
Hay escritores que, una vez decantado su estilo por una vía en concreto, independientemente de su versatilidad, te hacen disfrutar al límite, y piensas a la vez que ya has leído lo mejor que podías leerle. Falso. Es el caso del Eduardo Mendoza, catalán y premio Cervantes -qué bueno que para él no hablemos ni de oxímoron ni de pleonasmo- y de esta, su última novela. Se vuelve a superar. Maldigo la hora, porque hay que dormir, y bendigo el día porque lo acabaré mañana, viernes por la tarde.
José Antonio Piqueras.- Mendoza es el rey de tantas facetas literarias que uno llega a abrumarse: la comedia, la sátira, la elegancia narrativa o el humor inteligente, entre otras muchas. Su léxico, su puntuación maravillosa y su ritmo apabullan.
Máximo dentro de una hora lo dejo y me acuesto, porque mañana hay pan que ganar, pero, mediada, es una de sus mejores y más inteligentes astracanadas, si no la mejor.
Hablamos del gentleman de la prosa castellana, con todo el resabio de su cimentada erudición sobre el Siglo de Oro de nuestras letras.
Una maravilla.
PD: En el contexto del hilo argumental de este precioso relato aparece un jorobado inmerso en situaciones hilarantes. No me extrañaría alguna crítica burda, de esas tan en boga hoy en día.
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