Benidorm, de pueblo a ciudad turística

Puede ser una imagen de niño(a), de pie y al aire libre
El afilador en la calle Ricardo, fotografía de Patty Stratton, año 1957. Del libro del año 2015 “Viaje en color al Benidorm de 1957” donde el editor Vicente Sanjuán publicó una selección de sus fotografías.

Paco Amillo.- La estadounidense Patty Stratton conoció Benidorm por vez primera en 1955 y volvió a él de forma más regular en 1957 y tras su matrimonio, acabaría viviendo en él algunos años. Su afición a la fotografía le permitió retratar una localidad que aún era un pueblo pero que se estaba convirtiendo en una ciudad. Son esos aspectos del antiguo pueblo los que se destacan en la obra citada. Sus imágenes, testimonios de esos años de cambio, resultan muy atractivas para los aficionados a la historia.

Cuando el 6 de diciembre de 1950 Pedro Zaragoza Orts fue nombrado alcalde, Benidorm era un pueblo de 2.726 habitantes. Cuando dejó el cargo el 13 de noviembre de 1967 ya era una ciudad turística porque sobrepasaba los 10.000 habitantes, la cifra utilizada entonces para definir a una localidad como ciudad. En el censo de 1970 tenía 12.124 habitantes.

En esta fotografía vemos detalles del pueblo tradicional en la calle sin asfaltar y en la antaño habitual figura del afilador. La mayoría de los que ya tenemos bastantes años vimos de niños a alguno de estos personajes que con su silbato y su canto se anunciaban por las calles para que los vecinos pudiesen afilar cuchillos y tijeras. Me siento identificado con el niño de la fotografía porque yo también miraba asombrado su precisión y las muchas chispas que saltaban durante el proceso.

Pero en la fotografía está también el pueblo que se ha abierto al turismo y que el año anterior había recibido la aprobación de su Plan General de Ordenación Urbana elaborado con ilusión y tesón durante varios años. Vemos los árboles, acacias en este caso, que Pedro Zaragoza mandó plantar en las principales calles. También automóviles aparcados en la vía pública, la mayoría de ellos de turistas ya que en aquellos años pocos vecinos de Benidorm podían poseer uno.Los cambios de Benidorm entre 1950 y 1970 fueron lentos al principio pero el ritmo se iba intensificando poco a poco.

Algunos veraneantes indicaban que de un año a otro siempre encontraban cosas nuevas. Para los nacidos en Benidorm los cambios parecían imperceptibles pero finalmente se dieron cuenta de que su vida ya no era la de antes. Unos cuantos decidieron fundar la asociación “La taula del Bon Profit” para reunirse todos los meses, hartos de verse sólo en los entierros. No habían cambiado sólo las relaciones personales de un pueblo en el que antaño todos se conocían. También la mayoría de los aspectos de la vida cotidiana se perdían sin remedio. Eso es lo que pensaba Pepe Zaragoza Pérez,

“El Carreró”, en el siguiente fragmento de uno de sus poemas:“En Benidorm cuantes cosess’havien fet popularsmoltes d’elles s’han perdutatres tantes es perdran”.Es la nostalgia de un tiempo pasado que también hoy se puede sentir viendo antiguas fotografías como las de Patty Stratton. Los cambios arrasaron muchos elementos que hoy añoramos. Pero los cambios no fueron impuestos sino buscados por los habitantes de Benidorm que se lanzaron de lleno a construir la ciudad turística y obtuvieron un nivel de vida incomparablemente superior al que tenían antes.

Cuando Benidorm era pueblo la emigración era un fenómeno habitual por falta de trabajo. Nacían más personas de las que fallecían pero el número de habitantes no crecía por esa causa. Los que tenían trabajo en la agricultura y la pesca, que eran la mayoría de sus habitantes, debían trabajar largas jornadas en condiciones penosas para obtener unos ingresos rayando la pura supervivencia. De hecho había hambre en algunos hogares porque en los programas de fiestas patronales de esos años aparece varias veces el reparto de cestas con alimentos para los necesitados del pueblo.

El médico municipal debía atender gratis a estas personas y en 1921 José Cortés y Ana María Roig fundaban el hospital Nuestra Señora de los Dolores para atender gratuitamente a los pobres de Benidorm. Las enfermedades infecciosas eran la primera causa de mortalidad cuando hoy día constituyen un porcentaje testimonial.

Así somos los humanos. Nos acostumbramos al bienestar y olvidamos las malas condiciones del pasado añorando sólo algunos de sus aspectos. Por eso conocer toda la historia resulta clarificador y nos permite comprobar que cualquier tiempo pasado casi siempre fue peor.