Entrevista a Ramón Galiana Bertomeu

UNA ENTREVISTA DE MANOLO PALAZÓN

La entrevista de hoy tiene como protagonista a un benidormense de toda la vida: Ramón Galiana, a quien le preguntamos, en primer lugar, si todos sus más recientes antepasados eran también de Benidorm.

Ramón: Sí, de Benidorm. Mi padre fue bautizado en Alicante por circunstancias; y mi madre nació en Tarragona porque sus padres estaban de un lado para otro con las almadrabas. Pero somos todos de Benidorm.

Periodista: Ramón, dime cómo viviste tu infancia y tu juventud y cuál ha sido tu formación académica.

Ramón: Mi formación académica se reduce a los estudios primarios. Quise estudiar para hacer carrera en la Marina, pero a mi padre no le pareció buena idea; así que, en mi juventud, me dediqué a trabajar en oficios varios, como mecánico de barcos, de carpintero… Hasta que me fui a la “mili” con veinte años. Antes era así: aprendíamos oficios con buenos maestros y mucha práctica; ya lo decía Séneca, resumidamente: que vale más la práctica que la teoría.

Periodista: Yo te conocí en la antigua CAM. ¿En qué otros lugares has trabajado?

Ramón: Sí, en el año 65 entré a trabajar en la CAM, en la sección de administración de fincas (para mantenimiento); luego pasé a llevar el Aula Cultural CAM, hasta mi jubilación. En ambos sitios he trabajado siempre muy a gusto.

Periodista: ¿Cuáles han sido tus aficiones, al margen de la vida laboral? ¿El deporte, la fiesta, la pesca, el teatro…?

Ramón: Las manualidades. Mira, te voy a hacer un regalo: una navajita que tiene incrustada con latón macizo por una cara la isla de Benidorm, a escala; y por la otra, un ancla y un atún, símbolo de nuestra tradición marinera. También he hecho teatro, con Pepe Solbes entre otros, en el desaparecido cine Ronda. Yo me ocupaba un poco de todo, pero sobre todo hacía reír por mi vis cómica y por un defectillo que siempre he tenido: una ligera tartamudez, algo que poco a poco he ido venciendo con tenacidad, buscando las palabras adecuadas y, como hacía Demóstenes, haciendo bailar un pequeño canto dentro de la boca. Nunca he tenido complejo por ello, y he pensado que hay muchos que se encuentran en peor estado que yo. Sobre esto te puedo contar que, en mi juventud, no me atrevía a soltar largos discursos, y ahora dicen mis amigos que no hay quien me pare cuando me pongo a hablar. Al margen del trabajo, teníamos una pequeña tertulia, por la calle Martínez Alejos, en tiempos de Franco todavía, para hacer política de barrio; de entonces data una especie de medalla que representa una paella y un cucharón (la tertulia iba ligada a la comida). En una de las fotos que te he proporcionado, hay jóvenes que después serían alcaldes y concejales de nuestro ayuntamiento.

Periodista: Eres una de las cien personas que integran el libro “Gent de Benidorm”, publicado hace unos cinco años. Un gran honor. ¿Has tenido algún otro reconocimiento institucional o profesional?

Ramón: Sí, lo de salir en ese libro es un gran honor. Por otra parte, Pepe Bayona hablaba de mí en su programa de Radio Canfali; todo eso, el tener buenos amigos y que me he esforzado por ayudar a todo el mundo, es lo que más me ha satisfecho siempre. No necesito más.

Periodista: ¿Cómo has vivido la evolución de Benidorm desde que eras un chiquillo hasta nuestros días? ¿Crees que ha sido positiva?

Ramón: Yo nací en 1938. Me fui a la “mili en 1958”. Desde entonces, ha habido mucho progreso y desarrollo, y eso es bueno. Pero a veces tengo la impresión de que está desapareciendo el alma del pueblo, su esencia. Hay diversos “benidores”. La integración de los emigrantes que venían a buscar trabajo es un hecho enriquecedor, aunque siempre hay gente que no lo ve como algo positivo. Yo recuerdo de chiquillo el Benidorm plagado de huertas, de sínias, de dunas; a una velocidad casi vertiginosa, todo ello ha sido sustituido por rascacielos, por turistas, por visitantes. Benidorm ha pasado de ser un pueblo a ser una ciudad turística, lo cual nos ha aportado grandes beneficios, sobre todo económicos.

Periodista: ¿Cómo ves Benidorm en el momento actual? ¿Qué le falta para que sea una ciudad ideal para los de aquí y para los que nos visitan?

Ramón: Antiguamente, la gente venía a Benidorm en busca de trabajo; ahora, son más bien visitantes que buscan buen clima y diversión. La gente sabe a qué viene. Siempre faltan cosas. Pero también hay otras que sobran: algunos cableados que afean las calles, postes, desniveles en las aceras para la entrada de vehículos, la ropa tendida, los aparatos de aire acondicionado… Algo se podría hacer para hermosear la ciudad.

Periodista: ¿A qué dedicas tu tiempo de jubilado?

Ramón: A charlar con mis amigos, a atender a mi familia, a realizar trabajos manuales, a salir en moto… Y a rastrear nuestra esencia de pueblo, en forma de fotos, documentos, estudio de las zonas verdes, etc. A investigar sobre los almadraberos, sobre capitanes de la Marina Mercante o el famoso corsario Batiste… Hace poco, un grupo de amigos hemos puesto una sínia-noria cerca de la chocolatería Valor (a imitación de tantas como había antiguamente, sobre todo en Armanello). Y hace muchos años, unas cuantas personas firmamos las escrituras de los terrenos aledaños a la ermita (en proindiviso). No paro de investigar sobre la esencia del pueblo, junto con otros amigos que piensan como yo (nuestro lema es que la ciudad no se coma al pueblo, ni que lo sustituya).

Periodista: Eres muy conocido en Benidorm, ¿no?

Ramón: Soy muy conocido entre las personas de mi edad; pero no entre los jóvenes. Aunque sean nacidos en Benidorm, los menores de 50 años ya no saben quién es Ramón Galiana.

Periodista: Gracias, Ramón. Tus declaraciones servirán para que nuestros lectores, sobre todo los más jóvenes, sepan un poco más de ti. ¿Quieres añadir algo?

Ramón: Bueno, una anécdota. Durante un permiso, cuando hacía el servicio militar, un día un guardia municipal me condujo al ayuntamiento sin causa aparente justificada; yo me llevé un gran susto, como es natural; y resulta que era para nombrarme, junto con otros paisanos, aposentador en el I Festival de la Canción (en tiempos de Pedro Zaragoza).