Benidorm ante el calentamiento global: Plan Municipal de Adaptación. ¡Resiliencia!

Planteamos 5 ideas, como punto de partida: la evidencia de que el Sistema Atmósfera-Tierra está alterado y eso supone un problema; que tenemos más problemas en el planeta; que la especie humana es la causante en mayor o menor medida y que podemos también ser la solución sabiendo que no basta con ser sostenibles y hay que ser resilientes; que el CO2 no es el malo de la película, calificándolo de revoltoso al menos; y, finalmente, que en Benidorm –desde la primavera desde 2015- lo estamos haciendo muy bien.
Comenzamos con un repaso somero a los yo considero son los problemas del planeta: el calentamiento, que definí como una “alteración climática debido a nuestras actividades, que generan eventos meteorológicos cada vez más extremos y agresivos (sequías, incendios forestales, etc.)”; la contaminación de tierras, aguas, ambientes y atmósfera); la deforestación por agricultura insostenible y sobreexplotación maderera; la pérdida de biodiversidad por destrucción de hábitats y ecosistema (el 8% de las especies ya se consideran desaparecidas y el 22% amenazadas); el consumo abusivo de materias primas (que son finitas) y superficies producción; la producción de residuos (excesiva); la población mundial (por su disposición en el planeta) y el problema de las migraciones; y, finalmente, la falta de concienciación ambiental.
Estamos en un momento del siglo XXI donde salimos de casa con meteodepencia (¿qué nos va a pasar a lo largo del día o del fin de semana?) y vivimos con ecoansiedad; son las secuelas del calentamiento climático que la ONU ya propone atenderlas clínicamente por sus afecciones a la salud física, a la salud mental y a la salud comunitaria de las personas. Cuando menos, lo que sí es cierto es que aumentan, en Europa y en el mundo -con cifras alarmantes cada verano-, los fallecimientos por calor estival de personas de edad avanzada.
Hemos intentado explicar tanto el Balance Energético del Planeta (BEP) como su alteración; ese watio de más por metro cuadrado que estamos comprobando -en las tres últimas décadas- que está caldeando el ambiente y genera más problemas que beneficios, así como el Efecto Invernadero, tanto el natural como el inducido por la actividad humana y que bien refleja la alteración en el BEP. El Efecto Invernadero -que es un fenómeno natural- afecta a todos los cuerpos planetarios del Sistema Solar dotados de atmósfera, porque, aunque no todos los gases absorben radiación infrarroja, en ninguna de esas atmósferas faltan los que sí lo hacen. En el planeta Tierra el efecto invernadero es responsable de un exceso de 33 °C de la temperatura superficial (15 °C de valor medio) sobre la temperatura propia del planeta (−18 °C). En Marte el efecto invernadero sólo le aporta al planeta 3 °C y en Venus se pasa con 466 °C.
Se llama así, efecto invernadero, a la acción de ciertos gases de atrapar el calor (gases de efecto invernadero, GEI); actúan como una manta que envuelve al planeta y lo mantiene más cálido de lo que sería sin ella.
Los principales GEI en la atmósfera terrestre son el vapor de agua (H2O) [Troposfera], el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O) y el ozono (O3). El vapor de agua es el GEI que más contribuye al efecto invernadero debido a la mayor absorción de los rayos infrarrojos. Hemos demonizado el dióxido de carbono; pero sin él, el efecto invernadero terrestre colapsaría.
Y defendimos el CO2, un simpático cabroncete, desde que Eunice Newton Foote, la científica sufragista norteamericana que lo metió en escena allá por el verano de 1856 en Albany (Nueva York), durante la octava Reunión Anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS), y lo condenó. Entonces, allí, no gustó mucho que una mujer presentara una investigación tan completa y la ningunearon. Joseph Henry salió en su defensa con la célebre frase: “La ciencia no era de ningún país ni de ningún sexo. La esfera de la mujer abarca no sólo lo bello y lo útil, sino también lo verdadero”. Y a regañadientes publicaron su trabajo y la olvidaron. Descubrimos sus investigaciones a mediados de los sesenta del siglo XX.
Tras ella y con mayor éxito, la culpabilidad del CO2 fue apoyada por el sueco Arrhenius y el norteamericano Callendar en sus trabajos de finales del XIX y años 30 del siglo XX. Y tomado como fe de vida que el CO2 es nocivo y pernicioso hemos transitado hasta hoy. Aunque hoy le reconocemos que es crucial en la fotosíntesis, donde las plantas emiten oxígeno y que sin él no habría vida en el planeta. Y me parece fundamental su contribución a la especie humana: el agua con gas (J Prietsly, 1772), la espuma y burbujas de cerveza y las bebidas carbonatadas, al vino y a casi todo; porque el CO2 ayuda a evitar el proceso de oxidación que es responsable de que las bebidas tengan un sabor desagradable y los alimentos se estropeen, impide la propagación de bacterias y en los productos horneados, penetra en las burbujas de aire, impidiendo la formación de moho y hongos… ¡es genial!
Hicimos un poquito de retrospectiva sobre la llamada “atmósfera inquieta” de los años treinta y vimos que tras la IIGM los avances en el conocimiento de la troposfera y la meteorología nos metieron de lleno en esto de saber que el clima es cambiante. Y llegaron los satélites meteorológicos, las primeras computadoras, los programas de investigación, los libros de Rachel Carlson (La primavera silenciosa) y otros más para alertarnos de lo que pasaba; el primer informe de la CIA (1974); los trabajos de Bert Bolin y las iniciativas, muy poco reconocidas, de la “Dama de Hierro”, Margaret Thatcher, porque era conservadora. La señora Thatcher llevó el tema a la Academia Británica de Ciencias, al G7 y a la ONU; además, creó el IPCC y el Centro Hadley de investigación… y las medallitas se las apuntan los progresistas de pacotilla.
Después entramos de lleno en la resiliencia, que es la capacidad –social, económica y tecnológica- de un sistema para resistir perturbaciones y recuperarse rápidamente de ellas. Es un imperativo para asegurar un futuro sostenible. Y planteamos la resiliencia de Benidorm, una ciudad que reinventa cada década.
Esa adaptación integra un grupo de procesos y acciones que ayudan a un sistema a absorber los cambios que ya han ocurrido o que se puede predecir que ocurrirán en el futuro. El éxito de la adaptación depende de la participación activa y sostenida de todos; no es un problema municipal o estatal o transnacional; es un problema del planeta Tierra.
Y hablamos del Plan Municipal de Adaptación al Cambio Climático del Ayuntamiento de Benidorm con el análisis de la mediterranización del calentamiento climático en la península y los efectos atmosféricos observados en nuestro entorno más inmediato y centrado en los ODS 13 (acción por el clima) y 17 (alianzas para alcanzar los objetivos)
(https://benidorm.org/es/ayuntamiento/concejalias/obras/ingenieria/proyectos-ingenieria/plan-de-adaptacion-ante-el-cambio-climatico-de-benidorm ).
Los objetivos son claros: renaturalizar el término municipal, para ser más resilientes y mejorar la calidad de vida de la sociedad; mejorar en el diseño y adaptación de la ciudad ante el Cambio Climático, que genere una mejora tanto para la calidad de vida del residente, como una mejora añadida para el turistas; sensibilizar e informar a la sociedad, para educar una ciudadanía comprometida y activa con el calentamiento climático; promocionar el uso de las energías renovables, el autoconsumo y otros recursos; y adaptar el sector turístico a los impactos del Cambio Climático.
Se analizaron las áreas estratégicas y los impactos para las que se han desarrollado 13 líneas de actuación y 54 acciones concretas alineadas con la Agenda 2030.
Con este plan y su desarrollo, el Ayuntamiento de Benidorm ya es miembro de la Red Española de Ciudades por el Clima (desde abril de 2020) y ha puesto en marcha múltiples iniciativas y planes colaterales. Junto al PAES y al inventario de emisiones, Benidorm ha desarrollado con posterioridad una fase más avanzada: el Plan de Acción sobre el Clima y las Energías Sostenibles (PACES), que ha confirmado la reducción de emisiones que han pasado de las 475.000 TM de CO2 anual a las actualmente computadas de 360.000 TM; la política de ahorro energético que desarrolla el Ayuntamiento de Benidorm ha conseguido una reducción del 40% del gasto en electricidad manteniendo el compromiso de reducirlo para 2030 un 20% más. Además,
Benidorm ha conseguido inscribir su huella en el Registro de Huella de Carbono, compensación y proyectos de absorción de CO2 del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y ha recibido la correspondiente acreditación para el derecho a usar el sello CO2 Calculo–Compenso-Reduzco. La reducción de emisiones conseguida en todos los edificios, instalaciones y vehículos municipales es una realidad y contamos con el apoyo de la hotelería -HOSBEC- muy implicada con su proyecto Greenhost.
La calidad del aire en Benidorm es innegable: Benidorm es una de las pocas ciudades de España cuyos niveles se encuentran por debajo de los límites recomendados por la OMS en cuanto a la presencia de NO2: 6,21 microgramos de NO2/m3, un índice muy inferior a los 10 microgramos que establece la OMS como límite de la excelencia.
Ya, entrando al detalle, los pormenores de las acciones en el sector turístico como es la apuesta por la eficiencia energética, iluminación eficiente, domótica, nuevas tecnologías y herramientas informáticas. Un ejemplo de ello es la ‘habitación del futuro’ en la que se trabaja en un hotel de Benidorm con el programa neZEH de la UE y el ITH: la ITH TechYRoom 1.0.
En construcción, el proyecto ALDREN y las proyecciones de arquitectura bioclimática y de autosuficiencia energética, como la llamada ‘torre eólica’ de Vía Parque. La realidad más palmaria, edificios certificados Leed Gold, como la Delfín Tower.
En la parte energética, los planes de Energía y Cambio Climático, así como el de Eficiencia Energética, en colaboración con el IDEA, que ya ha actuado sobre el 75% de las luminarias de Benidorm con una reducción del consumo energético de un 75%. La energía eléctrica que compra el Ayuntamiento de Benidorm es certificada y a través de un consorcio de ayuntamientos. Y, por supuesto, las iniciativas hacia el autoconsumo y suficiencia que han logrado que el 87% de las instalaciones y centros municipales ya se alineen en esa órbita y la gasinera que ya abastece vehículos municipales.
En el apartado de transportes, la implantación de ‘Benidorm ciudad amable 10-20-30’ que ha conseguido la reducción de siniestralidad gracias a una circulación constante y la reducción de emisiones; la implantación de las ZBE y el trabajo con drones: tanto el proyecto U-elcome, como UE De Lorean y Sonora en el Urban UAS de la Avda. de Bélgica.
La renaturalización manifestada en reforestación de Benidorm, actuaciones en los parques urbanas y especialmente en El Moralet. Principalmente el Plan Verde Benidorm.
Y, finalmente, las actuaciones sobre la franja costera monitorizando la línea de costa y la dinámica marina sobre la misma. Benidorm es una de las 10 ciudades de la UE del proyecto Score, desarrolla su propio Smart Beaches, tiene en marcha la iniciativa de dunas vegetadas y el Plan Local de Protección de la ribera marina adherido al Sistema Nacional de Respuesta ante la contaminación marina, junto al Instituto de Ecología Litoral.
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