Se acabó el cuento de Robin Hood

A pesar de que la muerte de la Reina de Inglaterra lo ha copado prácticamente todo durante los últimos días, con mucho meme y demasiada mala educación incluida, y que ya tenemos otro líder deportivo al que idolatrar en España con la victoria de Carlos Alcaraz en el US Open, hay otras cuestiones que se siguen dando a nuestro alrededor. No creo que la más importante sea la encuesta que ha ocupado mucha de mi atención durante el fin de semana, pero mira por donde, a mí me da por estar en ver como pensamos los ciudadanos sobre aquellos que manejan nuestros hilos.

Leopoldo Bernabeu.- Como cualquier resultado que envíe lejos del poder a Pedro Sánchez me resulta positivo, comprobar que la suma de todos los que hoy conforman el criminal gobierno Frankenstein está a años luz de repetir tropelías, me genera una cierta tranquilidad. Insisto que nadie garantiza que aquellos que están por llegar vayan a sacarnos del atolladero en el que estamos sumidos, pero me resulta inalcanzable concluir que alguien pueda hacerlo peor que los actuales. No son solamente malos gestores, sino peores personas, perversos cerebros con malsanas intenciones cuyo fin puede devolvernos a tiempos superados.

No es oro todo lo que reluce. Me sigue sorprendiendo en igual medida la ciega confianza que Sánchez y los suyos tienen en que el pueblo les quiere, como que exista todavía cerca de un 25% de ciudadanos que le darían su apoyo en unas hipotéticas elecciones. De verdad, alucinante. Soy consciente de que en este país hay mucho estómago agradecido heredado y mucho paniguado que debe lo que tiene a esta fanfarria, ¿pero tanto como contar más de 5 millones de votos? O los españoles estamos muy locos, somos unos suicidas o quizás, y esto empieza hacer mella en mí, soy yo el ciego en un país de tuertos. Durante años llegué a pensar que era una cuestión de puro desconocimiento y cierto analfabetismo, dato que superé al comprobar que incluso Andalucía daba por finiquitada una etapa de 40 años cuyo principal resultado fue conducirles al vagón de cola de la unión europea en desempleo y al más absoluto liderazgo en los casos de corrupción.

En esta encuesta confirmo que la inmensa mayoría de españoles no están de acuerdo con las medidas que se han aprobado para intentar corregir una crisis energética que cada día es más grave, tanto en precios como en suministros. Certifico también que tanto electores socialistas como podemitas piden en masa una bajada de impuestos, dando por hecho que el resto de españoles lo pedimos todos. Siete de cada diez dicen que la situación económica es muy mala, y que cada año empeora… ¿entonces de donde sale ese 25% que seguiría votando al señor Sánchez? Sadomasoquismo puro y duro.

Puedo entender el hartazgo generalizado de una población que hace ya tiempo decidió que lo mejor para su salud mental, era pasar olímpicamente de la política. Pero todavía no he encontrado a nadie que me quite la razón cuando digo que hacer esto y darles un cheque en blanco, es lo mismo. Si más del 60% de los votantes socialistas se muestran en contra de que No se indulte a Griñán, en clara demostración de que los simpatizantes nada tienen que ver con los delincuentes de la cúpula que quieren salvar a los delincuentes ya condenados, y que la mayoría están también por la labor de un inmediato adelanto electoral, me cuesta mucho encontrar ese cambio de opinión a la hora de definir su candidato ideal para continuar en la dirección del país.

Es cierto que el descenso en la intención de voto a los socialistas sería mucho más agudizada, si no se sumara la ingente cantidad de votantes que ha ingresado por el ala más morada, certificando como los del Pablo Iglesias se desangran a herida abierta sin que Yolanda Díaz sirva de torniquete. Sólo así se entiende el gran crecimiento en intención de voto de un Partido Popular que ha aumentado más de 10 puntos desde las últimas elecciones y que estaría a dos puntos de acercarse a la mayoría absoluta. No es sólo mérito de la bancada azul, sino hartazgo de una amplísima clase media que varía su voto, como siempre debería ser, en función de quien perciba que lo puede hacer mejor en cada momento. Una clase media que es la que más sufre las consecuencias de la penosa gestión de un Gobierno que hace ver que fustiga a la clase empresarial, dando por hecho que el pueblo se lo traga todo. Cada vez son menos los que esta falacia creen.

La vehemencia de un Podemos que sólo está para demostrar su incapacidad y su obsesión por corregir a su propio aliado de Gobierno, advirtiéndoles de su obsesión con Feijóo, mientras se desangra al descuidar la retaguardia por la que Sánchez les está vampirizando los votos, es la única explicación plausible sobre esa cuerda floja que mantiene esos escasos 100 diputados que todavía salvaría el amigo Sánchez.

Cuando hay hambre la ideología se evapora por el sumidero. No creo que todos los votantes de izquierdas hayan dejado de creer en ese comunismo que profesa la subida de impuestos a los ricos para repartirlos a los pobres, al más puro estilo Robin Hood. Hace tiempo que son conscientes que esos impuestos se aplican a todos por igual y que el reparto sólo se hace de boquilla, llegando siempre a los mismos. La encuesta deja claro que todos queremos que se reduzcan impuestos, lo que no aclara es si una parte lo quiere a costa de que, al mismo tiempo se mantengan las infinitas subvenciones y los cheque-regalo por doquier.

La única verdad que quita el sueño a los españoles es la insoportable subida de unos precios desbocados que complican como llenar las bandejas de una nevera que apenas puede mantener encendida la luz y una cocina que no puede pagar el gas con el que hacer los alimentos. A este ritmo y con encuestas como esta, que apuntan un cambio, pero mantienen una increíble cantidad de ciudadanos dispuestos a seguir suicidándose, nada de eso nos tendrá que preocupar, porque ni siquiera podremos pagar el combustible que nos lleve al supermercado.

Mientras llega ese momento, disfruten lo votado.