En el Día del Libro, los olvidados útiles de escribir de Cervantes y Shakespeare

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Paco Amillo.- Hoy día casi todos escribimos con medios electrónicos y es probable que se acabe perdiendo la secular habilidad de escribir a mano.

De momento ya hemos perdido el arte de la caligrafía, antaño tan importante. Digo esto porque hoy se celebra el Día del Libro, un homenaje muy merecido a este elemento cultural tan valioso.

Se eligió esta fecha en honor a Miguel de Cervantes y William Shakespeare, fallecidos ambos el 23 de abril de 1616.

Me gustaría recordar que las obras de estos autores, antes de ir a la imprenta, fueron escritas a mano. Por eso creo que puede ser interesante recordar que estos genios de la pluma plasmaban sus ideas gracias a unos elementos materiales imprescindibles en su mesa de trabajo y que hoy día vamos olvidando.

Puede ser una imagen de muebles y habitación

En primer lugar escribían sobre papel, un soporte habitual desde la Edad Media. Según “L’Encyclopédie…” era un “¡Maravilloso invento, que tiene un uso tan grande en la vida, que fija el recuerdo de los hechos e inmortaliza a los hombres!”.

Explica que se fabricaba con ropa vieja de lino triturada en agua hasta obtener una pasta que luego se extendía en finas láminas, se secaban y finalmente prensaban. Un trabajo artesanal que convertía el papel en un producto muy apreciado.

Utilizaban para escribir una pluma de ave. Su parte inferior es un tubo estrecho y hueco que se denomina cálamo o cañón. La primera denominación alude al instrumento de caña con el que escribían los romanos y nos recuerda que siglos después fue sustituido por la pluma de ave. Se recortaba y sacaba punta al extremo inferior. Hoy día se venden plumas de este tipo como curiosidad o elemento decorativo pero en aquella época eran una necesidad. La tinta era otro material imprescindible.

A lo largo de la historia se ha confeccionado con muchos ingredientes. En el siglo XVII su elaboración era compleja. Los ingredientes eran la “caparrosa”, un mineral de cobre de color verde, las agallas de algunos árboles sobre todo la encina, la piedra de alumbre y la goma arábiga. Se cocían en agua de lluvia, de río e incluso en vino.

En “Lencyclopédiee…” se indican varios medios de producir tinta variando la proporción de sus elementos pero al final, tras la cocción, adquiría el color negro característico de esa época. Para escribir mojaban el extremo del cálamo en el tintero, otro objeto imprescindible en la escritura de la época.

La tinta de la escritura tardaba en secar y al menor descuido se emborronaba, sobre todo si se daba la vuelta al papel para escribir sobre el reverso. Por esa causa se espolvoreaba con arena y así secaba más rápido. El frasco con arena era otro de los elementos imprescindibles en la mesa del escritor.

En la imagen 1 un documento autógrafo de Miguel de Cervantes escrito con tinta artesanal y pluma de ave.

En la imagen 2 una fotografía de la casa-museo de Cervantes en Alcalá de Henares que reconstruye la mesa de trabajo del genial escritor. Vemos el papel y el tintero pero no el recipiente para la arena.