
Humboldt estaba convencido, por haber estudiado a fondo la toponimia ibérica, que los iberos y los vascos compartían el mismo idioma. Es interesante remarcar, que la mayoría de la toponimia ibérica que Humboldt comparó con el vasco, era principalmente la toponimia de los nombres citados por los antiguos geógrafos e historiadores griegos y latinos. En la página 26 de este mismo libro, dice Humboldt:
<<Como los nombres propios derivan habitualmente de apelativos y tienen una significación original propia, la cuestión que nos ocupa, podría ser resuelta fácilmente, si los antiguos geógrafos e historiadores, nos hubieran transmitido sin alteración los que procedían de España; desgraciadamente, nunca tuvieron este propósito y no trataron de conservar con exactitud unas palabras para ellos bárbaras. Plinio (ed. Hard. I, 136, 14; 144, 11, 12) confiesa formalmente, que en su enumeración de ciudades ibéricas, se ha preocupado de tener en cuenta si sus nombres podían ser expresados con facilidad en la lengua latina. Pomponio Mela (III, 1, 10) dice que numerosos nombres de ríos y poblaciones de los Cántabros no pueden ser articulados por nuestra lengua, y Estrabón (III, 3, p. 155, Cas.) teme citar nombres semejantes y, cuando lo hace, da algunos tales como: Pleutaures, Bardyetes, Allotriges y otros todavía más ásperos y sin sentido para él, pese a que estos tres últimos tienen algunas sílabas con sonido parecido al griego. Se ve, por tanto, que los autores antiguos sólo nos han legado una selección de nombres, y han dejado a un lado los más característicos. Lamentándose sin cesar de su falta de significación y de su longitud –polisilabismo- sin duda a menudo los han abreviado o acomodado a la pronunciación griega y romana, reemplazándolos incluso por palabras de su propia lengua.
Bernat Mira Tormo.- Tomemos como ejemplo la muy verosímil conjetura de Mannert según la cual el nombre del pueblo de los Conios o Cunios ha sido transformado por los griegos primitivos en Cynesios y por los romanos en Cuneos>>.
Coincido con las apreciaciones de Humboldt. Cuando analizas los topónimos de los pueblos ibéricos, que por el motivo que fuera, fueron citados o mencionados, por los antiguos geógrafos e historiadores griegos y romanos. Te das cuenta, que dejaron estos nombres prácticamente “irreconocibles”, y algunos nombres no se parecían a su antiguo nombre ibérico original. Posteriormente pasó lo mismo, con los nombres de lugar ibéricos, que fueron adaptados a la grafía árabe, lo que hizo creer a más de un estudioso arabista, que el antiguo nombre ibérico, era de origen árabe, cuando de árabe, sólo tenía la adaptación a la grafía árabe, del antiguo nombre ibérico.
Posteriormente, estos mismos nombres ibéricos “que no estaban muy claros”, hay quien ha intentado traducirlos desde la lengua vasca, para poder ver, si había algún tipo de relación entre el ibérico y el vasco. Y el resultado no podía ser otro, que creer que el ibérico y el vasco no se parecían mucho.
Pero mira por donde, sí que se dieron cuenta que los nombres ibéricos citados por los geógrafos e historiadores griegos y latinos, no se parecían mucho al vasco, pero tenían un cierto aire a la lengua griega, al latín o al celta.
Y muchos de estos nombres ibéricos “irreconocibles”, que no se parecían, ni al vasco, ni al griego, ni al latín, pero que parecían tener algo indefinido de alguno de ellos. Les hizo creer a algunos, que estos nombres serían de otros pueblos. Y que aquí, hubo en la antigüedad varias lenguas y diferentes pueblos.
El argumento de que aquí teníamos varios pueblos, y diferentes lenguas, es difícil de sostener, porque cuando analizas la toponimia peninsular, no ves ni rastro de ninguna otra lengua, que no sea la lengua vasca. Porque de la lengua celta no veo ni rastro, en toda la toponimia ibérica.
Por qué no veo en nuestra toponimia, ni rastro del celta, del latín, o del árabe. En mi opinión esto se debe en buena parte, a que estos topónimos los traduzco principalmente desde la estructura lingüística del vasco, tal y como los encuentro actualmente en nuestra toponimia.
Y la mayoría de los topónimos que me parecían árabes o latinos, solían ser mayoritariamente, la adaptación a la grafía árabe o al latín, de sus antiguos nombres ibéricos.
Mientras que Humboldt, Hervás, Astarloa, y algunas veces también Larramendi, traducían estos mismos nombres de lugar ibéricos, de las traducciones, que con mejor o peor fortuna, habían hecho los antiguos geógrafos e historiadores, griegos y latinos.
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