Benidormenses por el mundo frente al Covid-19

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Este fin de semana les traigo cuatro historias, tres son de vecinos de Benidorm y una de Callosa d’En Sarrià. Las cuatro son relatos de una pesadilla llamada Covid-19 y de las personas a las que pilló, por aquello del azar, fuera de España cuando el Gobierno declaró el Estado de Alarma.

Un reportaje de Belén Richarte

Son historias contadas por sus protagonistas, en primera persona. Esta semana me he limitado a transcribir lo que sus protagonistas me han contado. Lo que sí voy a hacer es lanzar algunas preguntas al vuelo: ¿En estos ciudadanos quién ha pensado? ¿De qué sirven las Embajadas al margen de costar al erario público millones de euros? Lo vemos todos los días en los informativos con los procesos migratorios pero y con los europeos… ¿Dónde está Europa en estos momentos?¿Qué están sacando las compañías aéreas de todo este dolor? ¡Quizás dinero…! Empecemos por el que no ha vuelto todavía.

César Cabezuelos (Benidorm, Dj profesional, promotor musical. ¿quién no conoce al algún “cabezuelos” en la capital del turismo?)

Soy Dj y promotor musical y fuí a Japón a pinchar, de gira, a principios de noviembre, Una gira de 12 días que pasaba por Tokio, Ska y Kioto. Ese fue el motivo de mi estancia en el país nipón, trabajar, a la vez que ver y descubrir este territorio “loco” muy “loco”.

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Llevaba desde el 6 de noviembre en Vietnam, fuí a pinchar al Festival de Ho Chi Minh (Saigón), después del festival decidimos ir a la Isla de Phu Quoc a descansar y allí conocí al que iba a ser mi jefe, que me ofreció trabajo en su restaurante español, de nombre Ítaca. Allí he estado hasta el 1 de marzo; es decir, tres meses y medio. Luego me salió un proyecto de grabar un documental sobre música camboyana y partí para ese país en busca de personajes que entrevistar, localizaciones, músicas y fue en Camboya donde me pilló la declaración del Estado de Alarma en España.

Veía que el tema del coronavirus iba cambiando por horas y en esa tesitura, ante la posibilidad de quedarme en Camboya, porque Japón se estaba poniendo muy receptivo con todo lo español (Asia en general), decidí regresar al país del sol naciente. Tenía mi vuelo de vuelta desde Camboya hasta Japón pero con escala en Vietnam, país en el que había estado cuatro meses y no necesitaba ninguna visa porque tenía 15 días gratis, por lo que hacer simplemente parada allí era sólo cuestión de tres horas. Pero cual fue mi sorpresa que cuando voy a embarcar en el avión me dicen desde la compañía aérea que Vietnam había denegado mi entrada después de haber comprado una nueva visa de 100 euros, sólo para la conexión y porque el tema se estaba poniendo bastante peligroso. Además de decirme que no puedo entrar, la compañía me adelanta que no se hace cargo de nada: pierdo los vuelos desde Camboya hasta Vietnam y desde Vietnam hasta Japón. Había muchas fronteras cerradas, yo estaba tirado en Camboya y buscando una vía para llegar a Japón porque tenía mi billete de vuelta el 25 de marzo desde Tokio hasta Madrid.

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Entonces me dieron una solución por Thailandia. La única manera de salir era por Bangkok, aunque no era un trayecto seguro porque ya habían echado a gente para atrás. Lo que ocurre es que la distancia entre Camboya y Thailandia es muy corta y no me iban a llevar al aeropuerto principal sino a uno más “doméstico”. Por ahí no tuve problemas para entrar, estuve un día entero en el aeropuerto de Camboya Nom Pen y compré un billete a Japón. Ya en el país nipón entré y a las tres horas justo después de haber entrado declararon el Cierre de Fronteras para españoles. ¡Es decir que dentro de lo que cabe tuve suerte!

Cuando en España se declaró el Estado de Alarma sentí que me estaban tomando el pelo, porque los últimos cuatro meses yo había estado en Vietnam, tenía las visas, tenía las pruebas, pero a parte me habían dicho que tenía que comprar una visa especial para hacer la conexión, eso por parte de Vietnam y por parte de Camboya; es decir, desprotegido y desamparado, así es como me sentía en aquel momento. ¡Que te digan que tu vuelo no va a salir, que no te van a reubicar en ningún otro y que te las apañes como puedas no te imaginas cómo te puede hacer sentir! ¡Y sabes además que todas las fronteras están cerradas, que la cosa va a ir a peor y que la misma compañía aérea no te da una solución, es, como poco, descorazonador!

Me imagino a una escala mayor a la gente de Siria, que se han escapado de sus casas, intentando llegar a un lugar más seguro y les van cerrando todas las puertas, salvando las distancias, porque mi situación era muy distinta, pero empatizo totalmente con ese sufrimiento, con ese sentir. ¡Era una sensación muy rara, que nunca había vivido!

Cuando llego a Japón y la compañía me cancela los vuelos me pongo en contacto con ellos para que me reubiquen en alguno pero me contestan que está cancelado y que el dinero me lo devolverán a los tres meses. A partir de ahí pensé: voy a esperar un poco, a ver cómo avanza la cosa en España porque Japón estaba bastante tranquilo en cuanto a número de infectados. Me iban saliendo trabajos, por lo que creí que lo más oportuno era aguantar allí hasta que se relajara el tema.

Y es que al principio no sabíamos nada: ¿Ni cuánto iba a durar ni qué iba a pasar? ¡Si la Embajada nos iba a echar una mano…! A la Embajada llamé desde que cancelaron el primer vuelo desde Japón a Madrid y me respondieron que no podían hacer nada y que lo que tenía que hacer era pedirle explicaciones a la compañía aérea, les respondí que obviamente ya había hablado con ellos, entonces me aconsejaron que echara mano de amigos y de la familia, que casi desde un principio estaba enterada de mi situación.

Ese es el panorama que me encuentro en Japón. De repente empiezan a cancelarse los vuelos, las compañías empiezan a dejar de volar, ningún vuelo es fiable porque hay compañías que están vendiendo vuelos que saben que no van a salir. Todo era muy confuso. Me aseguran por un lado que estoy mejor en Japón, la Embajada me dice que me vaya cuando pueda pero la gente que está llegando de otros sitios te explica que la Guardia Civil de aduanas les llama locos por moverse en estos momentos.

Te quedas confuso porque no sabes muy bien qué hacer en cada momento. Entonces decidí buscarme la vida por mi cuenta en Japón y saqué unas tarjetas para hacer cursos de paellas para grupos y dar clases de español por videoconferencia. De todas formas, estaba muy en contacto con la Embajada: les preguntaba que si me podían repatriar de alguna manera, si tenía opción de una visa de trabajo para poder ganarme la vida mientras la situación se relajaba y pudiera regresar. Me contestaron que esa visa me la tenía que hacer una empresa: era como la pescadilla que se muerde la cola, sin visa no me contratan y sino me contratan no tengo visa. Y esa era mi situación cuando hace cuatro días que se ha declarado el Estado de Emergencia en siete ciudades de Japón, he ido escapando de los focos de infección.

Actualmente estoy en Kioto, esperando a ver si sale algún vuelo, y expectante por ver cómo controlan aquí el virus porque tengo un poquito más de confianza en los japoneses que en los españoles. ¡Y así estoy, sin saber qué hacer cada día, las cosas van cambiando de repente y yo me voy adaptando a la situación como voy pudiendo!

A mi familia sólo quiero decirle que hay que adaptarse a los nuevos tiempos que corren y ahora mismo la videoconferencia está de moda, que hagan todos una videoconferencia tocando el tambor y la corneta y con los pañuelos y que disfruten de la Semana Santa como lo han hecho siempre pero a la nueva orden. Y que se lo tomen todo un poco con humor y con toda la buena energía que puedan porque sino al final nos vamos todos para abajo y va a ser peor de lo que está siendo. ¡¡¡Así que familia: ánimo para todos y espero veros pronto!

María Martínez Soto (Benidorm, nieta del periodista, amigo y compañero ya fallecido Miguel Alberto Martínez Monge)

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Llegamos a Bolivia a finales de enero cuando no había prohibición ni recomendación de no viajar. Tras unos días en Bolivia viajamos a Brasil y justo al volver nos enteramos de que cerraban las fronteras con Europa.

Ya era muy tarde, no pudimos adelantar el vuelo y nos lo programaron para un mes más tarde. En seguida nos dirigimos al Consulado pero el trato recibido fue nefasto. En primer lugar: no nos dejaron entrar en las oficinas, nos sugerían que durante ese mes paseáramos por la ciudad y se lamentaban de que ellos se habían quedado sin vacaciones….

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La primera solución que nos dieron fue volar a Sao Paolo pagando 550 dólares por persona y que allí buscásemos la manera de llegar a España. A los días nos dijeron que podíamos volar a Frankfurt pagando 1.000 euros por persona. En ningún momento nos dijeron que ese avión también paraba en Madrid. El Consulado no nos ofrecía más información.

Conseguimos contactar con un grupo de 70 españoles y residentes en España con el mismo problema y empezamos a organizarnos vía whatsapp. Empezamos a llamar y mandar e-mails en grupo al Consulado pero las respuestas que recibíamos eran genéricas.

Finalmente Francia mandó un avión para repatriar a sus ciudadanos y en las plazas que sobraban pudimos viajar el resto de europeos.

La opinión generalizada es que el Consulado no ha sabido estar a la altura de las circunstancias y no ha sabido gestionar bien la situación. Todos entendemos que es una situación excepcional pero la gestión ha sido bastante deficiente.

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Ahora ya por fin estamos en casa pero aún hay más de 80 personas en Bolivia sin poder retornar. Hay gente enferma y sin medicación, familias con niños pequeños gastándose el dinero que no tienen…

A pesar de todo, me siento afortunada.

ANA PÉREZ (Callosa d’en Sarrià, administrativa, de familia muy querida en la Villa del Níspero )

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Mi compañera Mariana y yo fuimos a Argentina a visitar a su familia, que hacía 18 años que no la veía, y de paso poder conocer un poco la ciudad. Cuando se declaró el Estado de Alarma en España nos encontrábamos en Mar del Plata, con la familia. Acabábamos de llegar a la ciudad, ya que habíamos pasado unos días en Buenos Aires.

Estaba un poco desorientada porque se declaró el Estado de Alarma en España y también se declaró la cuarentena en Argentina. Fueron momentos de desconcierto, de no saber qué hacer ¿Volvemos o no? Teníamos claro que íbamos a tener que pasar la cuarentena en Argentina en casa ajena, pero nunca pensé que iban a cerrar fronteras aéreas y quedarnos encerradas en ese país. Las opciones de vuelta de los últimos vuelos disponibles (aunque mucha gente nos decía que nos quedáramos allá), tenían unos precios abusivos, podían ir entre los 1.500 euros hasta los 7.000 dólares que pedían algunas compañías. Así que tocó armarse de paciencia, aunque yo estaba con un poco de ansiedad por la incertidumbre de la situación, e ir viendo cómo iban transcurriendo las cosas.

Desde que fui consciente del cierre de fronteras y no saber cuándo íbamos a volver a casa me entró la desesperación, llamamos al Consulado de España en Argentina y lo único que supieron decirnos es que nos apuntáramos en el registro de viajeros que había habilitado la Embajada Española en Argentina. Así lo hicimos, incluso llamábamos todos los días para saber si había noticias, pero siempre decían lo mismo: anótense en relación registro que ya le informaremos cuando haya novedades. Nunca informaron de nada…

Menos mal que encontré, a través de una publicación de prensa, un grupo de WhatsApp de españoles en nuestra misma situación. A partir de ahí me relajé un poco porque compartíamos información y lo que no averiguaba uno, lo hacía otro. Supimos que éramos unos 3.000 españoles y residentes atrapados en Argentina que queríamos volver. La información oficial que obteníamos era a través del Twitter de la Embajada, único medio por el que daban información, ya que si llamabas al Consulado, a cualquiera de ellos (hay cinco en diferentes provincias), cada uno te decía una cosa diferente, ya que trabaja por independiente.

Cuando al fin nos informan de que Iberia ha puesto un vuelo comercial asistido (no era un vuelo de repatriación ya que la gente ha tenido que pagar su billete) tuvimos un poco de esperanza de que íbamos a volver pronto y, después de unos días esperando la dichosa llamada, el día que ya había perdido la esperanza, nos llamaron para volar. Eso fue otra aventura para poder llegar hasta Ezeiza, el aeropuerto de Buenos Aires, que son unos 450 kilómetros, porque el transporte público y taxi desde Mar del Plata hasta allá estaban cancelados. Aunque les llamaras y les explicaras la situación de excepcionalidad te decían que hasta el día 12 de marzo no trabajaban. Menos mal que el Remis (se llama así a las empresas de transporte privado de viajeros) que nos trajo de Buenos Aires estuvo dispuesto a llevarnos.

Tuvimos que sacar todos los permisos y certificados para poder viajar porque había muchos controles en las carreteras, pero llegamos sin problemas al aeropuerto. En éste los controles no eran los habituales, permitían pasar con más rapidez y mayor cantidad de lo habitual. Una vez en el avión la sensación era de estar casi en casa. Me hizo gracia que, al ir a arrancar el avión, éste tuviera un apagón de luz, todos nos quedamos un poco paralizados. Tuvieron que meterle “las pinzas de arranque” y todo fue sin problemas. Ya en el aeropuerto de Madrid fue todo sobre ruedas, me llamó la atención que no había nadie y en la estación de Atocha igual. La espera de diez horas en esa sala se me hizo interminable, pero al fin llegó la hora de tomar el tren y nos organizaron muy bien, separándonos a los viajeros con las distancias adecuadas. En nuestro vagón éramos cinco personas sólo. Al llegar a Alicante tuvimos que pasar un control policial, y menos mal que llevábamos el salvoconducto de la Embajada Española en Argentina, nos dejaron pasar.

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¡Llegar a casa fue una de las mejores sensaciones que tuvimos desde hacía mucho tiempo!

Olivia Such (Benidorm, Fotógrafa, miembro de una conocida familia del pueblo)

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El motivo de mi viaje a Egipto fue celebrar mis 20 años de Fotógrafa, los años que han transcurrido desde que acabé la carrera y que fuí por primera vez al país de las Pirámides. Salí el día 2 de marzo de vacaciones, para mí ese mes es temporada baja, y me encontré unos días más tarde con una amiga que venía desde Inglaterra en Dahab, en la Península del Sinaí. Un viaje fantástico, en el que por primera vez volé en globo, buceé por unos lugares de encanto…Hasta que el día 12 de marzo me llama mi madre y me dice que volviera. Yo le dije que volvería el día 16 y cancelé mis vacaciones, pero yendo para el aeropuerto nos cancelaron el vuelo, ya éramos apestadísimos allí, y nos dijeron que no podíamos coger un vuelo con escala en Turquía. ¡Así que veíamos cómo se iban cancelando los vuelos en nuestra cara y cómo no nos dejaba pasar en los vuelos que no estaban cancelados: pasaban todos menos nosotras! A mi amiga no la podían retener en realidad porque tenía residencia inglesa pero la retenían por tener pasaporte español. ¡Aquello fue una Odisea!

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Estaba en el Mar Rojo el día 10 y cuando se declaró la pandemia fue el 12. En ese momento sentí sufrimiento, ante todo, porque sabía que mis padres iban a preocuparse muchísimo, aunque yo estaba bien porque soy una persona que me protejo mucho. ¡Viajo mucho y al final cuando sales con una mochila en la espalda sabes que te expones a que te puedan ocurrir cosas aunque nunca piensas que te va a pasar nada! Pero cuando se declaró el Estado de Alarma sentí miedo, más que miedo respeto. Se había declarado la pandemia a nivel mundial y en Egipto las cosas no estaban mal. No se había declarado ningún caso. Algo se oyó en un momento determinado de que unos turistas se habían contagiado, pero el virus no había corrido mucho en Egipto.

Aún así mis padres estaban muy preocupados, sentí un poco de agobio porque no me dejaban salir del país y yo tenía que volver a casa. Además no tenía dinero suficiente para mantenerme allí todo el tiempo que ellos quisiesen, nadie me pagaba nada. Simplemente tenía que permanecer allí.

Tuvimos muchos problemas porque el cónsul intentaba sacarnos del país, pero no había medios. España no tenía protocolo de repatriación con Egipto, por lo que no podían hacer nada y nosotras les pedíamos que por favor nos sacara de allí como pudiese porque los días transcurrían, la cosa estaba cada vez peor y no teníamos apenas dinero. Al final todo se alargó 23 días; es decir, yo habría tenido que volver el 16 marzo y me fuí de Egipto el 4 de abril. ¡Una Odisea total!

Me llamaban repetidas veces del Consulado, el cónsul me decía que estaba haciendo lo que podía. Luego me llamó un secretario que me entristeció mucho porque me dijo que me comprara un billete a Gran Bretaña, que por allí podía salir. Le respondí que por favor que me pusiese por escrito que yo podía salir realmente por Inglaterra, ya que a mi compañera no la habían dejado teniendo residencia inglesa. En realidad era una trampa, era un billete trampa. Tampoco me iban a dejar subir porque luego conocí a una chica que no le permitieron embarcar. El cónsul nos intentaba sacar pero su equipo nos decía que realizáramos trámites que no eran efectivos. Así pues me planteé y decidí montar mi canal en youtoube Olivia Such y mi canal de instagram en los que podéis seguir mi deambular por Egipto desde el primer día y donde tengo fotografías maravillosas del viaje y de lo que vino después…también.

Los vídeos tuvieron bastante éxito, se hicieron virales en las redes y hay mucha gente que los ha seguido y mucha gente que me ha ayudado, muchísima, la verdad es que el mensaje llegó a gente influyente que lo movió todo mucho al final para que yo volviera.

Me han repatriado, bueno no me ha repatriado nadie porque me lo he pagado yo esa especie de apertura de frontera, porque cogí un avión destino Alemania. Lo mandó el cónsul alemán y el cónsul español, que se portó fenomenal, muy al contrario que el resto del equipo del consulado, que quería a toda consta que comprara un billete, sin ningún tipo de información, como si yo fuese el Banco de España y pudiese ir soltando billetes por doquier. ¡Me he gastado más de 2.000 euros en billetes, que veremos si al final las compañías me los devuelven!

¡Ha sido horrible! ¡La sensación ha sido terrible, estaba un día tras otro entre cuatro paredes. Sin televisión, internet, libros,…nada. Sin mi cama, sin mi ducha!

Cuando en España la gente se estaba quejando de que estaba encerrada en sus propias casas sólo decía: ¡Ojalá fuese yo la que estuviese encerrada en mi casa y no aquí!

Hablé con el cónsul y me dijo que me iba a meter en ese avión, que sentía mucho cómo me habían tratado sus compañeros y que tenía yo toda la razón. Al final el vuelo salió de un aeropuerto muy cercano a donde yo estaba, el de sharm el Sheij, a una hora de El Cairo, donde hicimos escala pero sin bajar del avión, para que embarcara más gente repatratriada Después llegamos a Alemania. ¡Allí otra Odisea! Fueron dos días espantosos. ¡Lo que yo me he expuesto en aeropuertos eso sólo lo sé yo y en Alemania no iba a ser menos! Había reservado un hotel en Franckurt para pasar noche, ya que mi vuelo llegaba a las dos del medio día y el vuelo a Madrid salía a las siete y media de la tarde del día siguiente, bueno pues me dijeron que no podía salir del aeropuerto porque aseguraban que me tenía que “quedar en tránsito” porque sino tenía residencia en Alemania no me dejaban entrar en el país. ¡Siendo europea que no me dejen entrar…! ¿Dónde está Europa?

Estuve 20 horas tirada en un aeropuerto europeo, en el que todas las tiendas y cafeterías estaban cerradas. No había máquinas ni de comida fría ni de refrescos o agua. Cuando fuí al baño a beber, porque ya no aguantaba más, abro el grifo y sale el agua ardiendo. Dormí en el suelo, exponiéndome a contagiarme del virus y de otras cosas, mi cuerpo no aguantaba más. Descansé media hora, no más, la gente chillaba, hablaba, andaba, estaba muy indignada, más que indignada diría yo. Nos metieron a todos en una misma zona, que era un cuchitril, yo no entré, me quedé muy lejos porque pensaba que la mejor forma de proteger mi vida era no acercarme ya que había un virus muy “chungo” por ahí. Me senté en un rinconcito e hice un vídeo de la situación y al día siguiente por la mañana cogí el avión con destino al aeropuerto Adolfo Suárez, salí a las dos y llegué a las cuatro de la tarde. Madrid estaba completamente vacío, en el aeropuerto había muchas medidas de seguridad. Cogí un tren y hora y media después ya estaba en Atocha, y en la estación esperé la salida a Alicante del tren de las nueve y media de la noche. Y ya el viaje Alicante-Benidorm.

¡A casa llegué a las dos de la madrugada! Estuve viajando dos días enteros: sin dormir, sin beber, sin comer. No sé de dónde he sacado las fuerzas. Cuando mi gente dice que soy una persona fuerte y valiente nunca me lo he creído pero tras esta experiencia me he dado cuenta de que es verdad porque esto, por lo que yo he pasado, no lo aguanta cualquiera.

Es muy duro que se declare una pandemia y que te pille fuera de casa porque en tu hogar te sientes protegida y yo he estado completamente desprotegida fuera de mi hogar. Llevo cinco días aquí y estoy en estado de skock porque estoy recapacitando sobre todo lo que he vivido y ha sido horrible: primero el desembolso del dinero que me ha supuesto, sin tener dinero, sin tener trabajo ahora porque soy fotógrafa y me dedico a los eventos, que todos los que tenía previstos se han anulado. He tenido que sufragar los 23 días más de estancia que he estado en Egipto, a lo que hay que sumar todos los vuelos. He tenido que pedir ayuda a mi familia porque es imposible que me pueda mantener aquí, sin trabajo, y habiendo desembolsado todo lo que me ha costado mi vuelta.

No siento que el Estado me haya protegido; no ha habido ayudas de ningún tipo. No nos han recogido, ni dado cobijo alguno. Hemos estado frente a la pandemia en sitios donde no había ni hospitales. En lugares donde sí había mucha preocupación pero en los que sólo podíamos mantener la distancia de seguridad.

En fin es una experiencia y algo para contar pero no le deseo a nadie que pase por lo que yo he pasado: pasas parte de una pandemia fuera de tu casa, alejada de tu familia para llegar luego aquí y encontrarte otro caos. La gente está súper triste, saber que gente muy próxima a la familia está muy enferma, saber que te han ocultado la realidad para evitarte sufrimientos…¡Se te cae el mundo encima! De hecho tengo que prepararme para una mudanza porque no voy a poder mantenerme donde estoy ahora. La situación es complicada pero bueno, mientras tenga salud, tengo esperanza. No me rindo jamás. Soy una “tía” valiente y eso es verdad, soy como el Ave Fénix y resurgiré de mis cenizas. Son momentos muy duros, queda mucho de encierro y la cabeza no para de pensar, Antes de acabar me gustaría, a parte de los agradecimientos citados anteriormente, destacar y agradecer la labor de los medios de comunicación de Benidorm por el apoyo recibido.