«La Última Cena» de Leonardo da Vinci

Hoy queridos amigos del mundo del arte, que os gusta el arte, muchos y muchas tanto como me gusta a mi, os traigo uno de los cuadros más universales de la Historia del Arte, como es «La última cena» de Leonardo da Vinci. Un cuadro que siempre ha convivido en mi familia, aunque fuera en tapiz de tela y que guardo un grato recuerdo, de mi visita a la ciudad italiana de Milán hace 7 años. Además, siempre ha estado presente en otro tipo de manifestaciones artísticas, sobre todo en Benidorm, donde es muy común la construcción como figura de arena, concrétamente en la Playa de Levante, de su representación artística. Es una visión o versión del cuadro de Leonardo da Vinci, trasladado a otros personajes católicos, que realizan la misma función. O ya para aquellos amantes del celuloide, la misma versión pero traslado a iconos del cine.

Es un mural conocido en el mundo de habla hispana como “La Última Cena” de Leonardo. Fue pintado por Leonardo da Vinci entre 1495 y 1498.

El mural todavía permanece en el lugar en que fuera pintado originalmente, se ideó e intentó recortar el trozo de muro y transportarlo a lugar más seguro, pero su fragilidad no lo permitió.

Se encuentra en el comedor del convento de los dominicos de Santa Maria delle Grazie, en Milán.

Para esa fecha Leonardo trabajaba para el Duque Ludovico Sforza, el Moro. Es este duque quien le hace un encargo, no muy importante, para el modesto convento. Sin embargo, al genial artista, éste le resultó apasionante. Leonardo era un pintor sin igual, pero con los murales no se llevaba bien del todo ya que era muy lento y perfeccionista y para pintar al fresco era necesario hacerlo rápido y por partes, porque se pinta sobre el revoque de la pared todavía húmedo y se lo deja secar junto con la pintura. Esta técnica es fiable y de probado resultado.

Ello, no obstante, Leonardo decide inventar una superficie de yeso del espacio entero que le permitiera pintar pausadamente e ir haciendo los bosquejos de la distribución de los personajes, sopesando como iban quedando.

Primero que nada, la distribución de los comensales es una idea fantástica que sólo a él se le podía haber ocurrido. Quienes lo vieron trabajar quedaron maravillados por la forma en que lo hacía, se escribieron varios testimonios coincidentes que nos cuentan que se lo veía subir a su andamio temprano por la mañana e irse ya a la tarde-noche. A veces pintaba frenéticamente sin soltar prácticamente el pincel, otras más comunes quedaba pensante frente al trabajo y al final del día había dado tres o cuatro pinceladas o ninguna. Otras muchas veces abandonaba el andamio imprevistamente y salía a caminar por las calles, se creía que esto lo hacía para buscar rostros de gente que se adaptaran a los apóstoles.

Hubo dos en especial que lo tenían preocupado y que fueron los últimos que retocó: Jesús y Judas.

Pintaba, despintaba, deshacía, retocaba, en fin, todo iba muy lento tal es así que el Prior del convento se presentó frente al duque para reclamar más prisa de parte del artista. Cuando el duque se cruzó con Leonardo le habló del tema, éste le contestó: Los buenos artistas cuando observan y piensan obtienen los mejores resultados.

Cuando finalmente la obra fue dada por concluida, todos quedaron maravillados, monjes, nobles, milaneses y hasta se organizaron peregrinaciones para admirarla. En el convento todos estaban eufóricos. Tanto amó Leonardo a esta obra que no le pidió un solo centavo al Duque.

El rey de Francia, Luis XII, invadió Milán en el año 1500 y destruyó el ducado. Al ver el mural quedó deslumbrado y fue él, uno de los que imaginó desmontarlo y llevarlo a Francia, pero el muro carecía de la solidez necesaria y además se estaba manifestando un deterioro que aterró a los monjes y a todo Milán; la pintura se estaba resquebrajando y enmoheciendo. El invento de Leonardo había fallado. A partir de entonces comienzan los esfuerzos para mantener la pintura y la práctica de restauraciones, siete en total. Hasta hoy se logró mantener una imagen velada y sin brillo, pero al menos da una idea de lo magnífico de la obra maestra.

El momento que representa la escena, es de consternación general, es cuando Jesús termina de decir la frase a sus doce apóstoles: “Uno de vosotros me traicionará”.

La obra sufrió algunos maltratos por ignorancia, por ejemplo, los monjes construyeron una puerta para que las viandas llegaran más rápido, mutilando parte de la composición, un general de Napoleón convirtió el refectorio en una caballeriza y un bombardeo cercano resintió el ya frágil muro; en fin, es un verdadero milagro que el mural haya llegado a nuestros días.

Sobre esta composición existen estudios e interpretaciones diversas sobre mensajes, códigos y simbolismos que han inspirado intrigantes e interesantes historias, por ejemplo: nótese la esmeralda que luce Jesús y el nudo en la punta del mantel, una verdadera invitación a dejar volar la imaginación.

En 1980 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Fuente de las fotos: lnternet y la Biblioteca de Alejandría A.S. en facebook