Fernando Mahiques ofreció el pasado martes una brillante conferencia en El Faro de Alejandría sobre la historia de las bibliotecas

Fernando Víctor Mahiques Sáenz, fue invitado el pasado martes 24 de septiembre a la Asociación Cultural “El Faro de Alejandría Benidorm” el tema expuesto fue: Bibliotecas ¿Paraíso perdido?

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Isabel López Villanueva.- Dió comienzo la charla-debate con las imágenes de la historia de las bibliotecas que se remonta hasta los 50 siglos y surge en el mismo momento en el que nace la escritura como forma de registro del pensamiento y las actividades humanas. Las primeras bibliotecas conocidas son las encontradas en la zona geográfica conocida como el Creciente Fértil, cerca de la antigua Mesopotamia, lugar donde aparece por vez primera la palabra escrita. Las relaciones sociales, cada vez más complejas, entre los habitantes de estos asentamientos humanos, motivaron la necesidad de establecer un sistema que fuera más allá de la mera memoria humana: este sistema es la escritura.

Los primeros soportes para la escritura fueron las tablillas de arcilla (escritura cuneiforme o en forma de cuña), las pieles de animales y los ostracas o trozos de cerámica o conchas de animales, de los que deriva la palabra ostracismo ya que era el soporte utilizado en Grecia para la emisión del voto con el que se condenaba al destierro a quienes infligían las leyes de la polis.

En Egipto se empleaba principalmente el papiro como soporte de escritura lo que, debido a su fragilidad, ha impedido el descubrimiento de un buen número de restos. No obstante, el culto profesado por los faraones al libro y la burocratización de la sociedad egipcia necesitaron, sin duda, de la existencia de bibliotecas. Sí consta la existencia de una importante literatura funeral cuyo máximo exponente es el Libro de los Muertos, hallado en distintos enterramientos y destinado a conducir al fallecido por la otra vida. (Muestra imágenes)

Las Bibliotecas en Grecia, por su parte, alcanzaron un nuevo sentido: se encontraban al servicio de, albergar “todo” el conocimiento de la época. Las escuelas de Platón (Academia) y de Aristóteles (Liceo) permitieron la confrontación de ideas y el nacimiento de una nueva forma de pensar: el pensamiento crítico. Las obras literarias, hasta entonces de transmisión oral cantadas por los rapsodas, reposaron sobre papel gracias a las copias.

Dos bibliotecas del mundo helénico destacan entre las demás: Pérgamo y la de Alejandría. La primera de ellas, contenía un depósito de libros y un pórtico que se empleaba como sala de lectura. La de Alejandría, creada junto al Museo albergó más de 200.000 volúmenes de escritores griegos.

En el Imperio Bizantino, las bibliotecas continúan con el espíritu creado por las de la Academia y el Liceo y se empieza a reunir también el conocimiento de otras culturas como la judía. EL asalto de la capital bizantina por los cruzados en 1.204 asoló la ciudad y con ella la biblioteca imperial, destruyendo un buen número de obras de incalculable valor. A pesar de esto, las bibliotecas de los monasterios en las provincias bizantinas pudieron salvarse, gracias a su dispersión, de esta destrucción.

Continúa Fernando con soltura explicando al auditorio sobre el auge que el Imperio Romano trajo consigo, el de las bibliotecas públicas. En esta época se crean las primeras como la que Augusto erigió en el Pórtico de Octavia; una biblioteca con importantes volúmenes tanto romanos como griegos. Otra biblioteca pública muy importante fue la Biblioteca Ulpia en el Foro de Trajano en la que también se conservaban documentos públicos. Al frente de todas las bibliotecas estaba el cargo de Procurator bibliothecarum, una especie de Director General. Las bibliotecas públicas desaparecen con la Roma de los césares apareciendo de nuevo en la Revolución Industrial.

La llegada de los árabes a la Península Ibérica en 711 inicia la creación de Al-Ándalus y una nueva forma de entender la cultura. Con un gran desarrollo de las bibliotecas. Existían tres tipos principales de bibliotecas: las de los califas, las de las mezquitas y las privadas. Las primeras de ellas contemplaban el libro como un objeto de lujo siendo una de las más importantes la establecida en el alcázar de Córdoba por Al-Hakam II. Las establecidas en las mezquitas estaban al servicio de las madrasas o escuelas coránicas siendo, por tanto, bibliotecas de estudio.

En el primer periodo de la Edad Media, las bibliotecas se circunscriben a los monasterios y catedrales con un marcado contenido religioso de todas las obras albergadas en ellas. Es el periodo de la regla de San Benito (ora et labora) en la que los monjes y otros miembros de la Iglesia se ocupan de las lecturas y copias de obras religiosas. Sin embrago, avanzando los siglos, en el periodo del Renacimiento, se produce un gran desarrollo de la vida urbana y con él, la construcción de grandes bibliotecas privadas como las de Petrarca, Boccaccio o los Medicis en Florencia.

La invención de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg en 1460 supuso un enorme desarrollo para el comercio del libro y también para las bibliotecas ya que les permite a sus propietarios el acceso a volúmenes que antes se copiaban uno a uno. Este invento, alcanza un desarrollo sin igual en el periodo de la Revolución Industrial lo que permite el abaratamiento notable de los libros, y con esto, el acceso a la lectura de las clases sociales que anteriormente tenían muy difícil la adquisición de libros. Esto supuso, así mismo, el desarrollo y la aparición de las primeras bibliotecas públicas y el consiguiente aumento de la democratización de la cultura.

El desarrollo posterior de las bibliotecas públicas se hizo mayor en el siglo XX, en el que el aumento del nivel de vida permitió una mayor inquietud cultural y preocupación por el mundo bibliotecario. En este siglo se crean las asociaciones profesionales de bibliotecarios, la IFLA (internacional) o ANABAD (española) y, con la creación de la UNESCO, se toma conciencia de la necesidad de promover y proteger las bibliotecas públicas.

El siglo XXI se presenta, en el mundo de las bibliotecas, como un periodo de retos a los que, tanto las instituciones bibliotecarias como sus profesionales, hacen frente a nuevos métodos de trabajo, procedimientos y un enfoque más social que permita a las bibliotecas seguir siendo lo que siempre fueron: el espacio de reunión del conocimiento y de las ideas universales al servicio de todas las personas.

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…Y un largo etc. de conocimiento que impartió el ponente con su particular voz transmitiendo paz, los presentes, en el tiempo de coloquio, aclararon sus dudas y expresaron a Fernando Mahiques Sáenz su agradecimiento por tan buena preparación.

Muchas gracias y hasta siempre.

                     Vive mil vidas antes de morir, leyendo. El que no lee vive solo una vez.