Esta semana recomendamos «Trainspotting». Novela de Irvine Welsh, publicada en 1993
Trata la vida cotidiana de unos heroinómanos de modo bastante patético y a la vez humorístico. Fue inmediatamente celebrada por los críticos más estrictos pero leída también por aquellos que raramente se acercan a los libros, Trainspotting se convirtió en uno de los acontecimientos literarios —y también extraliterarios— de la última década. Fue rápidamente adaptada al teatro y luego llevada a la pantalla grande por Danny Boyle, uno de los jóvenes prodigio del cine inglés.

Muy pocas veces alguien se atrevió a recomendar tan fervientemente una novela. «Merece vender mas ejemplares que la Biblia», afirmó Rebel Inc., una insolente revista literaria escocesa.
Fue rápidamente adaptada al teatro y luego llevada a la pantalla por Danny Boyle, uno de los jóvenes prodigios del cine ingles. Sus protagonistas son un grupo de jóvenes desesperadamente realistas -ni se les ocurre pensar en el futuro: saben que nada o casi nada va a cambiar -, habitantes del otro Edimburgo, el que no aparece en los famosos festivales, capital europea del sida y paraíso de la desocupación, la miseria y la prostitución, embarcads en una peripecia vital cuyo combustible es la droga, «el elixir que les da la vida, y se la quita».
Irvine Welsh escribe en el áspero, colorido, vigoroso lenguaje de las calles. Y entre pico y pico, entre borracheras y futbol, sexo y rock and roll, la negra picaresca, la épica astrosa de los que nacieron en el lado duro de la vida, de los que no tienen otra salida que escapar, amortiguar el dolor de existir con lo primero que caida en sus manos.
«Una novela que es el equivalente literario de una bomba de hidrógeno», según Martin Crawford.
«La novela fundamental de un escritor fundamental» -Jeff Torrington
