en exactamente 40 pies (11.82 m), lo que es un dato de gran importancia. Teóricamente se podría plantear para esta manga una eslora de 100 pies (29,57 m), aunque hemos de esperar a futuras campañas para confirmarlo.

En la zona N del pecio se ha realizado, además, una cata de sondeo, en la que ha aparecido casi a dos metros de profundidad dentro del sustrato un conjunto de materiales diversos relacionados con la alimentación de la marinería. Posiblemente se trate de una zona de almacenaje o cocina situada en la popa de la nave. Su estudio ayudará a valorar la ruta que solía trazar el barco, así como otras cuestiones, desde el posible número de marineros a bordo hasta incluso relaciones jerárquicas en la micro sociedad que representa un gran buque de las características del Bou Ferrer.

Para afrontar un reto de estas dimensiones ha sido determinante la colaboración de varios expertos y diferentes instituciones que han decidido unir esfuerzos y conocimientos para llevar adelante el proyecto. La Universidad de Alicante, a través del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología y Patrimonio y su Fundación General, participa en el proyecto con sus arqueólogos y técnicos en documentación del patrimonio, embarcaciones de apoyo y equipos submarinos. El Ayuntamiento de la Vila Joiosa, a través de Vilamuseu, aporta sus instalaciones, arqueólogos y restauradores para dar soporte al tratamiento de todos los materiales extraídos del fondo marino. El Club Náutico de Villajoyosa es el responsable de dotar al proyecto de todas las infraestructuras náuticas necesarias con el apoyo también de su personal de marinería.

Como en 2017, también ha sido crucial la colaboración del Centre d’Arqueologia Subacuàtica de Catalunya (CASC), dependiente del Museu d’Arqueologia de Catalunya, integrado en la Direcció General d´Arxius, Biblioteques, Museus i Patrimoni del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, que ha participado por segunda campaña consecutiva con su barco de investigación Thetis y un equipo de cuatro arqueólogos subacuáticos y una restauradora. Esta infraestructura está dotada de los medios necesarios para la intervención arqueológica subacuática y está permitiendo un gran avance en las investigaciones y en el cumplimiento de los objetivos científicos.

De forma paralela a la investigación, en los meses de agosto y septiembre tuvo lugar la sexta campaña de visitas guiadas para buceadores deportivos, una experiencia pionera en España, que este año han disfrutado un total de 114 buceadores y buceadoras de toda España, Francia, Bélgica, Inglaterra y Chile.