Qué inteligentes han sido Pelé y Benedicto XVI

Si hasta el parte meteorológico se ha vuelto medio loco en este inicio de año, presentándose como claro síntoma de lo que se nos puede venir encima de ahora en adelante, ¿porque tendríamos que sorprendernos tanto de que todo lo demás que va a suceder siga la misma trayectoria? No me gusta ser especialmente agorero y menos aún a principios de año, aunque sólo sea para ir en contra de costumbres que nunca he entendido y que denotan contradicciones que llenarían libros. No recuerdo un solo año en el que la humanidad no lo haya iniciado deseándose lo mejor, convencidos de que esos deseos se van a cumplir, y lo hayamos finalizado echando pestes a la misma velocidad que urgencia solicitamos para la llegada del siguiente… y vuelta a empezar con el discurso de las ironías vagas que nadie siente con sinceridad.

Leopoldo Bernabeu.- Ya estamos en 2.023 y en mi caso ha sido recibido como los tres o cuatro últimos, durmiendo. Me vengo quedando frito a eso de las diez y media, acostado tan ricamente en el sofá, y me despierto pasadas de largo las campanadas para subirme entonces a la cama y seguir en ese magnífico limbo. Compruebo cuando termina el curso, doce meses después, que ha sido exactamente igual que el anterior. Todo lo que ha pasado en mi vida ha dependido de mí. De mi ilusión y de mi esfuerzo. Por lo que, confirmada esta realidad, concluyo que las campanadas no son más que otro intento banal de querer percibir lo que nunca va a llegar, el regalo caído del cielo por la gracia de nuestro propio interés. Sigámoslas celebrando…

Superada y confirmada esta ficción, que en absoluto me importa compartir por si sirve de interés, ahora sí, me pongo manos a la obra para seguir disfrutando de mi renovada ilusión, con datos, y mi interés por mantenerme sano, argumento este que trabajo sólo a medias, pues aunque sigo haciendo esos largos kilómetros diarios que me convencen para evitar enfermedades que me conduzcan con premura a nuevas vidas que todavía no quiero conocer, en el tema de la alimentación, sigo con mi particular caos, que tanto sabor y satisfacción me produce a diario, a sabiendas de que ese no es el camino correcto. Pero que le vamos hacer, no soy perfecto, ni lo pretendo…

Menudo año interesante que se nos presenta desde el punto de vista mediático, particular profesión que permite estar al día de todo cuanto nos rodea sin la sensación de sadomasoquismo más que necesaria para engullir tanta porquería sin culpabilidad manifiesta. Creo haber llegado a la conclusión de que, si yo fuera usted, y no tuviera la obligación laboral de conocer y explicar todo cuanto pasa a mi alrededor, pasaría absolutamente de hacerlo. De ahí que, cada vez con más claridad, entienda el desapego de la sociedad hacia una clase política que hace ya demasiados años dejó de significar y representar todos esos valores que cada cierto tiempo nos conducían encantados hacia las urnas para renovarlos o reafirmarlos en sus cargos. Ojo, ese es también su éxito, cuanto menos caso les hacemos, más tiempo se perpetúan en el cargo, viviendo a cuerpo de rey con los impuestos que esquilan nuestros bolsillos…

Un año electoral insufrible que inauguramos con las exequias de dos líderes mundiales tan poderosos como el Papa Benedicto XVI y el gran Pelé. Dos seres humanos, aunque a veces no lo parezcan, inteligentes como pocos, que decidieron abandonar este mundo antes de que diera comienzo el nuevo año, sólo ellos sabrán porque, pero que a mí me ha hecho recorrer el cuerpo con un tremendo escalofrío que confirma mis presagios de que, cuando todavía este año no ha hecho más que empezar, en poco tiempo ya lo estaremos odiando…

Si en los últimos doce meses han sido 179 encuestas las que se han publicado en España, vete haciendo una idea de las que nos van a llegar en un curso en el que vamos a tener la triada electoral, municipales, autonómicas y generales. Y vete preparando para ver, leer y escuchar cosas que ni los propios Reyes Magos y Papa Noel, junto en una fiesta Rave más larga que la que todavía se sigue celebrando en un pueblo de Granada, superarían. Van a prometernos el oro y el moro juntos, al estilo de las del amigo Sánchez en el día posterior a los Santos Inocentes, convirtiendo el año en una espiral de promesas, cheques, paguitas, subvenciones y prebendas, de tal magnitud, que sólo una fuerte educación y una capacidad intelectual mínima, nos salvaría. Algo con lo que ellos ya cuentan, conscientes de que, aunque parezca mentira que estemos superando el primer cuarto del siglo XXI, todavía existe una ingente cantidad de españoles que las creen a pies juntillas.

Resulta verdaderamente sorprendente, tal como decía ayer Vidal Quadras, no que Pedro Sánchez haya bajado su intención de voto del 25%, sino que siga manteniendo el 24,8%. Es un dato que le permite seguir mintiéndonos y riéndose de nosotros a carcajadas, avalando todos sus pasos ya ejecutados hacia el precipicio de lo que durante tantos años nos costó alcanzar. El mero hecho de comprobar con que facilidad ha vuelto a engañar al colectivo con la mentira de la rebaja del iva en algunos productos, los que a él le ha interesado y que nunca consume, y la compra de nuestra voluntad con un miserable cheque de 200 euros, igual a menos de dos euros por persona y mes de cada familia agraciada, al tiempo que suprimía los 20 céntimos de ayuda por litro de gasolina o incrementaba el coste mensual de la cuota del del autónomo, además del nulo interés por frenar la inflación subyacente, la que de verdad afecta nuestros bolsillos, o la sangría que supone el desbordante incremento del Euribor y su consiguiente efecto en las hipotecas de media España, da una clara muestra, insisto, del analfabetismo anacrónico al que estamos sometidos y que al parecer, seguimos aceptando con la misma disciplina con que los ratones seguían el sonido de la flauta de Hamelin.

Poco más podemos hacer los que seguimos dedicando el tiempo a expandir nuestras plegarias en el desierto, si los grandes medios de comunicación, arruinados hasta el extremo de necesitar el dinero público como el maná de la salvación, siguen siendo rehenes y cómplices de estos mensajes que sólo la historia nos indica el camino hacia el que nos conducen. El mundo se ha vuelto un poco loco y la culpa es de todos. Nos hemos vuelto conformistas y hemos desatendido el interés por seguir siendo mejores, permitiendo que la comodidad y la complacencia invadan nuestras vidas, con la venda en los ojos encaminados hacía el precipicio.

Escuchar ayer como la nueva magistrada del Supremo, de apellido Segoviano, decir que la autodeterminación en Cataluña es “algo que hay que estudiar” es la guinda de ese terrible deterioro que ya afecta también a la única institución que mantenía sus pilares en pie, la Justicia. Poco más nos queda para mantener este país unido de la manera que mi generación lo ha conocido. Pero el resto del mundo no está mucho mejor, amén de la tragicómica guerra que sigue avanzando en pleno corazón de Europa sin que nadie de los que puede le ponga remedio, el populista Lula da Silva ya gobierna en una Brasil cuya primera norma ha sido detener al anterior Presidente. No me extraña nada por tanto que ni siquiera Griñán, condenado en los ERE por corromper casi 800 millones de euros, no haya entrado todavía en la cárcel con una sentencia que a este paso pronto habrá caducado.

Lo que está claro que todo este desaguisado quien no lo arregla ya es Ciudadanos, partido político que procederá a su propio entierro días después de que lo hayan hecho, con mucha más resonancia y respeto, dos grandes de la humanidad como el rey del balón Pelé, y el Papa más sabio que ha dado la historia, Benedicto XVI.