
Ya no pasará a la historia por haber desenterrado a Franco, que también podría haber sido. Pedro Sánchez tampoco pasará a la historia como ‘El Mentiroso’, título que se ha ganado por goleada, con goles que llevan la marca ‘cambio de opinión’ y que le valieron el calificativo de ‘necio’, apelativo salido nada más y nada menos que de la boca de Felipe González, ese azote del sanchismo que ha anunciado que votará en blanco porque el sanchismo no es el PSOE histórico.
Ramón Gómez Carrión.- Yo propongo que al esposo de Begoña le den los historiadores el título de ‘El Amoroso’. Suena bien Pedro II ‘El Amoroso’, lo que sería más que justo si las Cortes Españolas (Congreso y Senado) abolieran la monarquía e instauraran el imperio otorgando a Pedro Sánchez el merecido título de emperador, como hizo el senado de Roma con Octavio Augusto. Si hay que cambiar la Constitución, se cambia y sanseacabó.
Si el 29-N se produce el triunfo del nuevo Frente Popular, podría plantearse la reforma de la Constitución, eliminar la monarquía parlamentaria y proclamar no la Tercera República (¡qué ordinariez!) sino el monarco-imperio español, el que lideró, en el siglo XVI, Carlos I de España y V de Alemania. Lo de Pedro II (y no I) tiene su razón de ser y es que ya tuvimos en la piel de toro un rey Pedro I en el siglo XIV, motejado como ‘El Cruel’, pero que sólo era rey de Castilla y León. Aquel Pedro terminó mal, asesinado por su hermano Enrique II, hermano sólo de padre (Alfonso XI).
Predicar el amor es fácil; practicar toda clase de amor ya no lo es tanto. Pedro Sánchez, futurible Pedro II, ha demostrado ante sus forofos sanchistas mitineros, en directo y ante todos los españoles por televisión, que ama profundamente a su esposa y que ambos tienen una vida sexual “activa y sana” y no como aquel ‘cabroncete’ de Pedro I, que tenía esposa legal, la princesa Blanca de Borbón, pero se dedicó a tener hijos con una amante global, María de Padilla, una sevillana noble de belleza sin igual y a la que proclamó ‘reina’ después de morir joven, con sólo 27 años.
Pero es triste constatar que al todavía Pedro Sánchez y Pérez-Castejón le ha salido un forúnculo en las posaderas, científicamente glúteos y vulgarmente culo. Este forúnculo tiene el nombre de Óscar Puente y va a ser, dicen los expertos en ‘forunculogía’, de más difícil curación que otros sufridos por Sánchez y que llevan el nombre de Ábalos, Cerdán, David Azagra Sánchez y Perez-Castejón, Leyre Díez… Con los forúnculos de Sánchez pasa como con la fuertes borrascas, que llevan nombres diversos, casi todas perniciosas, aunque unas más que otras. Pedro las va intentando sortear con más o menos éxito, pero con la misma intrepidez de los héroes de los tebeos. Él y todos sus sicarios de Moncloa le dicen a todo y a todos que son cosas ‘puntuales’, como la vergonzosa invasión de Ceuta por ‘Los cien mil hijos de san Luis’, quiero decir los cien mil hijos de Mohamed VI, unos miles de los cuales persisten allí para oprobio de los ceutíes, ciudadanos españoles de segunda categoría o acaso de tercera, eso sí, según Sánchez y su portavoz gubernamental, Elma Saiz, ‘puntualmente’.
Digo yo (y digo bien con permiso de Pedro y de Elma) que lo de Óscar Puente ‘El Ferroviario’’ les puede costar muy caro ‘puntualmente’ si es que la Comisión Europea presidida por la cada vez más mosqueada Úrsula von der Leyen (ya plenamente desengañada del apuesto y ‘bello efebo’ hispano) indaga a fondo sobre los muchos millones de ‘euros europeos’ que no se han usado para modernizar los sistemas de seguridad de los ferrocarriles españoles de alta velocidad. ¿Hasta dónde y hasta cuándo va a seguir sosteniendo Sánchez a Puente, ese parlanchín maleducado que parece trabajar más en las redes sociales polarizando que en la modernización del ferrocarril y arreglar los miles de kilómetros de carreteras llenas de baches? ¿O es que sus destinos pueden estar excesivamente unidos desde que se rumoreaba que Óscar podría ser el heredero en el PSOE y adjunto del emperador Pedro II ‘El Amoroso’? Puente es fidelísimo a Sánchez y lo ha demostrado recientemente al calificar al PSOE sanchista como ‘el partido del amor’. No me sorprendería que los veamos en algún mitin bailando juntos, aplaudidos a rabiar por María Jesús Montero, esa nada lozana andaluza absolutamente embrujada, casi en trance mientras grita: ¡”Pedro no te vayas, España te necesita”!
Posdata: ese aborto constitucional de Sánchez
¿España necesita a Pedro, como proclama la Montero, entre otras cosas para intentar que el derecho de la mujer al aborto además de legal, como ya lo es por ley orgánica, se introduzca en la Carta Magna como un derecho fundamental? Científicos, filósofos y pensadores prestigiosos apoyan a todas las iglesias cristianas, empezando por la católica, cuando defienden el derecho a la vida del ser humano desde su inicio, en el momento de la concepción. No hace falta ser papa para estar de acuerdo con el juramento hipocrático, vigente desde el siglo V antes de Cristo, que, además de no acabar con la vida de ninguna persona aunque el enfermo lo pida, exigía al médico: “tampoco administraré abortivos a mujer alguna”.
Los ‘progresistas’ de nuestro tiempo van más allá del llamado juramento hipocrático moderno, a la luz de la llamada ‘Declaración de Ginebra’ de la Asociación Médica Mundial, que hablaba de “velar con el máximo respeto por la vida humana desde su comienzo”. Estos ‘pseudoprogres’ eliminan las últimas palabras, “desde su comienzo”, para no entrar en conflicto —dicen— con las legislaciones nacionales que permiten la interrupción voluntaria del embarazo.
La vileza antihumana del aborto libre y gratuito llega a su cota máxima queriendo introducir el derecho al aborto de la mujer en la propia Constitución. Y lo promueve ‘el partido del amor’. El hombre (deshumanizado) lobo para el hombre. Queremos matar niños antes de nacer y los queremos matar constitucionalmente. ¿Cabe mayor aberración y degradación de la condición humana? Pedro, no cuentes conmigo —que algunas veces voté otro PSOE, sin ser militante socialista ni de ningún otro partido— ni con el voto de Felipe González.
Fuente; Hoja del Lunes de APPA