Benidorm, el tiempo que se fué

Josefina Orts i Bosch, estuvo presente en nuestra mente y corazón, el martes pasado, 18 de septiembre, en El Faro de Alejandría, en voz de su único hijo Vicente Ibáñez Orts, en la presentación del libro que ella en vida escribió, dándole por título: “Benidorm, el tiempo que se fue”.

Isabel López Villanueva.- Josefina en la solapa, deja plasmadas unas bellas y sencillas palabras: “A este librito que he escrito le tengo cariño porque nadie me enseñó a escribir. Aprendí sin saber. Yo misma hacia las correcciones. Me dolía que se perdieran estos recuerdos”. La dedicatoria del librito es muy significativa: “Este libro está dedicado al pueblo de Benidorm, con todo mi cariño”. No es un libro de interés histórico, son las vivencias de Josefina durante su juventud.

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, cielo, nubes y texto

Vicente Ibáñez, hombre sencillo e inteligente se emocionaba en algunos momentos de su exposición al recordar cómo se gestó el librito, intentado retratar su esencia.

Durante la charla retrocedimos unos 20 años en el tiempo cuando su madre, le narraba recuerdos de su juventud en Benidorm, entre los años 1930 a 1960. Él le sugiere que lo escriba a mano. Decidida y animada, así lo hizo y una vez acabado, se los dicta a Vicente, que más tarde los trasfiere al ordenador. Tras analizar los artículos y comentarlos, los enviaban a la Revista de Fiestas de Benidorm y los publicaban.

Más adelante, cuando ella tiene unos 90 años decidieron hacer una recopilación, unir los artículos para que subsistieran esos recuerdos, esas costumbres y peculiaridades de la gente de aquel tiempo.

Algunos de los temas que contiene el libro son: Los peligros del mar, Las viudas del mar. La pasa, la miel y el primer aceite.

“El luto”. Que en aquella época, se guardaba en casa y pocos recuerdan esas prácticas, consideradas cuanto menos curiosas en la actualidad.

“La muñeca rota”. Compuesto de dos partes, la 1ª No quiero más muñecas. Y la 2ª Los viejos son niños por segunda vez. Fueron escritos por Rosario Fuster Orts, familia de los Berdín, nacida en 1866 y rescatado por Josefina del abandono y la desidia para evitar que se perdiera.

“El reciclaje”. En aquella época todo se aprovechaba por necesidad y como alternativa a una economía débil, ante las dificultades económicas.

“La Lloma”. Evoca a su tía Dña. María Barber Ros de Usins, es el escrito más personal y cercano de Josefina. Es un juego de sentimientos que desprende delicadeza.
“Las cosas sencillas”. Fue el último de sus escritos redactado apenas dos meses antes de fallecer y carente de visión. Es consciente de que le queda ya poca vida, de que no verá más la luz del mar, acepta que el mundo seguirá funcionando sin ella.

osefina Orts i boch nació en Valencia pero vivió su infancia en “La Finca del Señoret” de Benidorm, la casa de campo de sus padres que contaba con tres pisos. Llevaban una vida relacionada con la agricultura, y con animales de granja, en la casona había también un lagar y una almazara. Esta y otras casas de campo poseían una capilla u oratorio, consagrado para el uso y disfrute de la familia, donde sus miembros, podían contraer matrimonio y oficiar misas. En aquellos años 20 y 30, daba la sensación de que estaba muy alejada del pueblo.

Sigue mostrando fotos de la época, cuando Benidorm, tierra de secano, tenía unos 2500 habitantes y no conocían al turista. Nos cuenta que en la esquina de la playa de levante estaba el “abocador”, (vertedero) lugar donde se tiraba la basura.

También habló sobre una especialidad marina, un secreto de pesca típico de Benidorm, el saber dónde y cómo calar una almadraba, arte que se transmitía de padres a hijos.
Comentó sobre de los bisabuelos maternos de Josefina, los Sres. Carmen Orts e Ignacio Savá, alteanos. Mostró imágenes del año 1900, de las calles, la gente y describió la Casa Salvá, del S. XVIII donde ellos vivían. Fue el Primer caserón hecho fuera de la muralla de Altea, de piedra tallada y con los tres pisos clásicos, junto al jardín con naranjos. La casa se pierde por la mala cabeza del heredero y acaba siendo un matadero municipal. Por ese motivo, su hermana Josefa se enfada mucho y no vuelve nunca a Altea, incluso decide, hacerse un panteón en Benidorm.

Sosefa Salvá se casa en con su primo, Pedro Mª Orts Berdín, reconocido Jurista e Historiador de la época. (Serían los abuelos paternos de Josefina). Tuvieron tres hijos. Los dos mayores fallecen a temprana edad, queda el tercero, Ignacio Orts Salvá al cual sobreprotegen, apartándolo de la calle incluso del colegio, por temor a que contraiga una enfermedad. Con el paso de los años se convertiría en un señorito, pero sin cultura.
Corría el año 1920 y se casa con Amalia Orts, una señorita de Valencia, educada, leída y culta, de buena familia. Se vienen a vivir a Benidorm donde se topa, con una realidad sin tapujos, un mundo desconocido para ella. En la finca convive con la suegra “la mama Pepa” que es la que lleva la dirección de la casa. Él mientras, se encarga de administrar los negocios de su adinerada esposa. Es un empresario aventurero, un galán atractivo y apuesto, buen carácter, viste bien, sabe interactuar con la gente, en otras palabras, se dedica a viajar y vivir, que no es poco. Le gusta todo lo que ofrece el mundo, así de simple.

El matrimonio tiene tres hijo; Pedro María (1921-2015) primogénito y heredero; Ignacio (1925-1970) que fallece muy joven; y Josefina (1922- 2017).

Pedro María chocará durante toda su vida con su padre, debido a que eran culturalmente polos opuestos. Como heredero tiene que cumplir dos requisitos: casarse y tener descendencia. No llegó cumple ninguno, pero hereda casi todo. Dando una ojeada al pasado, Vicente nos lo explicó con delicadeza.

Josefina va al colegio hasta los 14 años que el padre la ‘rescata’. Ella se entristece, en una aguda sensación de impotencia, pues le gusta estudiar. Al morir su abuela, siendo ella muy jovencita, tiene que encargarse de la casa. Para dicha tarea dio la talla, al asumir ese rol tan complejo para una niña. Su madre está imbuida en temas livianos, leer cómodamente la prensa “Las Provincias” y el Suplemento de ABC “Blanco y Negro”, manteniendo el latido del corazón, sin que nada la alterase salvo las estaciones, sin intención de avanzar, tal vez, al ver que su futuro no se parecía en nada a lo soñado.
Josefina, fue una mujer de esas que nunca se van del todo, trabajadora tenaz, atrevida, incansable, sin dejar el optimismo interior, aunque algunas veces, pensara en desaparecer del mundo. Se embarcó en proyectos apoyando a su hijo Vicente, saliendo exitosos en muchos de ellos, en otros, de alguna forma desengañados, como pueda ser el tema de la herencia. De la cual en esta charla hace mención.

Josefina ya en el hospital es consciente de que el fin se acerca y acepta la muerte con mucha entereza y dignidad. Nadie sabe con certeza por lo que pasó, ni lo que vio a lo largo de sus 95 años, pero es bien seguro que las luchas que ganó, brillarán a través del tiempo. Nos deja huella, siempre dio la talla en la vida que le toco vivir. No se achicó por nada.

Gracias Vicente Ibañéz Orts por tu buena disposición, y por compartir con los amigos de tu madre tantas pequeñas cosas, que ella guardaba entre la sonrisa de su cara y el fondo de su corazón.

                      “Hay estrellas que no se pierden, en el mar vemos su reflejo”.