El XIX, el siglo de las grandes pandemias en la comarca

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Benidorm y las localidades de la Marina Baixa no fueron ajenas a las cinco grandes pandemias que se sucedieron una tras de otra el siglo XIX y que dejaron tras de sí un un reguero de muertes, sufrimiento y dolor a los que nuestros/-as antepasados/-as supieron sobreponerse. Para empezar dos ejemplos pueden dar la magnitud de la tragedia: en La Vila Joiosa se amplía el Cementerio Municipal en 1888, porque éste se quedó pequeño, y en Benidorm el 1 de abril de 1887 se municipaliza y amplia el Cementerio Virgen del Sufragio porque el ritmo de defunciones aumenta considerablemente, un 31 por ciento en Benidorm concretamente, al nuevo y virulento brote de cólera.

Belén Richarte.- En la Historia Contemporánea de la Comunitat Valenciana el siglo XIX podemos definirlo como el siglo de las grandes epidemias. Los seis años de Guerra de la Independencia significaron un desastres demográfico y económico para toda España: al hundirse los precios agrícolas, paralizarse casi por completo el comercio interior y descender prácticamente el exterior (que llegó a ser en 1829 la tercera parte de lo que había sido en 1785) con la decisiva pérdida de Cuba y Filipinas. La agricultura, la ganadería, la industria sufrieron destrucciones masivas y, todo ello, unido a la propia mortandad de la guerra y a la provocada por las epidemias y el hambre, se reflejó en el descenso del ritmo del crecimiento de la población (que sólo ascendió de los 11 millones aproximadamente para 1786-1787, a algo más de 14 millones de 1825-1866).

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Esta situación general hay que encuadrarla en una Comunidad Valenciana en la que muchos de esos fenómenos negativos tienen su manifestación. Es cierto que siguió el crecimiento general de una población con caracteres “antiguos” (altas tasas de natalidad y mortalidad), pero en el primer tercio del siglo XIX se registran alteraciones que han llevado a hablar de un “crecimiento más lento” (P. Pérez Puchal) o incluso de “una pérdida neta de pobladores” (R. Pérez Casado), lo que hubiera llevado a cifras totales que girarían en torno al millón de habitantes para esas primera décadas de la centuria. Los factores que explican esa evolución son los propios de la guerra, con sus mortalidades y hambres y, sobretodo, el comienzo del azote de las epidemias que se abatirán por las tierras valencianas a lo largo de todo el siglo. En 1804 llegó a Alicante la fiebre amarilla que produjo 2.472 muertos en la ciudad; y en 1811 reapareció, pero en esta ocasión abarcó las comarcas alicantinas más meridionales, especialmente Elche, población en la que se elevó el número de víctimas hasta alcanzar el 14% de la población del territorio que atacó. La primera de las grandes epidemias de cólera (se sucederán cinco a lo largo del siglo XIX) apareció en 1834.*

Estos baches demográficos correspondían a la grave depresión económica, social y política que se vivió en España, en la Comunidad Valenciana, en Benidorm y las diversas localidades de la Marina Baixa, en un siglo que se sucedieron reyes, casas reales, república, golpes de Estado, magnicidios,…y, además, pandemias. ¡Así fue el siglo XIX! ¡Cuánto menos, convulso!

Transcurrido el siglo XVII, llega, el momento del gran desarrollo demográfico del País Valenciano, como puede comprobarse en el estudio original de Josep-Emili Castelló Traver, titulado “El País Valenciano en el Censo de Floridablanca (1789)“. Concretamente, la población censada de Benidorm en dicho año, alcanza la cifra, total de 2.526 personas, cifra elocuente que refleja al auge experimentado por el pueblo a lo largo de la centuria. Es cierto que sí establecemos comparaciones con las poblaciones vecinas que hasta esa época habían ofrecido más acusado desarrollo, como son las de Altea (4.341 hab.), la Vila-Joiosa (5.128 hab.), Callosa d’en Sarrià (3.483 hab.) y Alacant (17.359 hab.), la diferencia subsiste, pero si las realizamos con las de otras localidades que hasta entonces habían tenido un papel histórico más destacado, como Finestrat (1.694 hab.), Polop (1.851 hab.), Sella (1.591 hab.) y La Nucia (1.423 hab.), nuestro avance es muy significativo.

Prosiguiendo con los datos demográficos a partir de los Censos Oficiales redactados a partir de 1858 observamos de ese año y para 1857 que Benidorm figura con 3.720 habitantes; en el de 1863 y para la población existente en 1860, se reseñan 3.618, por lo que se da una disminución en el Censo de 1883, referido a la población de 1877, el cual solo alcanza 2.945 habitantes. Vuelve nuevamente a subir en el Censo de 1889 y para 1887, constando la población de hecho de unos 3.181 habitantes y la de derecho 3.335.

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“Así, si consultamos el registro de decesos de la iglesia de Sant Jaume y Santa Ana podemos apreciar que en 1885 se produjeron 133 defunciones y en 1886 fallecieron 130 personas; en 1887 la mortandad en Benidorm baja a 65 fallecidos y los tres años siguientes 1888, 1889 y 1890 se cierran con 43, 46 y 48 defunciones”, según datos aportados por el párroco Juan Antonio González. Estos datos son importantes analizarlos bien, sobretodo los de 1885 y 1886, porque coinciden con la ampliación de los cementerios de La Vila y Benidorm, al superar las tasas de mortandad el 31% y coincidir con otro brote virulento del cólera que asola toda la Comunidad Valenciana, como podremos apreciar líneas abajo.

Entrado ya el siglo XX, concretamente en 1920, la población de hecho se componía de 2.975 habitantes y la de derecho 3.289, finalizando nuestra relación en 1930, año en el que la población de hecho era de 3.113 y la de derecho, 3.226.

“De los datos anteriormente expuestos se infiere una población estable a lo largo del siglo XIX y primer tercio del XX, con fluctuaciones muy moderadas debidas a procesos migratorios o bien a motivos económicos, excepto en el periodo correspondiente a mediados del XIX, en el que la población experimenta un aumento, debido a las razones ya mencionadas.”**

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Grandes Pandemias

En el siglo XX la pandemia más grave fue la ocurrida en 1918 y 1919, conocida como la “gripe española”, que produjo en la ciudad de Valencia la tasa de mortalidad más elevada desde 1850. En octubre de 1918 se produjo el mayor número de personas muertas por esta infección con 683, sobre todo de edades comprendidas entre los 15 y los 34 años.

Según Agustín Galiana Biólogo, profesor e investigador histórico, “al igual que la actual pandemia de la nueva gripe otras infecciones masivas en el mundo, y cómo no en la Comunidad Valenciana, han puesto en jaque a la sociedad. Así, la peste negra y otras epidemias causaron, sobre todo en la Edad Media, grandes estragos demográficos y socio-económicos”, -y añade-, “de las diferentes enfermedades pandémicas que llegaron hasta territorios valencianos la peste bubónica fue en el medievo la más importante. Las epidemias más mortíferas se dieron en el siglo XIV, pero reaparecieron de manera intermitente hasta principios del XIX. Así, en el siglo XIV, se dieron ocho episodios pandémicos, mientras que en el siglo XV y comienzos del XVI tuvieron lugar hasta veintinueve”.

El profesor asegura que, “los habitantes de Valencia no escaparon en 1348 de la peste o la “glànola”, como se le denominaba en tierras valencianas, que azotó Occidente. Entre mayo y agosto se produjo en la ciudad un gran retroceso demográfico, que marcaría un antes y un después en la historia. Pero en 1362 volvería a hacer presencia la peste en Valencia entre los meses de abril y junio. La denominada “terça mortaldat” en las crónicas castellanas e italianas llegó a la ciudad en 1374 y 1375, y la enfermedad visitó Valencia también en 1380, 1383, 1384, 1395”.

“Son de destacar también las epidemias de peste que se sucedieron entre 1647 y 1652. En Valencia, en 1647, las primeras muertes se registraron en junio en Russafa, después de que la pandemia entrase por el puerto, procedente de Argel. Esta oleada que se mantuvo hasta casi finales de 1648 se cobró la vida de casi 20.000 personas, mientras que la media anual de muertes en los años anteriores se establecía en unas 1700”, -destaca Galiana-, “otra de las pandemias a destacar en la historia valenciana es la que sufrió la Comunidad en el siglo XIX producida por el cólera. Esta enfermedad, descubierta en 1883 y procedente de Asia, causó estragos en Europa. En agosto de 1854 llegó a tierras valencianas una infección masiva que provenía de Barcelona y en 1865 una nueva oleada que llegaba de Marsella. En esta última, en tan sólo tres meses se cobró en Valencia la vida de 5.500 personas y en la provincia de 16.000.

Pero el cólera no dio descanso, ya que en 1884 y 1885 se dio la última gran oleada de esta enfermedad infecciosa. Un barco llegado de Orán introdujo la enfermedad en Alicante que se extendió con rapidez por Elx, Novelda y Monòver entre otros municipios. Meses después llegó a Gandia, Xàtiva, otras poblaciones de la Ribera Baixa, y la ciudad de Valencia.

De hecho según Carlos Llorca Baus (1984) en su libro “José Mª Esquerdo: el gran desconocido” (1842-1912) afirma que en el último año de carrera, 1865, estuvo atendiendo enfermos de cólera, en una epidemia que fue muy grave, en Madrid y otros sitios, lo hizo gratis y con licencia del gobierno para ejercer, por ser alumno de medicina de último año. También fue como médico voluntario en 1874 durante la tercera guerra carlista al frente del Norte, porque había gran extensión de enfermedades infecciosas (viruela, tifus y cólera).

Esquerdo

“Era un médico moderno atento a las novedades científicas, incluyendo microscopía y vacunación. Defendió el uso de las vacunas, entonces había muy pocas y fueron muy discutidas. También moderno en su interés por la psiquiatría, a la que se dedicó en exclusiva más delante y por lo que es famoso”.

Según Agustí Galiana “en 1888 se crea el Cementerio Municipal de Vilajoiosa, el actual, porque el anterior no daba abasto a las mortandades del cólera, en particular la de 1885. (En algunos sitios aún se enterraba en las iglesias hasta el siglo XIX. En la Vila ya no, pero el Cementerio de la Ermita de la Salut fue claramente insuficiente.)

¿El porqué de las pandemias?

La palabra pandemia es de origen reciente; se refiere a una extensión masiva de una enfermedad contagiosa por buena parte del mundo. La palabra antigua es epidemia, que se supone afecta sólo a una población.

Pero para el profesor, “retrospectivamente se puede hablar de pandemias en el mundo antiguo y medieval. Quizá la primera de que se tiene información, es la de peste que empezó en Valencia en 1348. Se supone que mató a la tercera parte de los europeos”.

En este punto explica el biólogo: “Las pandemias las provocan agentes infecciosos nuevos, que encuentran sin defensas las poblaciones humanas. Se trata casi siempre de zoonosis, enfermedades infecciosas preexistentes en otras especies animales. Pasan a la especie humana por una mutación genética que lo permite”, -y puntualiza-, “los agentes infecciosos evolucionan rápido, y los virus muy rápido, por lo pequeño de su material genético. Además los virus (que no tienen estructura celular) no se pueden tratar con antibióticos. Por eso la mayoría de pandemias son víricas”.

El mundo es ecologicamente muy complicado. Hay millones de especies animales, y millones de especies de microorganismos parásitos. Y evolucionan, se adaptan a los cambios del ambiente. Galiana explica “a veces hay una especie animal que funciona como reservorio del virus, en la que puede que no provoque una enfermedad grave, y desde este reservorio se extiende periódicamente la pandemia a los humanos. Otras veces hay una tercera especie que actúa de vector (pulgas o mosquitos)”.

Para el profesor, “la demografía humana es muy importante en las pandemias. Primero, los contagios son más fáciles si cada humano entra en contacto con muchos otros humanos diariamente. Por eso se extienden sobretodo en las ciudades, -y asegura-, “decir que las pandemias son un castigo divino o que vienen cada cien años son formas de verlo que simplifican mucho y no me parecen ni correctas”.

“En el mundo actual la población es la más alta de la historia (7.700 millones de habitantes), con densidades de población enormes en muchos lugares. Con abundancia de gente de pocos recursos. Además, la gente viaja mucho y muy rápido de una ciudad a otra y de un país a otro. Todo el mundo se ha convertido en una gran ciudad. Lo que es perfecto para la extensión de pandemias. Con otras consecuencias negativas: agotamiento de recursos, contaminación, miseria, tiranía”, -narra Galiana.

El profesor hace hincapié en segundo lugar, “en la existencia de poblaciones humanas densas en los trópicos facilita la aparición de pandemias. En el clima tropical hay más diversidad de animales y de gérmenes. La mayoría de pandemias (incluidas las nuevas cepas de gripe de cada año) han venido del sudeste asiático por eso”.

Y por último, apunta que en tercer lugar, las condiciones higiénicas influyen mucho. Antes las epidemias se extendían sobre todo en las guerras, en ciudades sitiadas o ejércitos, en condiciones de escasez de alimentos, suciedad y plagas, además de las altas densidades puntuales de población”, – como armas eficaces señala-, “el jabón, las mosquiteras, la esterilización del material médico, los desinfectantes, las jeringuillas desechables, los preservativos, las mascarillas, etcétera: ¡Son grandes inventos de la humanidad”!

Más vale prevenir que curar. Lo malo es que a la gente le cuesta mucho prevenir. A todos les gusta curarse, si se ponen enfermos, claro.

“La prevención la hacen los facultativos de la medicina preventiva y social, los epidemiólogos. La hicieron los médicos higienistas antiguos, también. Muy necesario también el trabajo de biólogos: hacen de epidemiólogos, estudian las especies silvestres, hacen investigación de laboratorio, crean vacunas, realizan los análisis PCR y otros,…”, -previene el profesor, quien asegura-, “todas las pandemias se quedan, no desaparecen, es imposible exterminarlas porque siempre queda algún rincón donde sobreviven (o lo hacen en las especies reservorio), aunque se pueden controlar temporalmente.

¿Es posible su prevención? “Se puede prever que vendrán más. Cada vez más. Cada vez hay más pandemias, porque las condiciones ecológicas cada vez son más favorables: se les dan más oportunidades a la aparición de parásitos humanos. Además, las que anteriores van evolucionando y dando cepas nuevas” -y subraya-, “con el tiempo, suele producirse una evolución del patógeno a menor mortalidad, a una forma crónica no letal. Pero en algunos casos (ébola, covid) el riesgo de dejarles hacer (como decían algunos al principio y como querrían los negacionistas) es demasiado grande, porque si no se actuara, llevaría a muchos millones de muertos”.

Respecto a las vacunas Galiana se muestra optimista: Las vacunas y los sueros, son una buena medida. En algunos casos han permitido erradicar o casi la plaga (rabia, polio, viruela), otra buena medida es la higiene, la reducción de los viajes (cuarentenas, confinamientos) son armas muy efectivas, la reducción de la población (que nunca se tiene en cuenta) sería la mejor medida”.

Fotos antiguas de Benidorm Quico Pérez Bayona, “Quico el Fotófrafo”.

Fotos antiguas de La Vila, Leopoldo Soler 1900.

*Pag. 46-47. “Historia Contemporánea de la Comunidad Valenciana, de Julio Salom Costa y Federico Martínez Roda, Univeridad CEU San Pablo de Valencia.

**Datos extraídos del blog del Profesor de Historia, Francisco Amillo, HistoBenidorm, “El blog de la Historia”