Cartas desde el Frente

A la memoria de Juan Sánchez Peña

Cementerio Foto 4

Belén Richarte.- Este es el relato de Juan Sánchez Peña motorista de artillería, al que se encontró muerto un 21 de agosto de 1938 frente a las puertas del Cementerio de Virgen del Sufragio de Benidorm. Esta semana les narro el relato de lo que fue o pudo haber sido, de la vida y obra de uno de los tantos desaparecidos en plena contienda. De un misterio que Benidorm conserva de la tradición oral pero que hoy por hoy se ha convertido en un tema de estudio en Departamentos de Historia de la Universidad de Alicante. 

Se ha dicho y escrito en repetidas ocasiones que durante nuestra Guerra Civil no hubo en Benidorm ningún muerto por razones políticas. Así lo hicieron constar el alcalde y el secretario municipal cuando firmaron una de las actas de la Causa General y así se lo contó más tarde el alcalde Pedro Zaragoza Orts a la entonces esposa del Jefe del Estado.

Sin embargo, en una entrevista en la radio municipal de Benidorm, Rafael Alemany se hacía eco de una tradición oral según la cual hubo un forastero que apareció muerto en la puerta del cementerio municipal, una situación que también ocurrió en otros pueblos de la comarca.

Para escribir el libro “La Segunda República y la Guerra Civil en Benidorm”, Francisco Amillo, profesor de Historia, consultó en el Registro Civil los libros de nacimientos, matrimonios y defunciones. En este último estuvo muy interesado en localizar esa posible muerte del forastero desconocido. No encontró ningún dato que le permitiera afirmar, sin lugar a dudas, la veracidad de esa información oral y por tanto no la incluyó en el libro.

1939 primera procesión del Corpus después de la guerra civil

Sin embargo sí había encontrado algo. Un registro indicaba: “Juan Sánchez Peña, 28 años, motorista artillería. Fallece en la carretera el 21-8-1938 por hemorragia pericardíaca por rotura de las arterias coronarias interna”. Firman el juez de paz y el secretario del juzgado. Lo curioso es que está tachada una parte de la segunda frase y al margen pone que se ha hecho por orden del Juzgado del Partido de La Vila Joiosa. Eliminando lo tachado el texto queda: “Fallece por hemorragia interna”. Así que el juez no quiso incorrecciones en el Libro de Defunciones y lo que parecía el accidente de tráfico de un motorista fue eliminado, lo mismo que el tipo de hemorragia. En el futuro sería uno de los desaparecidos más de la Guerra Civil española.

                                                   I

          Sin embargo, en los anales de la Historia queda que el día 20 de agosto de 1938, sobre el pequeño pueblo de Benidorm aparecen los bombarderos italianos, con base en Mallorca, a los que los vecinos del lugar ya estaban acostumbrados. Durante la guerra era frecuente ver pasar el vuelo de los aviones italianos por el cielo de Benidorm cuando atacaban la capital: Alicante. Pero ese día 20 los vecinos ven que no siguen su camino hacia la capital de la provincia como era la costumbre, los aviones volaban en círculo, en algunos momentos hacían vuelos rasantes y desaparecían. Se trataba de un vuelo de reconocimiento, donde hicieron algunas fotos del pueblo.

Benidorm 1938

        Los pilotos italianos de hecho relatan un informe en el que dan parte de que Benidorm está indefenso ante un ataque aéreo. El parte italiano explica: “La zona si presume indifinsa da batterie antiaeree” (traducción: Se supone que la zona no sea defendida por baterías antiaéreas). Dos días después, el 22 de agosto de 1938, Benidorm sufrirá su primer e intenso bombardeo.

        Y era de eso, precisamente, de los bombarderos italianos de los que iba huyendo al parecer nuestro motorista muerto: Juan Sánchez Peña, natural de Monóvar y de tan sólo 28 años de edad. La base área fascista estaba instalada en Mallorca, y desde ella se estaba que resquebrajando a bombazos todo el Levante español, desde ella despegaban cada día 40 o 50 aviones para agujerear el ya de por sí maltrecho Levante español, como demuestra lo que hicieron en Benidorm mismo, con toda la población indefensa.

                                                   II

        El día de su muerte Juan Sánchez Peña regresaba a su pueblo natal, a su Valle, a Monóvar, como avanzadilla de la comitiva que debía llevar al “La Pasionaria” a su forzoso exilio, pero el soldado Sánchez Peña sufrió un accidente de moto justo frente a las puertas del Cementerio Municipal Virgen del Sufragio de Benidorm.

            Con 28 años Juan Sánchez Peña tras dos años de guerra y otros dos de Servicio Militar Obligatorio, había dejado en Monóvar una familia pro republicana y una novia: Dolores Poveda Hernández, cuatro años menor que él, a la que llamaba: “Lola” y con la que mantenía una relación de noviazgo que duraba ya siete años. La mayoría del tiempo había sido una relación epistolar, aunque, como narra el propio Juan en una de las cartas dirigida a su querida Lola: “Si los pecados de la carne fueran tales, Lola, tu Dios no tenía que haberte creado, para prender en mí la llama del fuego que me consume que cada vez que te recuerdo, que recorre mis entrañas y  hasta siento tu aroma cuando solo te pienso. “¿Serás tú o la guerra la que me está devorando por dentro?”, se pregunta el joven soldado.

            Otras cartas no son tan fogosas y sí con algunos reproches hacia Dolores, cuyos padres regentaban una posada en Elda y eran más proclives al bando fascista aunque eso no había sido impedimento alguno para las  familias se conocían de toda la vida y habían dado su consentimiento a la relación. El noviazgo se hace formal el 27 de septiembre de 1934. ¡Sólo esperaban que finalizase la mili para casarse!

            En una de las misivas le reprocha a Lola: “Me has puesto de muy mal humor hoy con tu carta. Quiero conocerte cuando vaya a Elda ¡no quiero  otra mujer que no sea la misma que conocí”. Dos cartas más tarde insiste en su conducta: “Ayer he recibido tu carta alegre, tu mejor carta porque en ella te hallo de mejor carácter que las otras”. Por el contenido de las cartas y las cinco anteriores huelga decir que Juan y Lola poseen personalidades muy diferentes, caracteres antagónicos, intereses encontrados, creencias religiosas irreconciliables, formación cultural muy distinta y, por lo que Juan deja traslucir en sus escritos, Lola no parece ser una mujer demasiado comprensiva con la vida y las aspiraciones de su novio: “Aún hubiera venido menos descontenta mi boca sino hubieras sido tan dura conmigo”, -y le prosigue diciendo-, “no quiero que te haga daño nada de mis palabras. Quiero que las pienses y quiero verte más mía y más dispuesta a aceptar mi vida tal como es”. Los reproches afloran por las cuestiones más diversas, unas veces porque sus palabras son poco agradables: “Bueno, niña, tú te has propuesto quitarme de cuando en cuando la poca paciencia que tengo diciéndome cosas desagradables”; otras por el poco cariño que le demuestra: “No comprendo o no puedo comprender porqué me dices esas cosas que me dices. Si estuviera ahí, contigo, a tu lado como deseo, me pelearía para demostrarte que no tienes razón al hablar de la manera fría y rabiosa en la que a veces me hablas en tus cartas”; u otro caso eran las diferencias de carácter religioso que igual las trata con tono severo: “Te digo yo que estoy dispuesto a pasar por la Iglesia, ya que tú lo quieres así,…No creo que el casamiento sea cosa de Dios, sino cosa de dos,…Yo no he dejado de creer en Dios ni he dejado de no creer, pero ahora no lo necesito”, comentarios estos últimos que los realiza en tono jocoso. “Nos casaremos inmediatamente tú por tu Iglesia y yo por detrás de la iglesia”; las discrepancias surgen hasta por lo más sagrado para él, la pasión que siente por el teatro y por las obras que escribe, hecho que Juan le recrimina a Lola con energía: “No quiero darte explicaciones de eso que me dices un poco en broma del teatro y mis escrituras. Ese es un aspecto de mi trabajo (ya que Juan lo consideraba así) y el mejor. Tú no lo has llegado a comprender aún. Dejaré que me digas todo lo que quieras hasta que te convenzas que es muy necesario lo que hago”. Las reprobaciones y el descontento no cesan durante todo el noviazgo.   

            El motorista de artillería, le había pillado la guerra en Madrid, donde en ese momento se encontraba haciendo el Servicio Militar Obligatorio y de paso empezó a familiarizarse con las vicisitudes del PCE, partido en el que militaba desde enero de 1936. Lo suyo eran las letras, se le daba bien escribir y como su padre regentaba una pequeña parcela de viñales, también le llevaba la administración del negocio familiar que era poca cosa. El Partido lo dejó al principio de la guerra en las oficinas del aparato para que se encargara de la organización del mismo en el distrito de Carabanchel (Madrid), aunque un año después lo movilizaron para ir al frente al Frente de Levante.

bunker Racó hacia 1940. jpg

            El pensamiento de Juan evoluciona, en su cabeza prosperan nuevos ideales, necesita ampliar horizontes como escritor, el concepto de vida y el de amor sufren una catarsis, el soldado es consciente de tales cambios y dada su rigurosidad no duda en hacérselo saber a Lola. La forma de comunicárselo no parece la más acertada dada la idiosincrasia de la receptora y el momento histórico por el que están atravesando, se lo expone desde la óptica de su nueva perspectiva urbana y con un talante crítico que, es de suponer, no tuvo buena acogida. “La gente de los pueblos es tonta perdida, Lola mía: por eso me gustaría tenerte aquí en Madrid, porque aquí no se esconde nadie para darse un beso, ni nadie se escandaliza cuando ve a una pareja tumbada en el campo uno encima del otro. Sus críticas no se limitan al comportamiento más o menos pueril del ambiente rural, sino que además dirige sus dardos puntualmente a los extractos monoveros y eldenses más reaccionarios: “Tú fíjate en casi todos los que hablan mal de esas cosas, tan naturales como el mear, son solteronas, curas, las dos clases de personas que menos hacen falta en el mundo porque lo envenenan todo”. Con toda seguridad estas frases fueron una flecha envenenada para una mujer que pecaba de beata. Las diferencias entre ambos se van incrementando y las discrepancias por temas cotidianos van dejando un poso que, poco a poco, van haciendo mella hasta llegar a la ruptura total. La interrupción de las relaciones y de la correspondencia se mantiene durante unos meses de 1937.

                                                                       III

            Durante ese periodo de separación Juan vive en Madrid una apasionada relación con una actriz, mujer independiente y liberal, abierta al amor y a las emociones, que ve en el incipiente escritor a un chico tosco pero viril, falto de experiencia pero una presa fácil de cautivar. Para la actriz es una tentativa más, para Juan una vivencia traumática. El contacto con esta mujer le hace recapacitar sobre su vida personal y sentimental, es decir, sobre su mundo real. Se da cuenta de que él no encaja en el círculo de intelectuales en el que se mueve y que el amor que tanto necesita lo ha de buscar por otros derroteros.

            Después del fracaso vivido, Juan recupera el concepto tradicional de amor que había menospreciado durante los últimos tiempos y advierte que la imagen de la novia que él busca no se exhibe en los medios de la capital. Para encontrar el patrón de mujer al que aspira tiene que retornar a sus raíces, a su pueblo, a su Valle, a su Lola. Los viejos recuerdos despiertan y remueven su aletargada formación rural y decide recuperar a su antigua novia, pero para recuperar el amor perdido ha de regresar al mundo real del que se había evadido. Él, que había criticado tan duramente la conducta de sus paisanos, actúa ahora a la manera más tradicional del pueblo, escribe una carta al padre de Lola pidiendo disculpas por su proceder y le solicita que interceda ante su hija para tratar de reanudar el noviazgo: ¡Y así fue!

            Dos días más tarde, a principios de agosto de 1938 Juan reanuda la correspondencia con Lola. Sus halagos a Lola afloran espontáneamente sobre el papel. “Te confieso que he tenido una experiencia muy grande aquí y que me encuentro muy solo. He sabido que mujeres como tú hay pocas y he apreciado más tu valor de esta manera”. A ésta le siguen otras largas y apasionadas misivas en las que para expresar su amor ardiente lo hace poniendo delante de la fecha las palabras “Amor” o “Locura”.

Edifici de la familia Ortuño donado al Ayuntamiento

            Esta pasión encendida de sus sentimientos la manifiesta Juan con insistencia durante esta nueva etapa del noviazgo, como si quisiera convencer a Lola de que ella es su único amor. “Te quiero y te querré siempre, porque he nacido para quererte a ti sola. Encuentro y trato a muchas mujeres. Estoy a diario con mujeres que me hablan y a las que hablo de muchas cosas y ninguna encuentro como tu, y mi corazón sólo te quiere a ti entre todas”. Las cartas parecen teas encendidas de pasión, es natural, son el reflejo de un joven en pleno de vigor, con las necesidades biológicas inherentes a la edad y que tiene el recuerdo no muy lejano de una relación fogosa y apasionada que está deseando vivir con Lola.

            Hay terminan las cartas. Lo siguiente que sé es que días más tarde a Juan Sánchez Peña, de 28 años de edad, se le fue la vida en la curva de una carretera nacional del Frente de Levante, en la más estricta soledad y ante las puertas del Cementerio Virgen del Sufragio de Benidorm, un 21 de agosto de 1938, muerto según el juez de La Vila Joisa: “fallece por hemorragia interna”. “Al no ser reclamado por nadie”, aquí, en nuestro pueblo, quedó enterrado el cuerpo que no el alma de un motorista de artillería, que volvía a su Valle: el Vinalopó, a su casa, con sus amigos y, sobretodo, a los abrazos de su novia, de Lola, quien nunca dejó de buscarlo ni de amarlo. Se quedó como Juan no hubiera querido nunca: solterona de por vida.

                                                                       IV

            Juan Sánchez Peña venía de Valencia, previo paso por Moraira, y se dirigía a su querido y rememorado Valle del Vinalopó al que tanto había echado de menos y evocado, sobretodo en sus ultimas cartas. El Gobierno de la República había elegido el Valle del Vinalopó por dos características que se interrelacionaban y justificaban entre sí: la geográfica y la de control político-militar. La primera se definía por la excelente área de comunicaciones que lo caracterizaba, y que permitía por carretera, ferrocarril o avión el fácil enlace con la cercana Alicante y las no lejanas Valencia y Cartagena, a lo que hay que añadir la conexión directa con Madrid. Incluso alternativamente (tal y como se demostraría al final de la guerra) la facilidad de evasión por vía marítima (Alicante) o aérea (aeródromos secundarios como el de Monóvar o, incluso, de primer orden como el militar de Rabasa). Exponente y ejemplo de todas estas características geográficas positivas fue la reconversión parcial como el sector productivo del calzado eldense en constructor de material bélico de calidad, al ser designada la fábrica AMAT para el montaje final de los vehículos de combate modelo UNL, una vez decidido el traslado a Elda desde Sagunto y Valencia, tanto de los productos finales de los Altos Hornos (chapas protectoras), como el sistema de distribución del material.

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            Todas estas consideraciones, sumadas a las condiciones físicas del territorio y a un ambiente de afección local, ofrecieron a Juan Negrín, presidente de la decadente II República Española, y a sus adlátares comunistas un entorno de discreción, movilidad, soporte logístico, seguridad contra agresiones terrestres o aéreas y adecuación para el control remoto de unidades u organismos que, en conjunto, generaron el simbolismo de la zona de El Valle como punto crítico para el conjunto de sedes (Madrid, Valencia y Cartagena) protagonistas del golpe y, además, como localización del último mando militar (Antonio Cordón García, Enrique Líster Forján y Juan Guilloto León, más conocido éste último por “Modesto”) de las unidades comunistas del Ejército Popular de la República. En definitiva, Elda, Monóvar y Petrer se significaron como el marco político-militar referente de la lucha terminal por el poder decisorio de la ya agónica II República en guerra.  

Fuentes historiograficas:

            -Francisco Amillo, Profesor de Historia, “El cadáver hallado a las puertas del Cementerio Municipal Virgen del Sufragio de Benidorm en 1938”, Publicado por Digital Calvari.

            -Archivo Histórico Provincial (Noviembre 2016-Junio2017): “Guerra Civil y Memoria Histórica en Alicante”.             -Cartas de Miguel Hernández a Josefina, “Mi querida Josefina Manresa”, Universidad de Alicante, Departamento de Memoria Histórica

Fotografías cedidas por Francisco Amillo