«EN HONOR A CANITO»

Hoy me es un placer volver a reeditar este artículo que tiene historia, tiene más de 25 años, exactamente 25+1 (26 años), cuando salió publicado en el Boletín Universitario «El Vicent» -periódico universitario de la Universidad de Alicante, adscrito al periódico La Verdad, en el cuál estuve colaborando durante 13 años.
Y este artículo me es muy especial para mí, porque además de conocer a este gran fotógrafo -considerado por muchos como el padre de la fotografía taurina, tuve la suerte de conocerlo de las veces que venía a cubrir las corridas de toros que se celebraban en la Plaza de Toros de Benidorm, cuando trabajaba como corresponsal fotográfico para la Revista Aplausos.
CANITO: EL PADRE DE LA FOTOGRAFÍA TAURINA
El otro día estaba en una plaza de toros de la provincia y al verlo me vino a la cabeza la figura de un hombre que ha dado mucho a la tauromaquia española, como es Francisco Cano «Canito»; entonces se me ocurrió la brillante idea de hacer un artículo sobre él que sirva de homenaje a su labor profesional durante toda una vida dedicada al mundo del toro y qué mejor lugar que aquí para reflejarlo.
Este pequeño gran hombre dedicado a la profesión de la fotografía, ha hecho de su cámara un ensayo con un derroche de arte visual plasmado con gran humanismo y profesionalidad. Por ello he querido hacerle este homenaje que se merecía hace mucho tiempo. Lo hago con cariño y a su vez me engrandece como persona. Este hombre, grande donde los haya, a pesar de su corta estatura -chiquitito más bien, tiene una figura inconfundible dentro de una plaza, porque hablar de Canito es recordarlo siempre igual: canoso (de ahí su apodo y también como diminuto de su apellido), con su gorra, su chaqueta pluribolsillos, su mochila y su cámara agarrada al hombro, que ha hecho de él, el ser considerado el mejor fotógrafo taurino desde hace muchos años, que ha hecho con su cámara las mayores delicias que una persona puede percibir cuando visualiza una foto suya. Y qué contar de su gorra, la cuál tiene una historia peculiarísima, ya que ha habido gente que ha intentado comprársela pero él dice que es «un recuerdo que sus hijos le trajeros de Alemania y que no la vendería ni por todo el oro del mundo», dicho con tono chistoso, muy característico en él.
Hablamos de un personaje del mundo taurino. Este hombre residente en Alicante desde hace mucho tiempo, es como si fuera un alicantino más de adopción, siendo un libro abierto de sabiduría taurina, mucho mayor que la que pueda ofrecer una enciclopedia especializada en el tema. No sería la primera vez que escucho de espectadores de plazas de toros decir: «El hombre de la gorra es el que más sabe de toros de esta plaza». Además de estas peculiaridades que le hacen ser tan grande, tiene una serie de anécdotas que se podrían recoger en un libro, ya que él ha vivido como testigo de excepción los momentos más importantes de la historia de la tauromaquia española, como es la muerte de uno de nuestros toreros más emblemáticos, Manuel Rodríguez «Manolete», que murió en la Plaza de Toros de Linares hace más de 50 años y que es junto con Curro Romero, el cenit de este arte.
Este hombre que ha engrandecido nuestra Fiesta a través de sus fotos (os invito a que las veáis en la revista taurina «Aplausos», ya que es corresponsal de ella), os hará sentir lo que es la esencia de los toros, que no es tan malo como algunos dicen.
Canito, qué grande eres y cuánto te queremos aquéllos que amamos este mundillo. Tú que quisiste ser torero, llegándolo a intentar de joven como matador y banderillero, aunque no triunfaras como lo has hecho como fotógrafo, te mereces salir por la puerta grande como los toreros.
Fecha de publicación: 1 de Abril de 1.998
La fotografía taurina
Demasiado tiempo ha tardado la fotografía en ser reconocida como una de las Bellas Artes. Hoy, sin embargo, los más prestigiosos Museos del mundo entero acogen exposiciones fotográficas y las obras de estos artistas suscitan tantos comentarios como las de los pintores o escultores y llegan a alcanzar cotizaciones astronómicas. La estimación de la fotografía taurina ha acusado durante años este retraso, a pesar de su objetiva importancia. No es extraño que la Tauromaquia, con su evidente plasticidad, haya atraído a los fotógrafos, herederos de los grabadores románticos, con sus colecciones de estampas, cultas o populares. En todos esos casos, se trataba de salvar un arte efímero, que nace y muere delante de nosotros. Ese es, por otro lado, uno de sus grandes atractivos: como el teatro, siempre en vivo y en directo, frente a la comodidad y la manipulación del cine, arte enlatado. Por otro lado, la fotografía taurina —y su justa estimación— se enfrentan a un problema teórico evidente: la inmovilidad de la instantánea fotográfica no parece adecuada para reflejar un arte basado en el movimiento. Pero ese mismo criterio serviría también para descalificar todas las pinturas, dibujos, esculturas y grabados de tema taurino, lo que constituiría, evidentemente, un disparate. Más aún, como ha mostrado Álvaro Martínez Novillo, la fotografía taurina ha influido enormemente sobre la visión de los pintores, desde Degas a Francis Bacon.
Antes de que las cámaras de cine alcanzaran el nivel técnico actual, la historia de la tauromaquia hay que buscarla en las cámaras de los fotógrafos, a la vez que en las crónicas de periodistas y revisteros. Muchos de estos fotógrafos eran grandes artistas. En el siglo xx, por ejemplo, Calvache, Alfonso, Kaulak, Baldomero, Cervera… Después de la guerra, Aguayo, Santos Yubero, Finezas, Arjona, Arenas, Zarco, Cuevas, Botán…
A esa ilustre familia artística pertenece el fotógrafo Paco Cano.
Fuente: Wikipedia
Fotografía del periódico El País
https://elpais.com/cultura/2016/07/27/actualidad/1469601103_955382.html
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