
A VECES DEJO DE CREER EN LAS PERSONAS
Piedad Rodríguez García.- A veces, me encuentro en el silencio de mis pensamientos, reviviendo esas heridas que otros dejaron. Es fácil construir muros cuando el mundo parece haber sido cruel. Es fácil querer aislarse, apagar la luz de la esperanza y desconfiar. Pero, ¿es eso vivir plenamente?
Lo cierto es que todos, en algún momento, dejamos de creer en las personas. Nos sentimos traicionados, incomprendidos o simplemente cansados de dar sin recibir. Pero este vacío no es permanente. No tiene que serlo.
El camino de vuelta a la confianza comienza en nosotros mismos. Desde un entrenamiento reparador de la mente y el cuerpo, aprendemos que la verdadera fuerza no está en evitar el daño, sino en ser capaces de sanar, aprender y crecer a pesar de él.
Mover nuestro cuerpo con intención nos recuerda que estamos vivos. Silenciar el ruido en nuestra mente con prácticas de reflexión nos devuelve a nuestra esencia. Poco a poco, ese diálogo interno cambia. Comenzamos a creer en nosotros mismos, y desde ahí, en los demás.
El coach no está aquí para darte las respuestas, sino para iluminar los caminos que tú mismo puedes recorrer. Porque cuando el corazón y la mente se reconcilian, somos capaces de ver más allá de los errores de los otros. Entendemos que cada persona está librando sus propias batallas, y que el amor y la confianza que damos tienen el poder de transformar.
Dejar de creer en las personas puede ser una etapa, pero no el final. El final verdadero es la conexión. Y esa conexión empieza contigo.
Hoy, te invito a dejar que tu cuerpo se mueva al ritmo del perdón y que tu mente entrene la confianza. Quizá, al abrir esa puerta que creíste cerrada para siempre, encuentres del otro lado lo que siempre esperaste: un corazón dispuesto a volver a confiar.
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