En Benidorm la lucha contra el alcoholismo tiene nombre y apellidos: Pere Rostoll y Juan Miguel Roig

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Las crisis son malas compañeras de viaje para quienes sufren cualquier tipo de adicción, en especial el alcohol, por ser una sustancia barata y muy accesible. Si al sombrío panorama económico y social que dibuja la Covid-19 sumamos las dificultades que en esta pandemia está habiendo para acceder al sistema sanitario, tenemos la tormenta perfecta para que el número de adicctos al acohol aumente al menos un 20%, según los expertos consultados, una cifra vaga de la que apenas dice nada la web del Plan Nacional sobre Drogacciones ni la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que en sí sólo representaría la punta del iceberg del problema real para una población que lo sufren y padecen familiares y amigos muchas veces en silencio y de puertas para adentro y que, además, presenta características diferentes según el género del adicto: si se es mujer el consumo es más habitual en casa y a escondidas, y si se trata de varones a éstos es más frecuente verlos alternando en bares y tascas.

Un reportaje de Belén Richarte

Veámos cómo ha estado el tema en Benidorm y comarca durante y después de la pandemia y la “nueva normalidad”. Por ello esta semana he hablado con Luis Alfonso Muñoz, psicólogo de la Asociación Provincial Alicantina de Ex Alcohólicos de Benidorm (APAEX).

En Benidorm si la lucha contra el alcoholismo tiene un nombre esos son Pere Rostoll y Juan Miguel Roig, éste último ya fallecido, pues fueron los artífices de la Asociación. “Ellos fueron los que con su impulso, su dedicación diaria durante muchos años, incluso poniendo en riesgo su propio patrimonio, crearon en 1981 una Asociación que no ha interrumpido su funcionamiento desde entonces”, -explica el psicólogo-, “Pere Rostoll es el “alma mater” de la Asociación, a la que continúa dando un importante servicio al encargarse de la apertura de la sede dos días a la semana y siempre está disponible para ayudar a quien le solicite un apoyo en relación al problema de alcoholismo”, esto no sólo lo dice Muñoz sino que corrobora quien suscribe estas líneas.

En 1980, el grupo de enfermos que inició tratamiento de desintoxicación, se desplazaba todas las semanas para asistir a las terapias de grupo que se desarrollaban en APAEX Alicante. Una vez controlado su problema de consumo, este grupo de personas se plantea crear una Asociación que les permita seguir un tratamiento sin tener que desplazarse y, por otra parte, facilitar un recurso cercano a los ciudadanos de Benidorm y Comarca para intentar superar problemas derivados de adicción al alcohol.

“Mi toma de contacto con el tratamiento del alcoholismo en APAEX se inicia en el año 1993 en el que me ofrecí a realizar voluntariado en la Asociación que en aquel momento estaba atendida por un compañero psicólogo. Mi primera impresión al empezar a colaborar con el grupo fue que suponía una oportunidad para poner en práctica toda la formación que iba acumulando y que podía aportar mi granito de arena para ayudar a este colectivo”, adelanta el especialista.

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Pregunta.- ¿El alcoholismo es un vicio o es una enfermedad? ¿Cuándo fue declarada por la OMS como enfermedad y que características comunes reúne?

Respuesta.- “La respuesta puede ser muy simple o muy compleja en relación a la profundidad del análisis. Deberíamos hacer una aclaración conceptual en el sentido de diferenciar entre intoxicación aguda y alto consumo habitual. En principio, el término vicio tiene unas implicaciones morales que, desde un punto de vista profesional, no supone justificación para categorizar una conducta. El excesivo consumo habitual mantenido en el tiempo tiene como consecuencia un deterioro de la salud y constituye una categoría diagnóstica que se denomina alcoholismo”.

Los manuales diagnósticos, tanto el “Manual de los Transtornos Mentales (DSM) que utilizamos los psicólogos, como la “Clasificación Mundial de las Enfermedades” (CIE) que utilizan los médicos, establecen una serie de síntomas que se tienen que dar para el diagnóstico de alcoholismo, pero, para los posibles lectores de esta entrevista, quizá es mas interesante transmitirles el concepto de que el alcoholismo tiene una incidencia negativa para la vida de la persona en tres ámbitos principalmente: biológico, psicológico y social.

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Independientemente de un diagnóstico oficial, las personas que conviven con un alcohólico son los primeros que detectan, ¡y sufren!, el problema y, normalmente, el propio enfermo es el que más se resiste a reconocerlo.

Según el psicólogo de APAEX, “en el inicio en el problema de abuso de alcohol suelen detectarlo antes los familiares o amigos él/la propio interesado/-a, -y añade-, “en general, cuando hay un consumo excesivo de forma habitual, cuando se le da al alcohol un valor funcional o de apoyo (consumir para darse ánimos, para superar situaciones, etc), cuando aumenta la tolerancia al consumo (más copas para el mismo efecto) son indicadores de que la persona está en situación de riesgo con respecto al alcohol”.

Para Muñoz, “no hay una receta sobre qué debe hacer la familia o los amigos que tenga una validez general; en principio no hay que minimizar los problemas ni tratar el problema culpabilizando a la persona. La clave es que más que alcohólicos o alcohólicas, lo que hay son Personas con problemas de alcohol y habría que conocer los motivos del consumo, el estilo, la frecuencia, la cantidad y actuar sobre las causas para poder introducir cambios en la conducta de la persona. En todo caso, ante la duda, deberían consultar con algún especialista para plantear el problema y las soluciones más adecuadas”.

Pregunta.- ¿El alcoholismo se cura?

Respuesta.- Una vez más deberíamos hacer una aclaración conceptual sobre lo que entendemos por “cura” del alcoholismo. Si por “cura” entendemos la desaparición del problema y una especie de inmunización para continuar con las mismas conductas sin que desaparezcan los mismos problemas pues, evidentemente, no se cura. Si por “cura” entendemos la superación de los problemas derivados del alcoholismo pues debemos ser más optimistas siempre que se haya empezado el tratamiento médico cuando todavía no hay daños irreversibles, cuando se ha realizado un cambio en el estilo de vida que suponga un alejamiento a las rutinas anteriores, cuando se han eliminado relaciones sociales que inciten al consumo, entonces sí podemos hablar de curación del alcoholismo. Pero, de forma inequívoca debe quedar claro que, con una vuelta al consumo de alcohol, incluso de forma moderada, el riesgo en la recaída y la rapidez en llegar a niveles similares de daño orgánico siempre estarán presentes.

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En cualquier caso Muñoz aconseja que “ante la sospecha de un problema de alcoholismo la persona debería preguntar a su médico para que haga una primera aproximación al diagnóstico y el médico le orientará sobre qué es lo que tiene que hacer en relación al problema” -e informa-, “en la Sanidad Pública Valenciana se crearon las UCAs, una Unidad especializada en el tratamiento de las adicciones que atiende a las personas con adicciones a través de profesionales de la medicina (psiquiatría, enfermería), la psicología, el trabajo social, etc. Además de este recurso sanitario, están las unidades de alcohología de los hospitales que reciben los enfermos derivados por las UCAs o por los médicos de atención primaria. Otros recursos de tratamiento de las adicciones son los tratamientos de la medicina privada y de las comunidades terapéuticas dependientes de asociaciones sin ánimo de lucro, en las que las personas que ingresan llevan a cabo tratamientos durante un periodo largo de ingreso hasta la remisión o control del problema”.

“En cualquier situación, con o sin pandemia, lo mejor es no tener miedo a pedir consulta a su médico y comentarle el problema (propio o de un familiar) y seguir sus pautas para el control del problema. Como un apoyo a esa orientación médica, o mientras espera la cita solicitada, desde APAEX ponemos nuestra experiencia y nuestros profesionales y “veteranos” para aclarar cualquier duda que puedan tener con respecto al consumo de alcohol”, concluye diciendo el psicólogo. ¡Lo importante es salir de ese pozo!

Números de Teléfono y Direcciones de Interés:

UCA Benidorm: 966 87 05 61.

APAEX Benidorm: Horario de lunes a viernes. Tlf: 965 85 99 19.

Nº whatsapp 697 558 603, Mail: apaexbenidorm@gmail.com

Web: apaexbenidorm.com

Echemos la vista atrás

Durante los meses de la pandemia y del confinamiento. Con más de un mes ya en cuarentena, hay quien buscaba la manera de pasar el rato y distraerse como buenamente podía. Mientras algunas personas optan por hacer ejercicio en sus casas, otras aprovechan para ponerse al día en esas series que llevan tiempo viendo en sus servicios de suscripción de películas y otros formatos digitales. Por no hablar de los que teníamos hijos pequeños y muchas veces tenían que ingeniárnoslas para encontrar formas estuviesen distraídos y tranquilos después de tantos días encerrados juntos en casa. ¡Y sacar al perro, que ya teníamos previmente!

Sin embargo, algunas personas han encontrado en el alcohol un compañero para hacer más amenas esas semanas. Tomado con moderación y mesura, el consumo de alcohol no tiene porqué entrañar riesgos. “El problema viene cuando una persona abusa de esta sustancia hasta el punto de que es incapaz de controlar sus impulsos para consumirla. Y una tendencia que lleva observándose desde que empezó el confinamiento es cómo hay gente que está abusando del alcohol con el riesgo de caer en una adicción”.

Confinamiento y alcohol

“Según datos oficiales la compra de cerveza en España aumentó un 78% en las dos primeras semanas de cuarentena”. Es el producto que más creció a la hora de hacer la compra en el supermercado. Una razón que puede explicar este incremento del consumo de cerveza y de alcohol en general es la situación de aislamiento provocada por el confinamiento. Muchas personas se sintieron solas y apartadas del mundo y recurrieron al alcohol para pasar mejor el tiempo. La ansiedad generada por la situación actual es también un factor importante que explica esta tendencia. En este sentido, el gobierno se pronunció para alertar ante este hecho.

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Otro factor para ilustrar lo que está pasando se encuentró en la mecánica para seguir en contacto con la gente durante esas semanas. Lo que antes era ir a tomar una copa el fin de semana con los amigos se hacía por videollamada. En algunos casos esto ya no solo se produce al final de la semana, ahora también se bebe durante los encuentros virtuales no hay trabajo, no hay días laborables, eran simplemente jornadas de confinamiento.

De ahí el 20% del que les hablaba anteriormente. Y es que aproximadamente un 20% de la población transita entre consumir esporádicamente una copa y hacerlo de forma compulsiva y persistente. Es decir, el 20% de las personas que empezaron a beber diariamente para estar mejor durante la cuarentena eran más vulnerables a que, cuando terminara, no pudieran dejar de consumir. El mayor riesgo para ellas es que beber repetidamente porque afectará a sus neuronas y provocará que el consumo se convierta en un hábito. Sin darse cuenta, el alcohol se volverá el estímulo más importante y, aunque quieran, será muy difícil no beber.

Sustitutivo de otras drogas

Una tendencia que también se observó durante el confinamiento fue el aumento del consumo de alcohol por parte de las personas adictas a otras drogas. En este sentido, la Generalitat de Cataluña ha advertía que los adictos a las drogas consumen más sustancias alternativas, como el alcohol. “Esto se produce ya que, al no tener acceso a sus drogas habituales durante la cuarentena, recurren a otras sustancias que son más accesibles. Estas personas estaban aproximadamente un 80% más de alcohol en esos momentos del confinamiento”.

Uno de los peligros de este aumento en el consumo de alcohol es que puede agravar los síntomas que muchos adictos estaban experimentando durante la cuarentena. En concreto, dicho consumo contribuía a incrementar la ansiedad y el estrés y descontrolar las emociones. Y es que pueden aparecer más problemas porque disminuyen las defensas del organismo y aumenta el riesgo de infecciones. El único aspecto positivo con la situación actual ha sido la reducción en el consumo y distribución de drogas ilegales como la cocaína o la heroína. ¡Aunque haya sido a cuesta de aumentar la ingesta de alcohol!

Alcohol y medicación

El alcohol en exceso es malo. Pero si se consume cuando alguien está bajo tratamiento médico se convierte en un peligro. Con la situación de cuarentena es posible que algunas personas que estuvieran experimentando síntomas no graves del Covid-19 y hayan estado tomando medicamentos como antibióticos. Si a esto se añade la ingesta de alcohol, los efectos de estos medicamentos para infecciones de garganta o respiratorias disminuyen.

Además, con algunos antibióticos en concreto, el consumo de alcohol puede provocar la aparición de efectos secundarios. Estos incluyen vómitos, ansiedad, náuseas e incluso insuficiencia respiratoria. Por si esto fuera poco, durante el tratamiento contra el coronavirus, el consumo de bebidas alcohólicas puede provocar serias complicaciones. Un ejemplo de éstas es una mayor vulnerabilidad de los pulmones a una infección, ya que parte del alcohol se libera del organismo por la respiración.

Riesgo de recaídas

Con el confinamiento y el aumento del consumo de alcohol se incrementan también las posibilidades de que aparezcan nuevos adictos y de que recaigan aquellos que están en tratamiento o incluso ya rehabilitados. Gobierno y centros de desintoxicación son conscientes del riesgo que esto conlleva. Es por eso que el Ministerio de Sanidad publicó una una serie de recomendaciones para que la población tomara conciencia y actuara en consecuencia. Entre los consejos se alerta de los problemas para la salud que tiene el alcohol y se aconseja no tomarlo en caso de sentir ansiedad.

En los casos en los que el estrés o la propia ansiedad producidos por el confinamiento puedan generar ganas de tomar alcohol hay que saber buscar alternativas. Sustituirlo por otras bebidas no alcohólicas es una buena opción. Hablar con los familiares o amigos es otra posibilidad válida para afrontar el problema. Como siempre, buscar ayuda profesional es la mejor manera de hacer frente a los riesgos de estar padeciendo una adicción.

La cuarentena y el aumento de las adicciones

Las estadísticas muestran un incremento en el consumo de alcohol, tabaco y psicofármacos. También crecieron la ludopatía y los disturbios en la alimentación.

No se puede negar que todos tenemos la sensación de estar suspendidos en el tiempo y sometidos a una gran incertidumbre en estas épocas de cuarentena. ¿Cómo evolucionará todo esto: que será de nuestro futuro personal y social?

Son preguntas que nos hacemos a diario y para las que no tenemos una respuesta certera. En estos tiempos, se evidencia una enorme preocupación por el futuro. En esta situación, algunas personas disponen de mayores recursos personales, familiares y sociales para afrontar las dificultades que se presentan a diario.

Hay también “personas de alto riesgo” que incluyen aquellas que padecen enfermedades físicas en particular y a los adultos mayores. Sin embargo, poco a poco se va creando conciencia de que la vulnerabilidad excede a quienes presentan patologías físicas y se incluyen en la población de riesgo a aquellos que sufren problemas de salud mental y adicciones.

Si hacemos foco en la problemática de las adicciones, las estadísticas recientes muestran claramente el aumento del consumo de sustancias psicoactivas, principalmente del alcohol, el tabaco y los psicofármacos. También, las adicciones comportamentales como la ludopatía y los transtornos alimenticios se han incrementado.

Los indicadores más elevados se dan entre quienes beben alcohol (36,5%) y fuman tabaco (40%), y le siguen quienes consumen antidepresivos o ansiolíticos (10,1%)”.

Los síntomas de angustia y ansiedad se potencian en esta situación de incertidumbre y aislamiento forzoso. Cuando una persona posee un entorno afectivo positivo, contenedor y saludable, las dificultades personales se sobrellevan con menos consecuencias y con mayor capacidad de afrontarlas y superarlas.

Pero cuando una persona es consumidora habitual o abusadora de sustancias psicoactivas, ya tiene una base de vulnerabilidad que le dificultará afrontar un momento como el actual sin aumentar sus problemas. De este modo, vemos cómo el aumento del consumo se presenta como un escape a la situación insoportable y es un intento fallido de obtener bienestar.

Es habitualmente el alcohol la sustancia más requerida en esta situación y la de mayor accesibilidad y disponibilidad. Muchos pacientes refieren haber “liquidado” todo el alcohol disponible en su casa y luego salir a aprovisionarse de la mayor cantidad posible, por miedo a la abstinencia.

Lo mismo sucede en este momento con el tabaco, hasta la escasez de cigarrillos se ha convertido en un tema frecuente en los medios de comunicación. En relación a las drogas ilegales, aumentaron los deliveries” encubiertos y muchas de las rupturas violentas de la cuarentena se pueden explicar como consecuencia del síndrome de abstinencia.

La situación de los pacientes en tratamiento por consumo de sustancias que se han visto interrumpidos por el aislamiento social obligatorio, al menos en su modalidad habitual presencial, se ha interrumpido.

Estamos en un momento de padecimiento personal y social, es innegable, pero también es una oportunidad de innovación, de buscar nuevas alternativas. El papel de la familia es crucial para acompañar y sostener al paciente-padeciente. Es momento para replantear modos de vida, para estrechar lazos positivos, para que cada vez seamos más libres de elegir vivir sin el sojuzgamiento de las adicciones.

Paradójicamente, estamos más “encerrados” y sin embargo, podemos ser capaces de abrir nuevos horizontes, atrevernos a vivir en libertad y apostar por la salud. ¡Es el desafío de nuestro tiempo!