Una maqueta de fragata para el pintor Sorolla y otra para Benidorm

El pasado día 10 de este mes de agosto se han cumplido 98 años de la muerte de Joaquín Sorolla. Hay una conexión entre el universal pintor valenciano y la ciudad de Benidorm a través de la figura del contralmirante Julio Guillén Tato que conoció personalmente y admiró profundamente al artista, y que también sintió una gran predilección por Benidorm, su lugar de vacaciones estivales.

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Un modelo de fragata del siglo XVIII para el pintor Sorolla

Francisco Amillo.- En su etapa final el gran pintor valenciano Joaquín Sorolla Bastida (1863-1923) recibió el encargo de pintar la serie de cuadros sobre España encargada por la Hispanic Society of America para la biblioteca de su sede en Nueva York. Para cumplir su compromiso viajó y pintó en varias localidades españolas. La penúltima de ellas fue Alicante a donde llegó el 28 de septiembre de 1918, acusando ya sus problemas de salud. Permaneció allí hasta el 12 de octubre. Le acompañó su hijo Joaquín. Buscaba un tema para representar la provincia de Alicante y se decidió por la palmera datilera, una planta arbórea presente en muchos municipios del litoral alicantino.

1. En la época de Sorolla era frecuente que las casas de campo del litoral alicantino tuviesen alguna palmera datilera. En esta antigua fotografía del Archivo Municipal de Benidorm podemos apreciarla como un elemento destacado del paisaje recortándose sobre el fondo del cielo y de Serra Gelada.  Le acompañan objetos muy usuales en la época de Sorolla: una tartana, un burro con serón, la “capella” o parte superior del aljibe de agua potable y los botijos. A la derecha un grupo de personas, probablemente jornaleros, bajo un algarrobo. Se decía que su sombra era la mejor.   

Pero si alguna localidad alicantina se destaca por sus palmeras, esa es Elche. Por eso decidió que el título del panel sería “Elche. El palmeral” que junto con los dos cuadros dedicados a Valencia representaría a la región valenciana. 

Para documentarse visitó varios lugares de Elche y tomó apuntes pero no empezó a pintar el gran panel previsto, de 3,50 x 3,21 metros. Volvió a Madrid debido a la delicada salud de su hijo y a una gran epidemia de gripe en Elche que causó numerosos fallecimientos. También porque decidió representar la recogida de los dátiles pero era un poco pronto ya que se hacía en diciembre; además los dátiles aún no tenían el color que deseaba y Sorolla, además de un trabajador infatigable, era muy exigente en los detalles.

2. Instantánea de una de las visitas de Sorolla a Elche. En el lado izquierdo el chófer y al otro lado del vehículo, de izquierda  a derecha, tres pintores: Heliodoro Guillén, Joaquín Sorolla y Emilio Varela. Tomada en Elche en septiembre u octubre de 1918 por Joaquín Sorolla García. Se conserva en el Museo Sorolla de Madrid.

Superadas la enfermedad de su hijo y la epidemia de Elche, Sorolla volvió a Alicante el 22 de noviembre de ese año. Al final no quiso pintar en Elche y se instaló en las afueras de Alicante, en la finca “Huerta del Carmen”. Desde el principio se había sentido atraído por el paisaje de de palmeras repartidas por los huertos de la capital de la provincia. Así lo había indicado en carta a su esposa Clotilde el 30 de septiembre, dos días después de su llegada: “este sitio debe ser igual a Elche y, digo esto porque, de no pintar el cuadro allí, podría acomodarme a hacerlo en Alicante”. 

Comenzó a pintar el 27 de noviembre y por sus grandes dimensiones se vio obligado a pasar la Navidad en Alicante. Lo finalizó el 9 de enero de 1919 y aprovechó que el cuadro se estaba secando para viajar. 

Primero visitó Murcia y luego, en los días 12, 13 y 14, visitó BENIDORM, Calpe, Gata, Denia y Jávea. En años anteriores había veraneado y pintado en Denia y Jávea pero no en Benidorm así que este corto viaje le sirvió de descanso pero desafortunadamente no pintó ningún apunte de esta localidad. En escritos de la época, como por ejemplo los de Gabriel Miró, se comentaba con admiración las tonalidades azuladas de sus montañas circundantes, de su cielo y su mar. Del paisaje de esa época sólo tenemos fotografías en blanco y negro así que es una lástima que Sorolla, con un ojo muy entrenado para apreciar sutiles matices de colores, no plasmase la amplia gama de verdes de sus campos, en buena parte desaparecidos, ni la blancura de sus casas encaramadas en Canfali. Los azules y dorados del mar y las playas en los que los reflejos del agua añaden nuevas tonalidades sí que podemos observarlos.

En esta estancia alicantina conoció al pintor Heliodoro Guillén Pedemont (1864-1950). Le acompañó en la visita a Elche, hablaron de Arte, le ayudó a pintar el gran panel y estuvo muchas veces cenando en su casa en compañía de su familia, la esposa Pepa Tato y sus hijos Ramón, Julio y Teresa. Escribió a Clotilde el 17 de diciembre de 1918: “comí en casa de los Guillén arroz en costra, plato alicantino riquísimo, allí he pasado toda la tarde […] me he distraído porque hicieron música”.

La amistad entre ambos pintores se prolongó hasta la muerte de Sorolla en 1923 y continuó con su familia. Se escribieron con frecuencia y en una de sus cartas Guillén le comenta la situación de sus dos hijos varones: Julio Guillén Tato había ingresado como guardiamarina en la Escuela Naval Militar de San Fernando y “marcha ya a su destino de 3º” y Ramón, el médico, «sigue en su clínica». 

Julio Guillén Tato, aficionado a la pintura gracias a su padre, admiraba a Sorolla. Parece claro que fue el inspirador de un regalo que su familia hizo al pintor valenciano: un modelo de fragata del siglo XVIII realizado a finales del siglo XIX en madera policromada. Según explica Alicia Vallina Vallina, directora técnica del Museo Naval de San Fernando de Cádiz, se trata de una nave que por sus características de un solo puente, tres palos y 28 cañones podía ser una fragata. Sus dimensiones 155 cm de eslora y 50 cm de manga. Tras el fallecimiento de Sorolla sus herederos la entregaron al Museo Naval de Madrid. Allí permaneció hasta que el 29 de septiembre de 1993 lo trasladaron al Museo Naval de San Fernando. Se restauró en 2006 con tratamiento contra los insectos xilófagos, limpieza de la superficie y de la capa pictórica y reintegración de las partes deterioradas. 

3. Fotografía publicada en la web del Museo Naval de San Fernando. Muestra la sala dedicada a la construcción naval del siglo XVIII  con el modelo de fragata regalado a Sorolla por la familia Guillén Tato. 

Una maqueta de una fragata del siglo XVIII para Benidorm.

Años más tarde Julio Guillén Tato regaló a Benidorm otra maqueta de una nave parecida a la de Sorolla, pero probablemente de menor tamaño. 

Como ya he comentado en otros escritos el contralmirante era muy querido en Benidorm, donde le llamaban respetuosamente Don Julio. Durante su infancia sus padres habían veraneado en el entonces pueblo costero de unos 3.000 habitantes. De adulto siguió esa costumbre familiar y en 1950, siendo capitán de navío y director del Museo Naval de Madrid, compró una vivienda en la calle Santa Faz para veranear con su familia en esa villa de profunda raigambre marinera. Además muchos benidormenses hicieron el servicio militar en la Marina y sirvieron a sus órdenes. Entre ellos Pedro Zaragoza Orts que a finales de ese mismo año 1950 era nombrado alcalde de Benidorm y  con el que le uniría una magnífica relación. 

Fruto de ella fueron las gestiones de Guillén Tato ante el gobierno de la nación defendiendo los intereses de Benidorm en  temas diversos, entre ellos en el fallido intento de conseguir para Benidorm la propiedad de la isla que lleva su nombre o el más afortunado de la construcción del Grupo Escolar Leonor Canalejas.

También se implicó de lleno en el desarrollo urbano que a causa de la actividad turística empezaba a modificar Benidorm. En 1952 Pedro Zaragoza le entregó el borrador de lo que más tarde sería el Plan General de Ordenación Urbana para que emitiese su opinión. La preocupación de Guillén Tato era modernizar el casco antiguo sin que perdiera la esencia de pueblo tradicional y logró que le encargaran la supervisión de todos los proyectos de obras que se realizasen en él. Recomendó no aprobar muchos de ellos por no cumplir ese objetivo, causando malestar en los afectados.

Con ese espíritu de compatibilizar progreso y tradición diseñó la nueva Plaça de la Senyoria y dos calles: el Carreró dels Gats y la calle de la Paz. Ambas calles no siguen el modelo de la mayoría del casco antiguo porque son más cortas y no descienden casi paralelas por todo el plano inclinado de Canfali. 

4 y 5. Dos imágenes de la calle de la Paz, actual Costera del Barco, antes de la intervención del año 1956 propuesta por Julio Guillén Tato. En la parte inferior calzado que se vendía en el mercadillo de la Plaça de la Constitució que es donde tiene origen esta calle. 

En las dos calles aconsejó cubrir el firme de tierra con un empedrado de cantos rodados formando secciones rectangulares separadas por hileras de ladrillos. Para suavizar la pronunciada pendiente recomendó escalones con los mismos materiales que en el resto de la calle. También recomendó crear en ellas un arco, a imitación de las antiguas entradas a pueblos amurallados. Gracias a estas reformas las dos calles adquirieron un aspecto atractivo.

El Carreró dels Gats, fue el tema de postales de la época. El 10 de enero de 1956 Pedro Zaragoza le había informad que: «El Ayuntamiento ha acordado delegar en Vd. para que, en la primera oportunidad, se encargue de dirigir la pavimentación y embellecimiento, alumbrado y plantación del Carreró dels gats»

6. Fotografía del Carreró del Gats con una clara intencionalidad turística para promocionar Benidorm. Utiliza  el folklore de Benidorm, simbolizados por el burro y el cántaro que sostiene el niño. También mostraba la entonces  moderna libertad de la indumentaria de las zonas de playa, encarnada en la joven con bañador y niño en brazos. El fondo de estos personajes es la calle con  el nuevo pavimento de piedra y ladrillo  además del arco según una idea de Guillén Tato.

Para la calle de la Paz Guillén Tato regaló al pueblo de Benidorm una placa de azulejos que él denominó “exvoto” reconociendo la tradición marinera de Benidorm y homenajeando a sus hijos muertos en la mar. Era el año 1956 y que el texto estuviera redactado en valenciano era una novedad en aquellos años del gobierno de Franco.

7. El panel cerámico, que Guillén Tato denomina exvoto aunque no esté en un lugar sagrado pero que está dedicado a la Mare de Déu del Sofratge y a los muertos en el mar, 

Junto a la placa se colocó otro regalo de Guillén Tato: un modelo de nave del siglo XVIII, una fragata o similar, con tres mástiles y una sola cubierta con cañones (en las fotografías no se puede apreciar su número con suficiente facilidad). Sus dimensiones parecen menores que el modelo regalado a Sorolla. Ambos detalles se colocaron bajo el arco.

8, 9 y 10. Estas tres fotografías nos muestran el pavimento diseñado por Julio Guillén Tato y bajo el arco la maqueta de una fragata del siglo XVIII, obsequio del entonces capitán de navío al pueblo de Benidorm.

Según consta en las actas municipales el 30-08-1956 el pleno municipal aprobó la remodelación de la calle para darle el aspecto actual. A causa del barco se cambió el nombre de calle de la Paz por el actual de Costera del Barco: “se acuerda por unanimidad se dé el nombre de “Costera del Barco” a la que empieza en la Plaza de la Constitución y termina en la Calle de Santa Faz, llamada calle de la Paz” (14-09-1957). 

Hoy día se conserva la placa pero no el barco. Las inclemencias meteorológicas lo estropearon y aconsejaron llevarlo a reparar. No sabemos si se reparó pero lo cierto es que ya no lo volvieron a colocar y está en paradero desconocido.

Un legado interesante el que Guillén Tato dejó a Benidorm. Podría haber sido más extenso pero su concepto de modernización del casco antiguo chocó con los intereses económicos de muchas personas y se siguió otro modelo urbanístico mucho más discutible. Pero eso es otra historia…