
Son muchos, especialmente los más jóvenes, los que creen que el éxito de una persona se mide por sus logros tangibles como la posición que ocupa, su popularidad en redes, el nivel de ingreso, o la cantidad del bienes materiales que acumula
Jordi Alemany.- Los medios de comunicación y las redes sociales nos bombardean con historias de personajes que han alcanzado la cima, y lo hacen centrándose aspectos como que facturan X dígitos al mes, el tamaño de la casa en la que viven, el jet privado en el que viajan, o el superdeportivo que conducen.
Estas narrativas, aunque para muchos resulten inspiradoras, son extremadamente dañinas, especialmente para aquellos que todavía están formándose en valores, o aún no han definido cuál es su propósito en la vida.
Muchos de ellos ocupan, u ocuparán, una posición de liderazgo.
Si a eso le añadimos la nula educación que nos dan en cuestiones como inteligencia emocional o pensamiento crítico, el resultado es terrorífico.
Si educas en un modelo que promueve el individualismo y la competitividad extremos y lo dopas con la recompensa del reconocimiento y la popularidad asociados a posición y acumulación de riqueza, no puedes más que obtener personas emocional, social y espiritualmente desequilibradas.
¿Cómo va a convertirse en un buen líder alguien que considera que el éxito consiste en ganar grandes sumas de dinero y acumular muchas posesiones materiales, aunque para ello tenga que sacrificar familia, amigos, salud y espiritualidad?
¿Qué opinas? Has reflexionado alguna vez acerca del precio que se paga por ese tipo de éxito?
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