
Hoy celebramos el #DíaMundialDeLaPaella y lo hacemos con esta fotografía que dio lugar a una historia desconocida para muchos: el pacto de amistad entre dos grandiosos toreros, Manolete y Carlos Arruza
La imagen fue tomada por Luis Vidal en la plaza de toros de Valencia el 8 de mayo de 1945, la víspera de la alternativa de Parrita. Desde finales de la temporada anterior y sobre todo en ese año, había una rivalidad brutal entre Manolete y el mexicano Carlos Arruza, para beneficio de toda la afición. Nadie mejor que el propio Carlos Arruza para explicar lo que sucedió, tal y como aparece reflejado en el libro ‘Manolete’ de Francisco Narbona publicado en 1948:
Desde 1944, cuando en Lisboa le vi por primera vez, comprendí que Manolete era, sin duda alguna, uno de los mejores toreros de España. Yo había visto torear a varios en Portugal, pero Manolete me impresionó intensamente. Recuerdo que solo cambiamos unas frases –apenas un saludo- antes de hacer el paseíllo. Aunque se hablaba del próximo arreglo del pleito taurino entre España y México, yo no tenía todavía grandes esperanzas… Sin embargo, al ver a Manolete, creció en mí el deseo de poder alternar con él en los ruedos de España. Pocas semanas después comenzaba yo mi primera campaña española. Recuerdo que alterné con el cordobés, por primera vez, en Cieza (26 de agosto de 1944 N.A)
Cuando terminó, en octubre la temporada, mi nombre se manejaba como rival de Manolete. Confieso que al comenzar el año siguiente andaba yo muy preocupado. Manolete era el primer torero de España y el intentar acercarse a él era, a mi juicio, una temeridad. A los públicos, en cambio, les parecía magnífico hallar un nombre que pudiera molestar a Manolete cuando no le salieran bien las cosas. Esto me dolía mucho…
En la feria sevillana de abril de 1945 fue donde nuestra rivalidad alcanzó, a mi juicio, su más alta cumbre. No estaba yo aún en la intimidad del torero, pero pude comprobar que si en el ruedo era un enemigo terrible, nunca dejaba de ser cordial –sinceramente cordial- con sus compañeros. Fue naciendo entonces, en mi, una admiración, que si en el terreno profesional jamás dediqué a nadie, halló en un afecto entrañable su expresión más natural y afectiva. En Valencia, poco después de la feria sevillana, coincidimos en una típica paella. Allí sellamos nuestro pacto de amistad, que no rompió ni su muerte, porque para mí el recuerdo de Manolete no se extinguirá nunca…
Si como torero, Manolete alcanzó la más alta estimación de los tiempos modernos –por su arte excepcional y su estilo sobrio y auténtico-, yo creo que su condición de caballero y amigo de verdad sobrepasaba en él su calidad profesional con ser tan singular…
Fuente: Fundación del Toro de Lidia
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