Pirómanos y bomberos

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Fotografía de AFP Photo

El ex ministro de Exteriores y actual número uno del Partido Popular por Alicante, José Manuel García-Margallo, lamentó ayer “la imagen que los independentistas han logrado dar al exterior”. Para él “la actuación” (verdad alternativa para no tener que llamar con su nombre a lo que ha sido una brutal represión a ciudadanos indefensos) hay que enmarcarla en el contexto. Las declaraciones de los cargos del partido de la caja B, que sigue ocupando la Moncloa, han sobrepasado desde hace mucho todos los límites de la irrealidad. 
Margallo busca culpar de la violencia del pasado domingo a “grupos violentos desplazados desde dentro y fuera de España”. Pero el mundo entero ha podido ver que el domingo pasado, los únicos “desplazados” que han caído en una violencia imposible de justificar, han sido miembros de los cuerpos de la Policia Nacional y de la Guardia Civil. Y cuando se trata de buscar culpables hay que mirar a las y los que tomaron la decisión política de desplazar a estos miles de efectivos a Catalunya sin que existiera necesidad alguna.

Bien es cierto que hay que ser lo suficientemente responsable como para saber que las generalizaciones siempre son perversas y que hay mucha gente decente y proporcional dentro de las fuerzas de seguridad. Practiquemos también un poco la empatía hacía ellas porque posiblemente una gran mayoría de los alojados en barcos de piolin, ahora mismo están muy avergonzados por la brutalidad de sus compañeros. Y si no lo hacemos, el ambiente irrespirable de este país será cada vez más toxico. Entendemos la dura tarea a la que no les deberían de haber mandado nunca, pero las agresiones hay que condenarlas. Y el día en que ellos mismos, desde dentro del cuerpo, pongan en evidencia a los violentos, que los hay, la democracia tomará un gran paso adelante.

Según el delegado del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Juan Carlos Moragues, “durante el 1-O la Policía Nacional cumplió con su deber y obligación.” Pues si esto es así, mejor preparemos las maletas para huir en el exilio. Si esta brutalidad es su obligación y su deber y se justifica, es señal de que se ha instalado de facto una nueva dictadura represora en España.

No contentos con haber logrado en Catalunya dividir la sociedad civil en dos bandos irreconciliables, ahora el Partido Popular se esfuerza para expandir esta tarea al resto del país. César Sánchez, presidente Popular de la Diputación de Alicante, e Isabel Bonig, Síndic del grupo Popular en las Cortes Valencianas, trabajan sin descanso para conseguir algo semejante en la Comunidad Valenciana. No hay día que no intenten convencer a la opinión pública que el Consell, apoyado por Podemos “quiere que seamos Països Catalans”.

Mariano Rajoy pasará a la historia como el Presidente de Gobierno que perdió definitivamente a Catalunya. ¿De verdad quieren agrandar aún más el problema y sembrar el germen para en un futuro perder a la Comunidad Valenciana también? Porque no se nos vaya a olvidar que hace solo una década la inmensa mayoría de los catalanes eran moderados y no apoyaban el movimiento separatista. Ahora todo ha cambiado y hay un estatus quo muy peligroso.

Es hora que mandemos a los pirómanos a su casa. Rajoy, Bonig, César Sánchez, y el resto de estos agitadores Populares no deberían de seguir en sus cargos ni un solo día más. Por irresponsables. Nosotros preferimos a los bomberos.

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