El último gran bandolero del siglo XX: Michael Salvador

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Esta semana voy a hablarles de un francés, con también nacionalidad española, que nació en 1938 en Orán (Argelia) cuando este territorio pertenecía todavía a Francia: Michael Salvador, personaje de leyenda, que le ha transcendido tras su muerte hace ahora cinco años en la República Dominicana, llegó a Benidorm a principios de la década de los setenta y en la ciudad de los rascacielos hizo fortuna (no siempre de procedencia lícita), en varios sectores del ocio y la hostelería principalmente.

Belén Richarte.- Esta semana me he centrado en la búsqueda de información y he hablado con amigos íntimos del empresario Michael Salvador a petición de lectores y lectoras que el fin de semana pasado recordaron la figura de este personaje, aventurero donde los haya, a través de la lectura de mi reportaje “El cemento sepulta la historia de una vieja discoteca abandonada”: La Discoteca Sierra Dorada. Ha sido un trabajo arduo porque no he encontrado material gráfico de Michael Salvador pero ilustro este nuevo reportaje con dos fotografías que bien podrían representar al empresario francés en sus últimos años, ya que personalmente lo conocí en el transcurso de una comida de trabajo y recuerdo perfectamente cómo era.

Me cuentan sus amigos que Michael Salvador era de origen español, como su primer apellido indica, aunque nació en Orán, en la Argelia francesa, de tal forma que tenía la nacionalidad francesa pero sus raíces eran españolas, de ahí esa personalidad tan histriónica y arrolladora quie hacía que, una vez delante, no apartaras la mirada de él: de sus gestos, de sus manos, de su voz, de sus narraciones cada vez más disparatadas e increíbles de creer para el común de los mortales pero “no para Michael Salvador porque sólo conociendo sus orígenes se puede entender al hombre que contaba verdades como puños porque su vida daría para cualquier buen guión de cine de los del agrado de Quentin Tarantino”, me comenta uno de sus mejores amigos .

De camino a la escuela se topó a un compañero degollado

Su niñez y adolescencia las pasó en plena Guerra de la Independencia Argelina (1954-1962), año éste último en que los argelinos consiguen la independencia de Francia. Fue un periodo duro para Michael porque durante la guerra las grandes batallas se produjeron en las montañas, pero en las ciudades como Orán, sobretodo en los últimos años, la gente iba con pistolas y se mataban unos a otros como si fuera lo más normal del mundo. Por su puesto los franceses afincados en aquella época en Argelia apoyaron al Ejército francés “porque considerábamos que llevábamos más de 140 años allí y entendíamos, por tanto, que era territorio francés”, me explica la misma fuente.

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Por lo tanto tenemos a Michael, ya adolescente, que se cría por las calles de una ciudad extremadamente peligrosa, con una población civil totalmente armada. ¡Éste no es el ambiente más idóneo para un niño que se va haciendo hombre!

Le comento a mi interlocutor la comida de trabajo en la que conocí a Michael Salvador y le cuento la anécdota de la que él mismo me hizo partícipe aludiendo a la huida de un país que se había visto abocado literalmente a salir corriendo y pistola en mano porque le habían hecho una emboscada.

“Esa historia sucedió en los tiempos de la Guerra de Argelia, cuando todos los adolescentes tenían una pistola y es totalmente cierta. Una vez de niño yendo al colegio, Michael Salvador se encontró a compañero suyo degollado en un rincón; la gente se levantaba por las mañanas y había gente muerta por las calles y casi todo el mundo llevaba pistola porque se mataba como en el lejano oeste americano. De modo que sí, fue así pistola en mano como tuvo que salir de una emboscada en Argelia y venirse para Benidorm aunque otros amigos aseguran que este episodio forma parte de la leyenda urbana que ha ido creciendo en torno a Michael Salvador”, me comentan.

Vicecónsul Francés en Benidorm

Michael Salvador se traslada a Alicante porque se escapó, no sabía dónde ir si a Francia o a España, como había muchos franceses por aquel entonces en esta ciudad se quedó allí. Era un refugiado de guerra, los últimos pudieron escapar en un barco, en julio de 1962, un poco antes de que Argelia lograra la independencia.

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Tras unos años en Alicante, Michael Salvador no pierde el tiempo y, a través del Consulado francés, conoce a casi toda la población del país galo que reside en la capital de la provincia. A Benidorm ya llegó siendo ya vice cónsul de Francia en Benidorm porque también en nuestra localidad había una gran población de franceses que había llegado de Argelia. De modo que el tenía facilidades y contactos para montar cualquier tipo de negocios, le hicieron entonces la propuesta de llevar un discoteca y la llamaron Costa Dorada “porque aunque estuviéramos en la Costa Blanca le pareció mejor denominarla así por las connotaciones de resplandeciente, de oro, de luminosidad, de brillante”, puntualiza otro amigo. Después participó activamente en la creación de grandes empresas de Benidorm, también tenía acciones en hoteles de alta categoría y una inmobiliaria. Era un vividor, le gustaba la buena vida y las mujeres…y también era muy buena persona aunque a veces bordeara el lado más peligroso del devenir diario. Según me cuentan sus amigos, “ayudó a muchos francófonos que llegaron a esta ciudad por aquellos años”.

Michael Salvador en Santo Domingo

En un momento de la comida a la que asistí con Michael Salvador nos adelantó “que se iba quedar poco tiempo en Benidorm, lo justo para finiquitar unos asuntos y que su intención era irse definitivamente a vivir a Santo Domingo donde residía en uno de los dos hoteles de los que tenía parte en su accionariado y nos emplazaba a visitarlo pronto a gastos pagados. Ese era el hombre.  Por su parte, sus amigos destacan que la vida de Michael Salvador “ha estado envuelta en ese hado de misterio porque ha viajado por medio mundo además de Argelia, Francia, España y, por último Santo Domingo (República Dominicana) y a veces sus negocios y él mismo (vamos a decir igual que en la película) han estado en el lado oscuro, por ello hay tras él esa leyenda porque no siempre, pero si a menudo traspasaba la parte oscura de la vida”.

De hecho, en la República Dominicana, Michael Salvador mantenía estrechas relaciones con altos cargos del Ejército dominicano y allá donde se movía le llamaban “el general”, lo saludaban como si efectivamente ostentara tal rango dentro del Ejército, ahí entra el lado misterioso, bandolero, canallesco de Michael Salvador.

Sus amigos afirman que Michael Salvador “era un aventurero porque en sí no era otra cosa que un buscavidas, después de marcharse de Argelia, fuera de su ciudad, de su casa,… y cuando te tienes que buscar la vida por tí mismo es frecuente que te metas en líos”. 

También me dicen que “en Santo Domingo se dedicaba a vivir cómo más le gustaba: a lo grande con la renta que le proporcionaban las acciones invertidas en los dos hoteles, frecuentemente comía con los Generales del Ejército del país centroamericano, famosos y famosas, etcétera era algo parecido, por las formas, a una película al más puro estilo holiwoodniense”.

Para sus amigos Michael Salvador, además, “era una persona educada, mujeriego y también fue un gran actor de modo que relataba las cosas de tal manera que te hacía reír y, claro, te manipulaba, ese lado histriónico que tenía le hubiera venido muy bien para labrase una carrera como actor”.

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Su muerte no tiene nada de leyenda. A Michael Salvador le operaron cinco años antes de morir del hígado, aunque seguía su modus vivendi en uno de sus hoteles de Santo Domingo. Murió de un paro cardíaco en la piscina del hotel tranquilamente, como le pueda ocurrir a un jubilado en Benidorm. Murió poco después de la operación.         En su funeral en Santo Domingo, con toda la pompa que se merecía como “General” que era, apareció una mujer de incógnito, que dijo apellidarse Borbón, abrió el ataúd y se llevó el cuerpo sin vida de Michael Salvador. Este extremo me lo han negado los amigos hasta la extenuación pero una fuente cercana me asegura que así fue. ¡Probablemente sea mentira, pero tratándose de Michael Salvador estoy segura que no le importaría que lo cuente con una gran carcajada en la boca!