
La mujer que ves en la imagen se llama Asli Erdoğan y es escritora. Las autoridades turcas la encarcelaron durante cinco meses por su trabajo como asesora y redactora del diario kurdo Özgür Gündem.
Fueron a por ella días después del intento de golpe de estado en Turquía. Irrumpieron en su casa y, tras ocho horas registrando cada rincón y cada libro, no encontraron absolutamente nada que diera pie a detenerla. A pesar de ello, la llevaron a prisión y la acusaron de terrorismo.
Ahora Asli está ya en libertad condicional, aunque los cargos siguen pesando sobre ella.
“Desde mi excarcelación no escribo y creo que no voy a volver a escribir una columna en un futuro próximo. Estoy intentando recuperarme. Mientras estaba en prisión me mantuve; ahora que estoy fuera, he sentido realmente el impacto físico que ha tenido en mí”.
La historia de Asli no es un caso aislado. Un tercio de los y las periodistas encarceladas en todo el mundo están en prisiones turcas. Y hoy, quiero contar contigo para denunciar la campaña de represión sin precedentes que el gobierno turco está llevando a cabo contra todos los medios de comunicación que se han atrevido a pronunciarse contra el gobierno de Erdogan.
Aunque el gobierno haga lo posible por silenciar el periodismo en Turquía, desde Amnistía Internacional alzaremos la voz más que nunca, porque hay una cosa que tenemos muy clara: el periodismo no es un delito.
