Perfil de la trata de mujeres con fines de explotación sexual en Benidorm y en toda España

Panorámica Castillo de Benidorm

En Benidorm antes de la pandemia había más de una docena de establecimientos en los que se ejercía la prostitución “reglada”, instalaciones de mayor o menor “calidad” según los gustos y el bolsillo de la clientela.

UN REPORTAJE DE BELÉN RICHARTE

El negocio funcionaba bien, había chicas de los cinco continentes que poco o nada se sabía de sus vidas. Ahora esos establecimientos están cerrados y de las mujeres que allí “trabajaban” ejerciendo tampoco sabemos que ha sido. Pero me lo puedo imaginar: posiblemente las grandes de trata han buscado un refugio en pisos de alquiler y allí siguen explotando sus víctimas. No me lo tiene que confirmar nadie, próximo a mi casa hay uno de esos pisos. Todo el mundo lo sabe y nadie dice nada. ¡Y cuando digo todo el mundo, es todo el mundo!

No a la trata

Los vecinos sabemos más de los clientes que de las mujeres “trabajadoras” que allí moran. Sabemos que por la clientela no cesa: a cualquier hora del día o de la noche la puerta se abre, pasado un tiempo el cliente sale “cuanto menos satisfecho” pero y ellas…¿Quienes son ellas?

Poco sabemos de las mujeres que habitan este piso, no son ruidosas, no molestan y eso es justo lo que más llama la atención en un barrio en el que se forman corrillos de vecinos en cualquier esquina. Algo habitual, necesario y normal en una barriada el que las personas que la habitan son la mayoría mayores y el levantarse y darse los buenos días es ya un reto conseguido.

Pero, ¿seguimos sin saber quienes son ellas? Una vez conseguimos ver medio rostro de una de estas mujeres, por respeto no desvelaré rasgos. ¡Raro verdad que en uno de los barrios más céntricos y comerciales de Benidorm dos mujeres jóvenes no salgan a comprar, comer,..!

¡Lo saben todos y cuando digo todos es todos!

Evidentemente, y alertados por esta situación, los vecinos respondimos y la misma se la hicimos llegar a vecinos representativos, políticos, policías,…Por diversos lados nos han hecho llegar: “que el asunto ya se ha denunciado y que el caso está bajo supervisión judicial”. Mi ignorancia de las leyes me lleva a pensar en largos los procesos judiciales, previa investigación policial, etcétera, etcétera. En fin, nadie nos dice, a los vecinos en qué fase estamos, al fin y al cabo es como los vecinos que cada mañana necesitan salir a la calle y preguntarse :¿Cómo estáis?

Podrían ser nuestras hijas, sobrinas, nietas…Ellas siguen allí en el escondite en el que les han asignado estar. Probablemente si pudieran elegir no estarían ahí. Esta es una de las peores esclavitudes del siglo XXI: la trata de mujeres con fines de explotación sexual. Por eso callan y por eso su silencio nos llega al alma de los vecinos que lo que queremos saber es si ellas, nuestras vecinas, están bien. En ocasiones los silencios hablan más que las palabras y éste es uno de esos casos.

Tal es mi preocupación por el sufrimiento de estas dos mujeres que a colación de entrevista que publiqué la semana pasada “La lucha contra la trata/prostitución en Benidorm ya tiene nombre: Oblatas”les hice dos preguntas sobre este tema a las profesionales del Programa Oblatas Alicante:

Pregunta.- ¿En Benidorm hay más trata/prostitución de lo que la gente piensa?

Respuesta.- La explotación y la trata con fines de explotación sexual es una realidad cercana, que se encuentra en nuestros propios municipios, comunidades de vecinos y tenemos que estar atentos a denunciar todas aquellas situaciones que vulneren los derechos humanos de las mujeres que se encuentren en estas situaciones.

Pregunta.- ¿Dónde y en qué condiciones se ejerce la prostitución en época de pandemia, cuando los prostíbulos están cerrados?

Respuesta.- Se está observando un aumento de la utilización de internet por parte de las mujeres para publicitarse, así como el aumento de desplazamientos a sitios cerrados, lo que dificulta el acceso a ellas por parte de las distintas entidades. Esta nueva realidad aumenta la invisibilidad de las mujeres y puede dar cobertura a la explotación sexual y a una mayor incidencia de casos de víctimas de trata con fines de explotación sexual.

Es decir, no es un tema que me saque yo de la manga y que sin más me haya puesto a escribir de él. No. Es un tema que por desgracia llevo observando muchos meses, demasiados ya y he buscado respuestas en quien quien tiene experiencia acompañando a mujeres en situación de prostitución y/o trata: la Congregación Religiosa Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, que el pasado 2 de febrero celebró su 150 aniversario. Algunos llaman o llamamos a este tipo de órdenes de las de “La Sandalia”, son muchos años acompañando a mujeres en procesos deempoderamiento e integración socio laboral.

¿Quiénes son las Oblatas?

El 2 de febrero de 2020 cumplimos 150 años del inicio de nuestra congregación. Para nosotras este momento nos llena de alegría por la riqueza de este envío que dio origen a nuestra Familia Oblata. Deseamos compartir unos extractos de la crónica de la Casa Madre- Ciempozuelos y de la Biblioteca Histórica, que narran cómo Antonia de Oviedo dio el paso, después de seis años como directora de la obra social (llamada entonces Asilo de Nuestra Señora del Consuelo), de fundar la congregación de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor. Para ellas: “La mejor congregación”.

«En los comienzos, 1864 – 1869, Monseñor José María Benito Serra y Doña Antonia María de Oviedo no tenían intención alguna de fundar una congregación. Su objetivo era abrir una obra social, una casa-asilo para las mujeres que salían del hospital de San Juan de Dios y que, por diversos motivos, no podían ser admitidas en las instituciones del momento.

«Aquí empieza la segunda fase del Asilo de Nuestra Señora del Consuelo, convertido ya en comunidad religiosa. El día 2 de febrero de 1870, llena de celestial alegría, doña Antonia María de Oviedo, con el nombre de Antonia María de la Misericordia, vestía, con una sola compañera, que luego también la abandonó, el pobre y sencillo hábito religioso color ceniza […].

La vida pobre y trabajosa de las Oblatas tenía poco aliciente. La obra era difícil, la pobreza grande, los tiempos desastrosos; pero no faltaban almas grandes y generosas llenas de celo por la gloria de Dios y deseosas de abrazarse con la cruz y como nuestro Señor quería llevar adelante la obra comenzada, se dignó llamar para ella a Doña Gertrudis Conde, de la ciudad de Valladolid, que ingresó en la comunidad el día 1 de junio de 1870.

Todo el tiempo que el Señor Obispo estuvo en Roma siguió al frente del Asilo la Reverenda Madre sin moverse para nada más que para ir alguna vez a Madrid por urgente necesidad.

“Muchas angustias tuvo que sufrir por la falta de noticias del Obispo que llegó hasta a temer por su vida a causa de los trastornos políticos que hubo en Roma, pero al fin tuvo el consuelo de verle llegar a fines de ese mismo año”.

El día en que la Iglesia celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción de María Santísima, vistió el Santo hábito la postulanta Gertrudis Conde con el nombre de Gertrudis del Sagrado Corazón de Jesús.

En 1871 este año ingresaron tres aspirantes: Práxedes Giraldo, Marta Valle y Pilar Tando; la joven Práxedes tomó el hábito en ese mismo año.

La Reverenda Madre permaneció en el Asilo hasta finales del mes de junio, en que por prescripción facultativa tuvo que ir a tomar baños de mar a Luanco, aunque también pasó algunos días en Mieres del Camino con la Señora Marquesa de Campo Sagrado, una de las hijas de la Reina María Cristina, a quien la Reverenda Madre había educado. Se detuvo en este viaje más tiempo del que pensaba, por haberle sido pedida una fundación en Oviedo que al fin no se pudo efectuar porque no proporcionaban los medios indispensables para sostener un Asilo […].l

La Reverenda Madre regresó a Ciempozuelos antes de finalizar septiembre y a los pocos días de su llegada recibió una carta de París de Su Majestad la Reina Isabel II pidiéndola que se encargara de la educación de sus hijas, sin duda la Augusta Señora no debía saber que había ya tomado el hábito.

Contestó la Madre con la mayor atención a Su Majestad y le contó el compromiso que había contraído con Nuestro Señor por lo cual le era completamente imposible acceder a sus deseos.

Mucho sintió la Reina esa contrariedad y en vista de que la Reverenda Madre no podía aceptar el cargo que le había propuesto, le suplicó que le buscara una que reuniera sus condiciones y que la acompañara a París. La Reverenda Madre hizo enseguida las diligencias y cuando hubo encontrado la institutriz la acompañó llevando a efecto este viaje en el mes de noviembre. Se detuvo algunos días al lado de Su Majestad y su real familia para informar a la referida institutriz en los deberes de su cargo.

En ese año se recibieron 11 acogidas, de una de ellas se sabe que fue excelente colegiala ayudando en todo lo que podía a los padres Fundadores con grande interés. En recompensa de su buen comportamiento y su perseverancia quisieron darle el hábito de hija de casa que era el premio que tenían determinado dar a las que lo merecieran, para asegurar su perseverancia; pero antes de llegar a tomarlo se cansó de la vida de penitencia y a pesar de todas las reflexiones que se le hicieron para detenerla se volvió al mundo y se casó en cuyo estado pasó un verdadero martirio como ella misma se lo confesó a una de sus antiguas compañeras del Asilo diciéndole que envidiaba su suerte.

La pobre muchacha enfermó gravemente a causa de sus muchos sufrimientos y murió en el Hospital destituida de todo humano consuelo […].

Antonia María de la Misericordia describe en una carta, enviada a José María Benito Serra, -que en ese momento se encontraba en Roma por el Concilio Vaticano I-, una fotografía en la que se la ve junto a Pepita, una de las primeras chicas acogidas. Para ella, esta imagen muestra lo que es la obra de la congregación.

«¡Muy felices Sr. Obispo!, Padre nuestro querido, ¡muy felices! Se los vengo a dar, si no en persona, a lo menos en retrato. Espero que le gustará, a mí me gusta mucho, encuentro tanta paz, tanta placidez en mi fisonomía, que me gusta más que ningún otro retrato mío. Pero esto no lo es propiamente mío, es el de la Obra, da la idea santa de la Fundación. Una muchacha arrepentida que contempla en la imagen de Jesús Crucificado […] la amorosa redención». (marzo/1870).

150 años han pasado desde que la obra social se convirtiese en un instituto de vida consagrada y hoy, tal como señala en una carta a la congregación Lourdes Perramon, superiora general, “sabemos que esa incipiente familia oblata se ha extendido por el mundo, acogiendo el envío siempre nuevo de Dios que, a través de tantas hermanas, ha ido tomando rostro concreto en países y culturas».

Este envío lo han «sentido también como propio muchas otras personas que se han dejado tocar por la realidad de las mujeres en contextos de prostitución gestando juntos y juntas mesas de fraternidad, hogares de acogida y sanación, oportunidades de aprendizaje y empoderamiento y, en definitiva, espacios de vida y de redención compartida».

Celebrar los 150 años del inicio de la Congregación, en el contexto de la etapa postcapitular, «aporta contenido, esperanza y densidad a lo que formula el horizonte congregacional: es vital ser, sentirnos y actuar como Cuerpo Congregacional, en este envío que nos hace Familia Oblata».

«Todo aniversario tiene mucho de encuentro y compartir. Lo celebramos en clima orante, agradeciendo la fidelidad y fecundidad de Dios, manifestada desde los primeros pasos de Madre Antonia y Padre Serra, hasta las rutas y cruces que se nos invita a transitar en este sexenio. Vivamos en comunión en ese día, cada cual, desde su realidad concreta, como comunidad de hermanas y con la familia oblata, sintiéndonos conectadas desde el carisma que compartimos y nos convoca».

La experiencia con las congregaciones que han colaborado en el asilo les ha ido llevando a descubrir la necesidad de una nueva congregación dedicada totalmente a esta obra. En esta época es cuando se gestan las constituciones y se define el fin de la misma:

“El Instituto de Oblatas del Santísimo Redentor ha sido fundado para que las religiosas que lo componen trabajen acogiendo e instruyendo [a las chicas], abriendo para ello asilos gratuitos donde se las recibe sin restricción alguna”

Para las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor “somos un grupo de mujeres llamadas, convocadas en comunidad y enviadas a vivir el seguimiento de Jesús, siendo Buena Noticia del Reino para las mujeres que ejercen prostitución y/o son víctimas de trata para la explotación sexual” -y añaden- “nuestro ser de oblatas nos lleva a comprometer nuestras vidas en favor de la igualdad, la justicia, la liberación y la vida.

Este apasionante proyecto, iniciado por nuestros Fundadores, José María Benito Serra y Antonia María de la Misericordia, se desarrolla en Misión compartida con toda la “Familia Oblata” dando lugar, desde las diferentes formas de colaboración, miradas, experiencias vitales y perfiles profesionales, a respuestas creativas y audaces. En la actualidad estamos presentes en 15 países”.

La Fundadora

Antonia Mª de Oviedo y Schönthal, conocida también como Madre Antonia (Lausana, 16 de marzo de 1822-Ciempozuelos, 28 de febrero de 1898) fue la fundadora, junto a José María Benito Serra, de la Congregación de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor. La Iglesia Católica le concedió el título de Venerable el 7 de julio de 1962.

La Madre Antonia

Antonia María de Oviedo y Schönthal nace en Lausana el 16 de marzo de 1822. Es hija de Antonio de Oviedo, español, y de Susana Schönthal, suiza. Muy pronto muere su padre y su madre asume toda la responsabilidad de la educación de Antonia María, basada en el esmerado y minucioso cuidado de fijarse la persona y en todas sus dimensiones. Más tarde se trasladó a un colegio a Friburgo que gozaba de un extraordinario prestigio tanto por la bondad del personal como de su competencia profesional.

A los 16 años y con el visto bueno de sus profesoras, que la consideran notablemente preparada para ejercer de institutriz, viaja a Ginebra como educadora de Rosalía Caro Álvarez de Toledo, primogénita de los Marqueses de la Romana, familia con la que también viajó a Milán y Florencia. Hablaba correctamente el francés, español, alemán e inglés, a los que hay que añadir el italiano y latín. Es una mujer altamente ilustrada.

Después regresaría a Friburgo, donde abrió un pensionado y tuvo una excelente reputación como pedagoga. Por los avatares de la guerra tiene que proceder a su cierre. En 1848 con 25 años le hacen una oferta de trabajo desde España a. Le reclaman para institutriz de las hijas de la Reina María Cristina de Borbón habidas en su matrimonio con el Duque de Riansares. Tarea educativa que terminó con el casamiento de la más pequeña en 1860 y María Antonia fija su residencia en Roma.

Misión y Carisma

En Roma se entrega totalmente al estudio y a la escritura. En la ciudad eterna coincide dos años con José María Benito Serra, obispo de Daulia, quien se convertiría en su director espiritual. En 1863 viaja a España para visitar a su familia paterna y coincide nuevamente con Serra, quien, entre sus actividades pastorales, visita y atiende a las enfermas del Hospital de San Juan de Dios, situado en la calle Atocha de Madrid.

María Antonia se conmueve al comprobar la suerte que les esperaba a las mujeres que ejercían la prostitución cuando les dieran el alta. Por ello, el obispo solicita la ayuda de Antonia para crear una casa de acogida donde encontraran afecto y pudieran rehabilitarse. Vencidas las resistencias iniciales de Antonia, juntos abren el Asilo de Nuestra Señora del Consuelo en Ciempozuelos (Madrid) llamándose así en honor a la Virgen, patrona del lugar.

Seis años de afanes, ensayos y pruebas concluyen en el inicio de una nueva congregación en la Iglesia: Oblatas del Santísimo Redentor. Era el 2 de febrero de 1864. En este momento, la fundadora cambia su nombre a Antonia María de la Misericordia.

A punto de cumplir 76 años, 34 dedicados al acompañamiento a las mujeres víctimas de prostitución, termina su andadura la madrugada del 28 de febrero de 1898 en Ciempozuelos, la casa Madre de la Congregación, donde descansa. La Iglesia la reconoció como Venerable el 7 de julio de 1962.